El Pais 06 de junho de 2009
Pistas para entender el derrumbe
CLAUDI PÉREZ y ALEJANDRO BOLAÑOS
El interés por la crisis ha explotado y todos quieren saber cómo se ha llegado al borde del precipicio. Los textos sobre economía han logrado atraer al gran público
La economía está herida. Tal vez enferma. Esclerosis, metástasis, anemia, bulimia trombosis, todo ese parte médico aparece en la infinidad de libros que tratan de explicar -a medio camino entre el realismo visceral y la literatura fantástica- el último achaque de la variedad del capitalismo que nos ha metido en este berenjenal. Un virus financiero, de país rico, anglosajón para más señas, se ha extendido a toda velocidad ayudado por esa apuesta inmoderada por la globalización de los últimos años. No hay nada anormal en eso: las sociedades nacen, crecen y se derrumban una vez enferman; como ciencia social, la economía está en un punto crítico de ese ciclo vital. La Gran Depresión de los años treinta fue algo así como "una crisis de juventud, de ímpetu, de entusiasmo", aseguraba en un acto reciente el escritor José Luis Sampedro, testigo en su adolescencia de aquellas uvas de la ira. "Ésta, en cambio, es una crisis de vejez, de la decrepitud, del miedo", sostenía el autor de Economía humanista, una colección de artículos que repasa su labor como economista en los años cuarenta con un prólogo demoledor -"vivimos la decadencia del sistema, pero la historia no se acaba"- que entronca con la situación actual
La apabullante irrupción de malas noticias multiplica el ansia de información y da cobertura a todo tipo de títulos
En una secuencia vertiginosa, la crisis que estalló en agosto de 2007 con la basura hipotecaria de Estados Unidos se ha convertido en una pandemia devastadora. En ella caben el rostro desafiante del malvado Bernard Madoff, la cara angelical de Barack Obama y, sobre todo, el decorado de tierra quemada que han dejado a su paso los bankgsters (banqueros y gánsteres) en Wall Street, apunta Ignacio Ramonet en La crisis del siglo. Pero más allá de los hechos -quiebras de bancos, intervenciones públicas a la desesperada, un sonoro reventón de la burbuja inmobiliaria y demás-, lo más interesante es quizás el relato de la crisis. Los economistas rara vez han conseguido destacar en el arte de contar los grandes batacazos del último siglo. Nadie explicó mejor que un humorista -Groucho Marx- el crash de 1929; ningún economista contó como John Steinbeck la extrema dureza de la década siguiente, y fue un periodista extravagante, Tom Wolfe, quien desnudó las vanidades que después ardieron el lunes negro de 1987. Quizá tampoco esta vez el gran libro de esta crisis sea obra de alguien del gremio, pero al menos hay un puñado de ejemplos sobresalientes. "Como economista con buena reputación, soy perfectamente capaz de escribir cosas que nadie pueda leer", se mofa el Nobel Paul Krugman en el imprescindible El retorno de la economía de la depresión, que, por cierto, se deja leer estupendamente.
Los libros sobre economía han logrado atraer al gran público en muy contadas ocasiones. En los últimos años, el éxito en España de algunos títulos traducidos del inglés, como Freakonomics, de Steven D. Levitt, o El economista camuflado, de Tim Harford, dieron pistas de un interés creciente. Obras en las que siempre se encontraba una explicación económica a cualquier comportamiento, desde lo más cotidiano a lo más esperpéntico.
Con la crisis de las hipotecas basura ha saltado por los aires la certeza de que todo hay que dejarlo al albur de las fuerzas del mercado. La famosa mano invisible tiene a día de hoy muy mala prensa. Pero, al mismo tiempo, el huracán financiero ha confirmado que la pista sobre los lectores era buena. El interés por la crisis ha explotado y, más allá de la academia, los libros sobre economía vuelven a emparentarse con la política y el modelo de sociedad en el que vivir. Pero, antes que nada, prima el deseo de entender cómo se ha llegado hasta el borde del precipicio. "Es importante hablar claro. Creo que esta crisis es también una crisis de comunicación". La reflexión es de Leopoldo Abadía, autor de uno de los fenómenos editoriales del año, La crisis ninja, que estuvo entre los más vendidos en Sant Jordi y puja al alza también ahora en la Feria de Madrid. El éxito de Abadía, que fue profesor del IESE durante 31 años, debe mucho a su didáctico esfuerzo por desenredar la maraña de la crisis financiera. Y otro tanto al envoltorio mediático del enésimo hallazgo de Internet: su texto inicial, escrito a los pocos meses de que la crisis despuntara en Estados Unidos, se colgó primero en la red y se propagó como la pólvora. En el camino del blog al libro, aquella explicación a bote pronto de lo que se venía encima se pone al servicio de una reivindicación de la ética empresarial y los valores familiares. Y el acercamiento campechano deriva en consejos de autoayuda, un género que ha copado los últimos años las estanterías dedicadas a la economía.
La historia económica y financiera ha quedado partida en dos: hay una era precrisis y otra posdesastre. La mayoría de los libros editados en los últimos meses responde a esa geografía acuchillada. El ejemplo más claro es El estallido de la burbuja, de Robert J. Shiller, una autopsia de la exuberancia irracional de los mercados. Shiller ahonda en las raíces fundamentalmente psicológicas de la crisis -aspecto que desarrolla en un libro que aún no ha aparecido en España, Animal Spirits- y es osado al proponer soluciones, siempre dentro de la órbita del mercado, pero con mayores dosis de control público para evitar aquelarres como el actual. George Soros, famoso especulador y filántropo (si ambas cosas son posibles a la vez), abunda en esa tesis en El nuevo paradigma de los mercados financieros, en el que sostiene que tras la caída del "fundamentalismo de mercado" hay que adoptar un nuevo modelo como agua de mayo: "Todo esto estaba destinado a acabar mal. [...] Uno no puede evitar concluir que tanto las autoridades financieras como los participantes del mercado no entienden cómo funcionan los mercados financieros".
Porque la debacle económica de los dos últimos años es comparable a lo que para la geopolítica fue la caída del muro de Berlín. "Sin un discurso alternativo, por primera vez el capitalismo debe justificar el fracaso de su inmenso éxito", cuenta Antonio Baños en el divertidísimo La economía no existe, que él mismo define como "un libelo contra la economía". La crisis pone al descubierto la inanidad de la Escuela de Chicago, esa fe dogmática en los mercados autorregulados y sin restricciones. Se cierra la etapa más salvaje e irracional de la globalización neoliberal, que iniciaron Reagan y Thatcher con aquel lema rompedor: "El Estado no es la solución: es el problema". Ése es el muro que cae esta vez.
El péndulo gira ahora al Estado como solución. Para eso han tenido que caer grandes bancos y algunos dioses -empezando por el ex presidente del banco central estadounidense, Alan Greenspan-, han quebrado varios países, han dimitido gobiernos, han engordado las amargas listas del paro. Y esa lista negra no deja de agrandarse, hasta el punto de que el colapso financiero que derivó en crisis económica amenaza con una última mutación para convertirse en tormenta social. El terremoto es de tal calibre que incluso hay indicios de un cambio de guardia entre los economistas. Los neokeynesianos salen como setas para enterrar a Milton Friedman -y en el fondo, también a John M. Keynes- con una tercera vía que aúna mercado y sector público y que propone a los economistas algo más que números. "La economía, la ciencia social matemáticamente más avanzada, es la ciencia humana más atrasada", critica Vicente Verdú en El capitalismo funeral. Autores como Cass Sunstein y Robert Thaler -Un pequeño empujón- escriben de economía de otra manera, tratando de acercarla al terreno de la sociología, la política y la psicología. Con indudable éxito: Sunstein es el nuevo zar regulatorio de la Administración de Obama.
El derrumbe económico es ya un fenómeno editorial: por lo menos esa industria ha sabido hacer suyo el muy manido mantra -ya casi un tópico- que identifica crisis con oportunidad. En los estantes de las librerías hay de todo: autores nacionales y primeras figuras internacionales -a veces editados con tanta premura que se maltratan las traducciones-, best sellers en toda regla (Abadía o El informe Recarte, de Alberto Recarte) y libros sesudos para expertos (Revolución en las finanzas, de Antonio Torrero). La revisión crítica de los mandamientos económicos de las últimas dos décadas hace hueco a la crisis alimentaria (Un planeta de gordos y hambrientos, del recientemente fallecido Luis de Sebastián), un oportuno recordatorio de que hay muchos otros asuntos a los que la economía debe responder, o a la pujante teoría del decrecimiento (Menos es más, de Nicolas Ridoux), que ante los desarreglos de los últimos años deja una conclusión desasosegante: "Hay que desacostumbrarse a la adicción al crecimiento". Algunos creen que no habrá más remedio. "La auténtica crisis está por llegar", asegura Santiago Niño Becerra en El crash de 2010, donde augura que el año próximo empezará una crisis "de proporciones gigantescas", que reproducirá "la situación de derrumbe que se produjo en 1929". Pero el apocalipsis es sólo una posibilidad. Si los economistas ni siquiera se ponen de acuerdo sobre la causa última de la crisis, mucho menos sobre su profundidad y horizonte temporal. "Dos, tal vez cinco o hasta 10 años de depresión nos amenazan", aventura Jacques Attali, asesor del presidente francés Nicolas Sarkozy y autor del libro ¿Y despues de la crisis, que? y de una de las grandes frases de los últimos meses: "Demasiado riesgo ayer, demasiada prudencia hoy. En ambos casos, los bancos son culpables".
La apabullante irrupción de malas noticias multiplica el ansia de información y da cobertura a todo tipo de títulos. El último en subirse al bólido editorial ha sido el ex presidente del Gobierno José María Aznar. En su España puede salir de la crisis, parte de un aseado análisis del desplome financiero, para luego dar un triple salto mortal: omite su complacencia y la del ex presidente de Estados Unidos George Bush con un sistema que tampoco cuestionaron los socialistas en 2004; alardea de unos resultados económicos que tanto deben al modelo que propone ahora cambiar; y responsabiliza de todos los males habidos y por haber al PSOE, lo que incluiría su patológica tendencia al déficit público (¡cuando fue el ex vicepresidente socialista Pedro Solbes el primero en cerrar presupuestos con superávit en la democracia!).
La búsqueda de culpables es uno de los grandes leitmotiv de la literatura sobre la crisis. Greenspan y los banqueros son el centro de todas las dianas. "Es imposible exagerar la total idiotez de la maquinaria financiera de la primera década del siglo XXI", describe Charles R. Morris en El gran crac del crédito. Morris clama contra "una nueva casta de grandes ricos que no han inventado ni construido nada". "Un malvado genio no hubiera sido capaz de diseñar una estructura más propensa al desastre", prosigue con brillantez este columnista cuyo libro se ha encaramado a lo más alto de la lista de superventas en Estados Unidos. Hace ya más de un año, Morris estimó las pérdidas en dos billones de dólares. En una conversación con este periódico, eleva la apuesta hasta los cinco billones, y eso sólo en Estados Unidos. "La escala de la crisis global es simplemente impresionante. La factura se pagará durante años", cierra.
"¿Cómo es posible que nadie lo anticipara?". La reina de Inglaterra no tuvo más opción que hacerse eco del clamor de la calle en su visita a la prestigiosa London School of Economics. Nadie supo responder, porque sí hubo avisos a navegantes, pero fueron ignorados. La crisis da pie a la revancha. Las voces que anticipaban el desastre, ahogadas por la aparente bonanza, colonizan ahora los estantes. Pocos ejemplos tan elocuentes de esa súbita ceguera social como el que brinda la economía española con la formación de la burbuja inmobiliaria. "Es la historia de un engaño colectivo", dice a modo de preámbulo José García Montalvo en De la quimera inmobiliaria al colapso financiero.
El libro del catedrático de la Universidad Pompeu Fabra empieza como las novelas negras que anuncian en la primera página quién es el culpable: la financiación barata y el empujón que se dio desde todos los ámbitos a las expectativas sobre el precio de la vivienda. Y mantiene la tensión con el relato de cómo un muro de coartadas hizo inútiles los esfuerzos por advertir lo que iba a pasar. Encuentra el arma -"los bancos tenían el hinchador de la burbuja y lo apretaron con alegría"-, topa con pistas falsas, como "el mito de que el precio de la vivienda nunca baja" o chivos expiatorios, como la especulación sobre el suelo. Y la garganta se anuda cuando entran en escena "el efecto imitación, la envidia y la codicia", personajes inquietantemente familiares. Para constatar que sí había voces discrepantes rescata los artículos que publicó en diversos medios desde 2002; el recurso se vuelve abuso y penaliza una escritura apasionada y precisa, que vuelve una y otra vez al lugar del crimen, donde el acceso a una vivienda digna se convirtió en bien de lujo: todos conocíamos al asesino, pero bajamos la vista al cruzárnoslo.
En la inmensa mayoría de los libros sobre la crisis aparece un capítulo final sobre la fuerza de las ideas, con las inevitables citas de Keynes: "La dificultad no es tanto concebir nuevas ideas como librarse de las antiguas" o "tarde y temprano son las ideas, y no los interesados, lo que resulta peligroso, para bien o para mal". Krugman resume todas esas moralinas con optimismo: "Los únicos obstáculos importantes [para solucionar los problemas actuales] son las doctrinas obsoletas que pueblan la cabeza de los hombres". Obsoletas o no, junto a la retahíla de novedades han aparecido un puñado de excelentes reediciones: no faltan Keynes y Galbraith, pero tampoco Friedman y Hayek. Hay que conocer la historia para huir de ella: el líder chino Wen Jiabao llegó a la última edición del Foro Mundial de Davos con una reedición de La teoría de los sentimientos morales, de Adam Smith. "Para esta crisis no hay libro de instrucciones", repetía a todo el que quisiera oírle el secretario del Tesoro de la Administración de Bush, Henry Paulson, cuando más se acercó la crisis al abismo, tras la quiebra de Lehman Brothers. Tal vez no lo haya, pero en media Europa ha destacado un libro entre todas esas reediciones que ha llegado a convertirse en superventas. Su título: El Capital. De un tal Marx.
Lecturas
Economía humanista. José Luis Sampedro. Debate. 23,90 euros. La crisis del siglo. Ignacio Ramonet. Icaria. 10 euros. El retorno de la economía de la depresión y la crisis actual. Paul Krugman. Traducción de Jordi Pascual. Crítica. 19,50 euros. La crisis ninja. Leopoldo Abadía. Espasa. 17,90 euros. El estallido de la burbuja. Cómo se llegó a la crisis y cómo salir de ella. Robert J. Shiller. Gestión. 19,95 euros. El nuevo paradigma de los mercados financieros. George Soros. Traducción de Estrella Trincado y Lluís Delgado . Taurus y Edicions 62. 19 euros. La economía no existe. Antonio Baños. Los Libros del Lince. 16 euros. El capitalismo funeral. Vicente Verdú. Anagrama. 15 euros. Un pequeño empujón. Cass Sunstein y Robert Thaler. Traducción de Belén Urrutia. Taurus. 21 euros. El informe Recarte. Alberto Recarte. La Esfera de los Libros. 18 euros. Revolución en las finanzas. Antonio Torrero. Marcial Pons. 25 euros. Un planeta de gordos y hambrientos. Luis de Sebastián. Ariel. 18,50 euros. Menos es más. Nicolas Ridoux. Traducción de Joana Mercader. Los Libros del Lince. 15,50 euros. El crash de 2010. Santiago Niño Becerra. Los Libros del Lince. 21 euros. ¿Y después de la crisis, qué? Jacques Attali. Traducción de Herber Ostroviesky. Gedisa. 11,90 euros. España puede salir de la crisis. José María Aznar. Planeta. 21 euros. El gran crac del crédito. Charles R. Morris. Valor. 25 euros. De la quimera inmobiliaria al colapso financiero. José García Montalvo. Antoni Bosch. 13,90 euros.
último achaque de la variedad del capitalismo que nos ha metido en este berenjenal. Un virus financiero, de país rico, anglosajón para más señas, se ha extendido a toda velocidad ayudado por esa apuesta inmoderada por la globalización de los últimos años. No hay nada anormal en eso: las sociedades nacen, crecen y se derrumban una vez enferman; como ciencia social, la economía está en un punto crítico de ese ciclo vital. La Gran Depresión de los años treinta fue algo así como "una crisis de juventud, de ímpetu, de entusiasmo", aseguraba en un acto reciente el escritor José Luis Sampedro, testigo en su adolescencia de aquellas uvas de la ira. "Ésta, en cambio, es una crisis de vejez, de la decrepitud, del miedo", sostenía el autor de Economía humanista, una colección de artículos que repasa su labor como economista en los años cuarenta con un prólogo demoledor -"vivimos la decadencia del sistema, pero la historia no se acaba"- que entronca con la situación actual.
Lecturas
La apabullante irrupción de malas noticias multiplica el ansia de información y da cobertura a todo tipo de títulos
En una secuencia vertiginosa, la crisis que estalló en agosto de 2007 con la basura hipotecaria de Estados Unidos se ha convertido en una pandemia devastadora. En ella caben el rostro desafiante del malvado Bernard Madoff, la cara angelical de Barack Obama y, sobre todo, el decorado de tierra quemada que han dejado a su paso los bankgsters (banqueros y gánsteres) en Wall Street, apunta Ignacio Ramonet en La crisis del siglo. Pero más allá de los hechos -quiebras de bancos, intervenciones públicas a la desesperada, un sonoro reventón de la burbuja inmobiliaria y demás-, lo más interesante es quizás el relato de la crisis. Los economistas rara vez han conseguido destacar en el arte de contar los grandes batacazos del último siglo. Nadie explicó mejor que un humorista -Groucho Marx- el crash de 1929; ningún economista contó como John Steinbeck la extrema dureza de la década siguiente, y fue un periodista extravagante, Tom Wolfe, quien desnudó las vanidades que después ardieron el lunes negro de 1987. Quizá tampoco esta vez el gran libro de esta crisis sea obra de alguien del gremio, pero al menos hay un puñado de ejemplos sobresalientes. "Como economista con buena reputación, soy perfectamente capaz de escribir cosas que nadie pueda leer", se mofa el Nobel Paul Krugman en el imprescindible El retorno de la economía de la depresión, que, por cierto, se deja leer estupendamente.
Los libros sobre economía han logrado atraer al gran público en muy contadas ocasiones. En los últimos años, el éxito en España de algunos títulos traducidos del inglés, como Freakonomics, de Steven D. Levitt, o El economista camuflado, de Tim Harford, dieron pistas de un interés creciente. Obras en las que siempre se encontraba una explicación económica a cualquier comportamiento, desde lo más cotidiano a lo más esperpéntico.
Con la crisis de las hipotecas basura ha saltado por los aires la certeza de que todo hay que dejarlo al albur de las fuerzas del mercado. La famosa mano invisible tiene a día de hoy muy mala prensa. Pero, al mismo tiempo, el huracán financiero ha confirmado que la pista sobre los lectores era buena. El interés por la crisis ha explotado y, más allá de la academia, los libros sobre economía vuelven a emparentarse con la política y el modelo de sociedad en el que vivir. Pero, antes que nada, prima el deseo de entender cómo se ha llegado hasta el borde del precipicio. "Es importante hablar claro. Creo que esta crisis es también una crisis de comunicación". La reflexión es de Leopoldo Abadía, autor de uno de los fenómenos editoriales del año, La crisis ninja, que estuvo entre los más vendidos en Sant Jordi y puja al alza también ahora en la Feria de Madrid. El éxito de Abadía, que fue profesor del IESE durante 31 años, debe mucho a su didáctico esfuerzo por desenredar la maraña de la crisis financiera. Y otro tanto al envoltorio mediático del enésimo hallazgo de Internet: su texto inicial, escrito a los pocos meses de que la crisis despuntara en Estados Unidos, se colgó primero en la red y se propagó como la pólvora. En el camino del blog al libro, aquella explicación a bote pronto de lo que se venía encima se pone al servicio de una reivindicación de la ética empresarial y los valores familiares. Y el acercamiento campechano deriva en consejos de autoayuda, un género que ha copado los últimos años las estanterías dedicadas a la economía.
La historia económica y financiera ha quedado partida en dos: hay una era precrisis y otra posdesastre. La mayoría de los libros editados en los últimos meses responde a esa geografía acuchillada. El ejemplo más claro es El estallido de la burbuja, de Robert J. Shiller, una autopsia de la exuberancia irracional de los mercados. Shiller ahonda en las raíces fundamentalmente psicológicas de la crisis -aspecto que desarrolla en un libro que aún no ha aparecido en España, Animal Spirits- y es osado al proponer soluciones, siempre dentro de la órbita del mercado, pero con mayores dosis de control público para evitar aquelarres como el actual. George Soros, famoso especulador y filántropo (si ambas cosas son posibles a la vez), abunda en esa tesis en El nuevo paradigma de los mercados financieros, en el que sostiene que tras la caída del "fundamentalismo de mercado" hay que adoptar un nuevo modelo como agua de mayo: "Todo esto estaba destinado a acabar mal. [...] Uno no puede evitar concluir que tanto las autoridades financieras como los participantes del mercado no entienden cómo funcionan los mercados financieros".
Porque la debacle económica de los dos últimos años es comparable a lo que para la geopolítica fue la caída del muro de Berlín. "Sin un discurso alternativo, por primera vez el capitalismo debe justificar el fracaso de su inmenso éxito", cuenta Antonio Baños en el divertidísimo La economía no existe, que él mismo define como "un libelo contra la economía". La crisis pone al descubierto la inanidad de la Escuela de Chicago, esa fe dogmática en los mercados autorregulados y sin restricciones. Se cierra la etapa más salvaje e irracional de la globalización neoliberal, que iniciaron Reagan y Thatcher con aquel lema rompedor: "El Estado no es la solución: es el problema". Ése es el muro que cae esta vez.
El péndulo gira ahora al Estado como solución. Para eso han tenido que caer grandes bancos y algunos dioses -empezando por el ex presidente del banco central estadounidense, Alan Greenspan-, han quebrado varios países, han dimitido gobiernos, han engordado las amargas listas del paro. Y esa lista negra no deja de agrandarse, hasta el punto de que el colapso financiero que derivó en crisis económica amenaza con una última mutación para convertirse en tormenta social. El terremoto es de tal calibre que incluso hay indicios de un cambio de guardia entre los economistas. Los neokeynesianos salen como setas para enterrar a Milton Friedman -y en el fondo, también a John M. Keynes- con una tercera vía que aúna mercado y sector público y que propone a los economistas algo más que números. "La economía, la ciencia social matemáticamente más avanzada, es la ciencia humana más atrasada", critica Vicente Verdú en El capitalismo funeral. Autores como Cass Sunstein y Robert Thaler -Un pequeño empujón- escriben de economía de otra manera, tratando de acercarla al terreno de la sociología, la política y la psicología. Con indudable éxito: Sunstein es el nuevo zar regulatorio de la Administración de Obama.
El derrumbe económico es ya un fenómeno editorial: por lo menos esa industria ha sabido hacer suyo el muy manido mantra -ya casi un tópico- que identifica crisis con oportunidad. En los estantes de las librerías hay de todo: autores nacionales y primeras figuras internacionales -a veces editados con tanta premura que se maltratan las traducciones-, best sellers en toda regla (Abadía o El informe Recarte, de Alberto Recarte) y libros sesudos para expertos (Revolución en las finanzas, de Antonio Torrero). La revisión crítica de los mandamientos económicos de las últimas dos décadas hace hueco a la crisis alimentaria (Un planeta de gordos y hambrientos, del recientemente fallecido Luis de Sebastián), un oportuno recordatorio de que hay muchos otros asuntos a los que la economía debe responder, o a la pujante teoría del decrecimiento (Menos es más, de Nicolas Ridoux), que ante los desarreglos de los últimos años deja una conclusión desasosegante: "Hay que desacostumbrarse a la adicción al crecimiento". Algunos creen que no habrá más remedio. "La auténtica crisis está por llegar", asegura Santiago Niño Becerra en El crash de 2010, donde augura que el año próximo empezará una crisis "de proporciones gigantescas", que reproducirá "la situación de derrumbe que se produjo en 1929". Pero el apocalipsis es sólo una posibilidad. Si los economistas ni siquiera se ponen de acuerdo sobre la causa última de la crisis, mucho menos sobre su profundidad y horizonte temporal. "Dos, tal vez cinco o hasta 10 años de depresión nos amenazan", aventura Jacques Attali, asesor del presidente francés Nicolas Sarkozy y autor del libro ¿Y despues de la crisis, que? y de una de las grandes frases de los últimos meses: "Demasiado riesgo ayer, demasiada prudencia hoy. En ambos casos, los bancos son culpables".
La apabullante irrupción de malas noticias multiplica el ansia de información y da cobertura a todo tipo de títulos. El último en subirse al bólido editorial ha sido el ex presidente del Gobierno José María Aznar. En su España puede salir de la crisis, parte de un aseado análisis del desplome financiero, para luego dar un triple salto mortal: omite su complacencia y la del ex presidente de Estados Unidos George Bush con un sistema que tampoco cuestionaron los socialistas en 2004; alardea de unos resultados económicos que tanto deben al modelo que propone ahora cambiar; y responsabiliza de todos los males habidos y por haber al PSOE, lo que incluiría su patológica tendencia al déficit público (¡cuando fue el ex vicepresidente socialista Pedro Solbes el primero en cerrar presupuestos con superávit en la democracia!).
La búsqueda de culpables es uno de los grandes leitmotiv de la literatura sobre la crisis. Greenspan y los banqueros son el centro de todas las dianas. "Es imposible exagerar la total idiotez de la maquinaria financiera de la primera década del siglo XXI", describe Charles R. Morris en El gran crac del crédito. Morris clama contra "una nueva casta de grandes ricos que no han inventado ni construido nada". "Un malvado genio no hubiera sido capaz de diseñar una estructura más propensa al desastre", prosigue con brillantez este columnista cuyo libro se ha encaramado a lo más alto de la lista de superventas en Estados Unidos. Hace ya más de un año, Morris estimó las pérdidas en dos billones de dólares. En una conversación con este periódico, eleva la apuesta hasta los cinco billones, y eso sólo en Estados Unidos. "La escala de la crisis global es simplemente impresionante. La factura se pagará durante años", cierra.
"¿Cómo es posible que nadie lo anticipara?". La reina de Inglaterra no tuvo más opción que hacerse eco del clamor de la calle en su visita a la prestigiosa London School of Economics. Nadie supo responder, porque sí hubo avisos a navegantes, pero fueron ignorados. La crisis da pie a la revancha. Las voces que anticipaban el desastre, ahogadas por la aparente bonanza, colonizan ahora los estantes. Pocos ejemplos tan elocuentes de esa súbita ceguera social como el que brinda la economía española con la formación de la burbuja inmobiliaria. "Es la historia de un engaño colectivo", dice a modo de preámbulo José García Montalvo en De la quimera inmobiliaria al colapso financiero.
El libro del catedrático de la Universidad Pompeu Fabra empieza como las novelas negras que anuncian en la primera página quién es el culpable: la financiación barata y el empujón que se dio desde todos los ámbitos a las expectativas sobre el precio de la vivienda. Y mantiene la tensión con el relato de cómo un muro de coartadas hizo inútiles los esfuerzos por advertir lo que iba a pasar. Encuentra el arma -"los bancos tenían el hinchador de la burbuja y lo apretaron con alegría"-, topa con pistas falsas, como "el mito de que el precio de la vivienda nunca baja" o chivos expiatorios, como la especulación sobre el suelo. Y la garganta se anuda cuando entran en escena "el efecto imitación, la envidia y la codicia", personajes inquietantemente familiares. Para constatar que sí había voces discrepantes rescata los artículos que publicó en diversos medios desde 2002; el recurso se vuelve abuso y penaliza una escritura apasionada y precisa, que vuelve una y otra vez al lugar del crimen, donde el acceso a una vivienda digna se convirtió en bien de lujo: todos conocíamos al asesino, pero bajamos la vista al cruzárnoslo.
En la inmensa mayoría de los libros sobre la crisis aparece un capítulo final sobre la fuerza de las ideas, con las inevitables citas de Keynes: "La dificultad no es tanto concebir nuevas ideas como librarse de las antiguas" o "tarde y temprano son las ideas, y no los interesados, lo que resulta peligroso, para bien o para mal". Krugman resume todas esas moralinas con optimismo: "Los únicos obstáculos importantes [para solucionar los problemas actuales] son las doctrinas obsoletas que pueblan la cabeza de los hombres". Obsoletas o no, junto a la retahíla de novedades han aparecido un puñado de excelentes reediciones: no faltan Keynes y Galbraith, pero tampoco Friedman y Hayek. Hay que conocer la historia para huir de ella: el líder chino Wen Jiabao llegó a la última edición del Foro Mundial de Davos con una reedición de La teoría de los sentimientos morales, de Adam Smith. "Para esta crisis no hay libro de instrucciones", repetía a todo el que quisiera oírle el secretario del Tesoro de la Administración de Bush, Henry Paulson, cuando más se acercó la crisis al abismo, tras la quiebra de Lehman Brothers. Tal vez no lo haya, pero en media Europa ha destacado un libro entre todas esas reediciones que ha llegado a convertirse en superventas. Su título: El Capital. De un tal Marx.
Lecturas
Economía humanista. José Luis Sampedro. Debate. 23,90 euros. La crisis del siglo. Ignacio Ramonet. Icaria. 10 euros. El retorno de la economía de la depresión y la crisis actual. Paul Krugman. Traducción de Jordi Pascual. Crítica. 19,50 euros. La crisis ninja. Leopoldo Abadía. Espasa. 17,90 euros. El estallido de la burbuja. Cómo se llegó a la crisis y cómo salir de ella. Robert J. Shiller. Gestión. 19,95 euros. El nuevo paradigma de los mercados financieros. George Soros. Traducción de Estrella Trincado y Lluís Delgado . Taurus y Edicions 62. 19 euros. La economía no existe. Antonio Baños. Los Libros del Lince. 16 euros. El capitalismo funeral. Vicente Verdú. Anagrama. 15 euros. Un pequeño empujón. Cass Sunstein y Robert Thaler. Traducción de Belén Urrutia. Taurus. 21 euros. El informe Recarte. Alberto Recarte. La Esfera de los Libros. 18 euros. Revolución en las finanzas. Antonio Torrero. Marcial Pons. 25 euros. Un planeta de gordos y hambrientos. Luis de Sebastián. Ariel. 18,50 euros. Menos es más. Nicolas Ridoux. Traducción de Joana Mercader. Los Libros del Lince. 15,50 euros. El crash de 2010. Santiago Niño Becerra. Los Libros del Lince. 21 euros. ¿Y después de la crisis, qué? Jacques Attali. Traducción de Herber Ostroviesky. Gedisa. 11,90 euros. España puede salir de la crisis. José María Aznar. Planeta. 21 euros. El gran crac del crédito. Charles R. Morris. Valor. 25 euros. De la quimera inmobiliaria al colapso financiero. José García Montalvo. Antoni Bosch. 13,90 euros.
sábado, 6 de junho de 2009
A crise econômica global
El Pais
Lo peor no es inevitable
JOAQUÍN ESTEFANÍA 06/06/2009
La crisis se ha extendido como un pulpo a todos los ámbitos de la vida. Frente al temor de que el capitalismo sin reglas que ha provocado la Gran Recesión desemboque en una nueva burbuja, los ciudadanos han descubierto la prioridad de lo colectivo y la importancia de estar bien gobernados. Varios libros demuestran que el Estado vuelve a tener un lugar en el mundo.
De la crisis que está viviendo el mundo decía John Le Carré en estas mismas páginas de Babelia: "Es tan drástica e irreversible como el muro de Berlín (...) en estos momentos estamos divididos entre los que están afectados por la recesión y aquellos que simplemente la observan. Pero el acto final de todo esto será más igualitario (...) Ahora nos dicen que tengamos miedo...
Joaquin Estefanía
Cada vez que se genera una crisis tan extrema, los ciudadanos redescubren de forma aguda la necesidad de instituciones eficaces
Para abordar estos acontecimientos contemporáneos que muy genéricamente se definen como crisis hay que partir de varias premisas metodológicas previas. La primera, que en tiempos de incertidumbre ser optimista es una cuestión de moralidad pública, como ha explicado el economista José Juan Ruiz (Retos ante la crisis). La economía se mueve por expectativas y el optimismo es una de ellas. Ser optimista no significa dejar de reconocer las dificultades, sino intentar superarlas. Aquí se puede utilizar certeramente la cita de Antonio Machado: "No podemos esperar que el viento sople sobre nuestras velas, queremos y debemos orientar las velas hacia donde sopla el viento".
La segunda premisa son los problemas de diagnóstico que hemos padecido respecto a la crisis: la ausencia de relato. Casi dos años después de iniciada, apenas nos ponemos de acuerdo con sus orígenes remotos -más allá de generalidades como la codicia- y mucho menos sobre su profundidad y duración. Decía Descartes que lo que se concibe claramente se enuncia claramente. Viceversa, podemos escribir en esta ocasión: lo que se concibe con opacidad se enuncia con oscuridad. Algunos analistas cuentan con ironía, pero con verdad, que la crisis financiera ha tenido tres fases: en la primera, el vendedor sabía lo que vendía y el comprador sabía lo que compraba; en la segunda, el vendedor sabía lo que vendía pero el comprador no sabía lo que compraba; en la tercera, el vendedor no sabía lo que vendía y el comprador no sabía lo que compraba. Así ha ocurrido que los pocos que intuyeron lo que iba a ocurrir fueron una especie de Casandra. Casandra era una sacerdotisa del dios Apolo al que éste concedió el don de la profecía; Casandra, casquivana, engañó a Apolo, y éste completó sus dádivas: podría determinar lo que iba a suceder pero nadie la creería. Por ejemplo, adivinó la guerra de Troya pero no la evitó.
La tercera premisa está vinculada directamente a la anterior: mucho antes que las burbujas tecnológicas, inmobiliarias, bursátiles, financieras, había una burbuja del conocimiento que duró ya al menos un cuarto de siglo, basada en una visión economicista del mundo, según la cual éste se autorregulaba sin intervención de los poderes públicos, la agregación del interés de cada uno generaba el interés común y no había límites a la acción humana sobre la naturaleza. Es muy significativo comprobar cómo el estallido de la crisis económica ha coincidido con la llegada a la sociedad del debate sobre el cambio climático, afortunadamente superado el círculo de los expertos.
La crisis actual posee dos características principales: tiene el potencial de ser la más destructiva para el planeta desde la Gran Depresión de los años treinta del siglo pasado; y es multidisciplinar, hace tiempo amplió sus códigos genéticos económicos y se extendió como un pulpo por la sociología de la vida y las condiciones de supervivencia de los ciudadanos, sean éstas políticas o sociales. Tener el potencial de ser tan destructiva no significa equipararla a lo sucedido en la primera parte del siglo pasado; afortunadamente el mundo ha establecido algunos cortafuegos para que no se repita lo peor de aquel relato, entre los cuales el más importante es la existencia del Estado de bienestar para la parte más minoritaria y afortunada de la humanidad (alrededor de 500 millones de personas sobre más de 6.000 millones del conjunto). Resulta muy conveniente releer ahora los tratados de historia del periodo entre los años 1919 y 1939 para establecer las analogías y diferencias respecto a la actualidad (por ejemplo, el recién publicado El camino hacia la guerra, de Richard J. Overy, o el clásico La crisis de los 20 años, de E. H. Carr).
Hay científicos sociales que al analizar la crisis actual introducen algunos elementos propios de las décadas de los veinte y los treinta del siglo pasado y hablan directamente de la "economía del miedo". Las crisis multiplican el miedo. No se trata del miedo al terrorismo (que permanece agazapado), sino el miedo al otro, al diferente, al inmigrante que viene de fuera y compite por nuestros escasos puestos de trabajo y por las prestaciones de nuestro welfare. El miedo como un ingrediente activo de la vida política de las democracias occidentales, como acaeció en otros momentos de la anterior y atormentada centuria (Sobre el olvidado siglo XX, de Tony Judd): el miedo a la incontrolable velocidad del cambio, a perder el empleo, a quedar atrás en una distribución de recursos cada vez más desigual. A perder el control de las circunstancias y rutinas de nuestra vida diaria. Y quizá, o sobre todo, miedo no sólo a que ya no podamos definir nuestras vidas sino también a que quienes tienen la autoridad (nuestros representantes elegidos) hayan perdido el control a favor de fuerzas que están más allá de su alcance.
En este contexto cobran más importancia que nunca las instituciones. De nuevo la historia nos muestra que cada vez que se genera una crisis tan extrema, los ciudadanos redescubren de forma aguda la necesidad de instituciones eficaces, la prioridad de lo colectivo, la importancia de estar bien gobernados, la significación de los servicios públicos y su buen funcionamiento, la centralidad de un Estado de bienestar lo más potente y eficaz que sea posible. Sólo que ahora, a diferencia de otras coyunturas históricas, hay que hacerlo en el marco de referencia de nuestra época: la globalización.
Así se redefine la visión del progreso. Por un lado, las causas del progreso de un país se identifican con la dotación y el uso de los factores productivos de que dispone (capital humano, tecnológico, físico, su geografía...): lo que se ha denominado el hardware de la economía. Pero también existe el software de la economía: la calidad del marco normativo y de las instituciones. Las instituciones, cuando funcionan bien, reducen la incertidumbre, aminoran los costes de transacción y facilitan la cohesión social.
Ese temor a lo desconocido estimula el cambio de paradigma económico. El Estado vuelve a tener un lugar en el mundo; se siente la necesidad de nuevas y más potentes regulaciones contra los abusos del mercado y contra los caníbales que lo han convertido en un casino, lo que significa el retorno de la política. Cuando hay dificultades se redescubre para qué sirve un Estado firme y con poderes. En EE UU, los ciudadanos han girado en masa su mirada hacia el Gobierno federal para que les ayude a salir de la crisis política y económica, en cuanto éstas han sobrevenido. Así se explica en buena parte la elección de Barack Obama y la barrida electoral a los neocons de Bush.
Una democracia saludable, lejos de estar amenazada por el Estado regulador, depende de él. El problema no era mucho Estado, como nos dijeron los dioses que -ahora lo sabemos- eran falsos, sino la ausencia del mismo. Después de todo, ¿cuál es la alternativa para evitar que una crisis económica devenga en una crisis sistémica, o en una crisis violenta, como la que se desarrolló en las tres décadas que pasaron desde el inicio de la Primera Guerra Mundial hasta el final de la Segunda?
Pronto se cumplirán dos años del estallido de esta crisis que ha sido más profunda y global que las anteriores. Es momento de poner las luces largas y concluir que quizá el historiador británico Eric Hobsbawm no tenía razón y el siglo XX no ha sido un siglo corto -"¿cómo hay que explicar el siglo XX corto, es decir, los años transcurridos desde el estallido de la Primera Guerra Mundial hasta el hundimiento de la URSS que, como podemos apreciar retrospectivamente, constituyen un periodo histórico coherente que acaba de concluir?" (Historia del siglo XX)-, sino un siglo largo que se inició con el estallido de la primera conflagración mundial y está concluyendo ahora, con esta crisis en la que se aprecia la ausencia de temor, la chulería, el bandidaje de aquellos que se aprovecharon de un capitalismo sin reglas, falsamente autorregulado, corrupto y corruptor, y extremadamente desigual, que nos ha conducido a esta Gran Recesión. Lo peor es que no se aprecia la suficiente ambición reformadora para volverlo a evitar y es lícita la sospecha de que en cuanto el planeta salga de las dificultades más abstrusas, los mismos sujetos se aprestarán a generar, para su beneficio, la siguiente burbuja
Lo peor no es inevitable
JOAQUÍN ESTEFANÍA 06/06/2009
La crisis se ha extendido como un pulpo a todos los ámbitos de la vida. Frente al temor de que el capitalismo sin reglas que ha provocado la Gran Recesión desemboque en una nueva burbuja, los ciudadanos han descubierto la prioridad de lo colectivo y la importancia de estar bien gobernados. Varios libros demuestran que el Estado vuelve a tener un lugar en el mundo.
De la crisis que está viviendo el mundo decía John Le Carré en estas mismas páginas de Babelia: "Es tan drástica e irreversible como el muro de Berlín (...) en estos momentos estamos divididos entre los que están afectados por la recesión y aquellos que simplemente la observan. Pero el acto final de todo esto será más igualitario (...) Ahora nos dicen que tengamos miedo...
Joaquin Estefanía
Cada vez que se genera una crisis tan extrema, los ciudadanos redescubren de forma aguda la necesidad de instituciones eficaces
Para abordar estos acontecimientos contemporáneos que muy genéricamente se definen como crisis hay que partir de varias premisas metodológicas previas. La primera, que en tiempos de incertidumbre ser optimista es una cuestión de moralidad pública, como ha explicado el economista José Juan Ruiz (Retos ante la crisis). La economía se mueve por expectativas y el optimismo es una de ellas. Ser optimista no significa dejar de reconocer las dificultades, sino intentar superarlas. Aquí se puede utilizar certeramente la cita de Antonio Machado: "No podemos esperar que el viento sople sobre nuestras velas, queremos y debemos orientar las velas hacia donde sopla el viento".
La segunda premisa son los problemas de diagnóstico que hemos padecido respecto a la crisis: la ausencia de relato. Casi dos años después de iniciada, apenas nos ponemos de acuerdo con sus orígenes remotos -más allá de generalidades como la codicia- y mucho menos sobre su profundidad y duración. Decía Descartes que lo que se concibe claramente se enuncia claramente. Viceversa, podemos escribir en esta ocasión: lo que se concibe con opacidad se enuncia con oscuridad. Algunos analistas cuentan con ironía, pero con verdad, que la crisis financiera ha tenido tres fases: en la primera, el vendedor sabía lo que vendía y el comprador sabía lo que compraba; en la segunda, el vendedor sabía lo que vendía pero el comprador no sabía lo que compraba; en la tercera, el vendedor no sabía lo que vendía y el comprador no sabía lo que compraba. Así ha ocurrido que los pocos que intuyeron lo que iba a ocurrir fueron una especie de Casandra. Casandra era una sacerdotisa del dios Apolo al que éste concedió el don de la profecía; Casandra, casquivana, engañó a Apolo, y éste completó sus dádivas: podría determinar lo que iba a suceder pero nadie la creería. Por ejemplo, adivinó la guerra de Troya pero no la evitó.
La tercera premisa está vinculada directamente a la anterior: mucho antes que las burbujas tecnológicas, inmobiliarias, bursátiles, financieras, había una burbuja del conocimiento que duró ya al menos un cuarto de siglo, basada en una visión economicista del mundo, según la cual éste se autorregulaba sin intervención de los poderes públicos, la agregación del interés de cada uno generaba el interés común y no había límites a la acción humana sobre la naturaleza. Es muy significativo comprobar cómo el estallido de la crisis económica ha coincidido con la llegada a la sociedad del debate sobre el cambio climático, afortunadamente superado el círculo de los expertos.
La crisis actual posee dos características principales: tiene el potencial de ser la más destructiva para el planeta desde la Gran Depresión de los años treinta del siglo pasado; y es multidisciplinar, hace tiempo amplió sus códigos genéticos económicos y se extendió como un pulpo por la sociología de la vida y las condiciones de supervivencia de los ciudadanos, sean éstas políticas o sociales. Tener el potencial de ser tan destructiva no significa equipararla a lo sucedido en la primera parte del siglo pasado; afortunadamente el mundo ha establecido algunos cortafuegos para que no se repita lo peor de aquel relato, entre los cuales el más importante es la existencia del Estado de bienestar para la parte más minoritaria y afortunada de la humanidad (alrededor de 500 millones de personas sobre más de 6.000 millones del conjunto). Resulta muy conveniente releer ahora los tratados de historia del periodo entre los años 1919 y 1939 para establecer las analogías y diferencias respecto a la actualidad (por ejemplo, el recién publicado El camino hacia la guerra, de Richard J. Overy, o el clásico La crisis de los 20 años, de E. H. Carr).
Hay científicos sociales que al analizar la crisis actual introducen algunos elementos propios de las décadas de los veinte y los treinta del siglo pasado y hablan directamente de la "economía del miedo". Las crisis multiplican el miedo. No se trata del miedo al terrorismo (que permanece agazapado), sino el miedo al otro, al diferente, al inmigrante que viene de fuera y compite por nuestros escasos puestos de trabajo y por las prestaciones de nuestro welfare. El miedo como un ingrediente activo de la vida política de las democracias occidentales, como acaeció en otros momentos de la anterior y atormentada centuria (Sobre el olvidado siglo XX, de Tony Judd): el miedo a la incontrolable velocidad del cambio, a perder el empleo, a quedar atrás en una distribución de recursos cada vez más desigual. A perder el control de las circunstancias y rutinas de nuestra vida diaria. Y quizá, o sobre todo, miedo no sólo a que ya no podamos definir nuestras vidas sino también a que quienes tienen la autoridad (nuestros representantes elegidos) hayan perdido el control a favor de fuerzas que están más allá de su alcance.
En este contexto cobran más importancia que nunca las instituciones. De nuevo la historia nos muestra que cada vez que se genera una crisis tan extrema, los ciudadanos redescubren de forma aguda la necesidad de instituciones eficaces, la prioridad de lo colectivo, la importancia de estar bien gobernados, la significación de los servicios públicos y su buen funcionamiento, la centralidad de un Estado de bienestar lo más potente y eficaz que sea posible. Sólo que ahora, a diferencia de otras coyunturas históricas, hay que hacerlo en el marco de referencia de nuestra época: la globalización.
Así se redefine la visión del progreso. Por un lado, las causas del progreso de un país se identifican con la dotación y el uso de los factores productivos de que dispone (capital humano, tecnológico, físico, su geografía...): lo que se ha denominado el hardware de la economía. Pero también existe el software de la economía: la calidad del marco normativo y de las instituciones. Las instituciones, cuando funcionan bien, reducen la incertidumbre, aminoran los costes de transacción y facilitan la cohesión social.
Ese temor a lo desconocido estimula el cambio de paradigma económico. El Estado vuelve a tener un lugar en el mundo; se siente la necesidad de nuevas y más potentes regulaciones contra los abusos del mercado y contra los caníbales que lo han convertido en un casino, lo que significa el retorno de la política. Cuando hay dificultades se redescubre para qué sirve un Estado firme y con poderes. En EE UU, los ciudadanos han girado en masa su mirada hacia el Gobierno federal para que les ayude a salir de la crisis política y económica, en cuanto éstas han sobrevenido. Así se explica en buena parte la elección de Barack Obama y la barrida electoral a los neocons de Bush.
Una democracia saludable, lejos de estar amenazada por el Estado regulador, depende de él. El problema no era mucho Estado, como nos dijeron los dioses que -ahora lo sabemos- eran falsos, sino la ausencia del mismo. Después de todo, ¿cuál es la alternativa para evitar que una crisis económica devenga en una crisis sistémica, o en una crisis violenta, como la que se desarrolló en las tres décadas que pasaron desde el inicio de la Primera Guerra Mundial hasta el final de la Segunda?
Pronto se cumplirán dos años del estallido de esta crisis que ha sido más profunda y global que las anteriores. Es momento de poner las luces largas y concluir que quizá el historiador británico Eric Hobsbawm no tenía razón y el siglo XX no ha sido un siglo corto -"¿cómo hay que explicar el siglo XX corto, es decir, los años transcurridos desde el estallido de la Primera Guerra Mundial hasta el hundimiento de la URSS que, como podemos apreciar retrospectivamente, constituyen un periodo histórico coherente que acaba de concluir?" (Historia del siglo XX)-, sino un siglo largo que se inició con el estallido de la primera conflagración mundial y está concluyendo ahora, con esta crisis en la que se aprecia la ausencia de temor, la chulería, el bandidaje de aquellos que se aprovecharon de un capitalismo sin reglas, falsamente autorregulado, corrupto y corruptor, y extremadamente desigual, que nos ha conducido a esta Gran Recesión. Lo peor es que no se aprecia la suficiente ambición reformadora para volverlo a evitar y es lícita la sospecha de que en cuanto el planeta salga de las dificultades más abstrusas, los mismos sujetos se aprestarán a generar, para su beneficio, la siguiente burbuja
sexta-feira, 5 de junho de 2009
Gabriel Cohn e a análise sobre cidadania
Valor Econômico de 5 de junho de 2009 caderno EU & Fim de semana
Entrevista: Para o sociólogo Gabriel Cohn, o Brasil é uma sociedade de donos, uma espécie de democracia senhorial, um ente contraditório, mas realCidadania em apuros
Por Luiz Antonio Magalhães, para o Valor, de São Paulo
Cohn: "O sistema funciona por que não é posto em xeque, é realimentado pelos surtos provocados por esses caras meio depravados que são os políticos"
A democracia brasileira sobrevive aos escândalos promovidos por parlamentares que se "lixam" para a opinião pública, o terceiro mandato do presidente Lula está descartado e a candidatura presidencial de Dilma Rousseff poderá beneficiar-se da doença da ministra. É o que pensa o sociólogo Gabriel Cohn, dedicado estudioso da obra de Max Weber, que se aposentou no fim do ano passado no topo da carreira universitária - era professor titular e diretor da Faculdade de Filosofia, Letras e Ciências Humanas da Universidade de São Paulo (USP). Analista irônico e coloquial, Cohn despediu-se da célebre faculdade usando uma frase de Samuel Johnson: "Nada deixa um homem mais lúcido do que a certeza de que será enforcado na manhã seguinte".
Apesar de mostrar-se preocupado com a "desqualificação da dimensão política" que está na raiz da crise do Legislativo federal, Cohn observa que "o sistema funciona porque não é posto em xeque, é realimentado pelos surtos provocados por esses caras meio depravados que são os políticos". Na entrevista a seguir, Cohn analisa também a reforma política em debate no Congresso, o cenário pré-eleitoral e faz um balanço dos quase sete anos de governo Lula.
Valor: Desde o início do ano, o Congresso funciona em meio a uma sucessão de escândalos. Como analisa esses casos? O conceito weberiano de patrimonialismo aplica-se a essas situações, uma vez que os parlamentares alegam que não romperam o marco da legalidade?
Gabriel Cohn: O componente patrimonialista existe, sim, e permite que não se preste contas não só no sistema político como em todas as instituições da sociedade. Encarar a instituição como um local que projeta poder e influência, no qual se age como proprietário, está presente em todos os cantos, não apenas no Congresso. Trata-se de uma estrutura de poder marcada por três confusões: entre Estado e governo, entre governo e mando e entre mando e apropriação. Ainda estamos em uma sociedade de donos, com forte componente senhorial. Diria que vivemos uma espécie de democracia senhorial, um ente contraditório, mas real.
Sergio Lima/Folha Imagem
"Esse deputado (Sérgio Moraes, na foto) só exprimiu de maneira brutal o que está dentro do sistema. Importante é que isso não quer dizer que as instituições virão abaixo, que vai haver um golpe depois de amanhã"
Valor: Os parlamentares reagiram à crise relançando o debate sobre a reforma política. O sr. acha que se trata de uma proposta séria ou é cortina de fumaça para esconder os escândalos?
Cohn: Nem sei se é só para os escândalos. As medidas contidas na reforma política estão, em um momento como este, contaminadas por um propósito que não é intrinsecamente político. É um propósito mais de controle, no sentido mais primário, de policiamento. Querem controlar os representantes, criar normas para que eles não cometam este ou aquele deslize. Isso é secundário, deveria derivar de um aprofundamento da vida política, que envolve muito mais do que controle nas instituições, envolve uma crescente presença dos cidadãos na determinação das políticas. E o risco que eu vejo é reagir a uma crise pensando apenas em formas de ajustes que permitam impedir certas irregularidades. Mais uma vez, afasta-se o problema do conjunto da cidadania, sugere-se que o cidadão delegue o ajuste a ser feito aos técnicos em questões institucionais.
Valor: Dois pontos da reforma são polêmicos: a introdução do voto em lista e o voto distrital ou distrital misto. Como o sr. vê esses dois sistemas? Seriam estranhos a nossa cultura política?
Cohn: Dificilmente algum arranjo político pode ser colocado como estranho a nossa política. Eles são perfeitamente assimiláveis e vêm sendo debatidos há muitos anos. Sistemas eleitorais correspondem a uma espécie de jogo com combinações e o problema é saber qual responde melhor aos interesses de determinada sociedade, em determinado momento. É a área em que a engenharia política entra em ação. No caso das listas, eu gostaria de ver partidos programáticos apresentando suas lideranças e o eleitorado votando com pleno conhecimento de causa, mas existem argumentos bastante razoáveis apontando que os mecanismos internos dos partidos perpetuariam aquilo que se tenta agora eliminar. As figuras de primeira linha permaneceriam, a burocracia partidária impediria os inovadores. Isto é um tema clássico: como fazer para trazer ao primeiro plano aqueles que têm de fato capacidade política, os realmente capazes de produção e liderança programática? Em geral, as burocracias não gostam desse tipo de figura.
Ricardo Stuckert/Valor
"Para sorte nossa, mais ainda do que o Fernando Henrique, Lula é um verdadeiro animal político. Tem o estilo do grande político, não do político menor, e trabalha de uma maneira que reforça as instituições democráticas"
Valor: Outra questão polêmica é a do financiamento público. O sr. é favorável?
Cohn: Minha primeira reação é favorável. Se for para estabelecer regras e limites, desconfio que os argumentos a favor são mais consistentes do que seus opostos.
Valor: E quais são as lacunas da proposta de reforma política? O que pode ser feito para consolidar e fortalecer a democracia brasileira?
Cohn: Temos um modelo minimalista de democracia, que centra foco no momento eleitoral e não desenvolveu as formas de atuação do cidadão, para que ele seja um agente político. A reiterada degradação do sistema político é terrivelmente perigosa, mas isso em parte se dá por que o modelo tende a se esvaziar, pois existe essa delegação perversa. É como se, por um lado, existissem os políticos e por outro, existíssemos nós. Então, uma série de coisas é atribuída aos políticos e periodicamente fica-se abalado, escandalizado com o que eles fazem, mas acaba-se concluindo que político não presta mesmo. Isso não impede que no longo prazo a qualidade da representação se eleve.
Valor: O sistema se sustenta dessa maneira?
Cohn: Pode se perpetuar. O sistema funciona muito bem, durante muito tempo, só que não ganha o caráter político, ou seja, de participação da cidadania na condução da coisa pública. A soberania popular não se realiza aí. O sistema funciona por que na realidade ele não é posto em xeque, é realimentado por esses surtos. O que assusta não é que haja mal-estar com os procedimentos no Legislativo, por que ali é onde todo mundo olha para ver esses caras meio depravados que são os políticos. O que assusta não é o mal-estar causado por essas revelações que aparecem ciclicamente, em geral respondendo às tensões e conflitos internos do parlamento. O que preocupa é que a contínua desqualificação da dimensão política seja tomada como a normalidade.
Valor: Quando um deputado diz que está se lixando para a opinião pública, essa cisão estaria sendo reforçada?
Cohn: Esse deputado só exprimiu de maneira brutal o que está dentro do sistema. Importante é que isso não significa instabilidade, não quer dizer que as instituições virão abaixo. Não vai haver um golpe depois de amanhã.
Valor: Então, a democracia resiste bem a esse tipo de escândalo?
Cohn: Sim, temos um conjunto de instituições que operam e que não sofrem uma instabilidade ameaçadora, elas têm toda condição de continuar funcionando. O problema é mais de conteúdo das instituições do que da sua operação.
Valor: O governo Lula já está no seu sétimo ano. Que balanço faz da atual gestão?
Cohn: É uma situação ótima você estar em um país com grande potencial e ter uma esquerda fraca e uma direita acomodada. O Brasil não tem uma forte imprensa de esquerda. A ausência de um projeto alternativo fez uma falta gigantesca ao Lula, por que se ele tivesse o respaldo de uma opinião pública organizada, que acenasse com alternativas para as políticas adotadas, talvez pudesse ter um pouco mais de coragem. Tenho uma irritação enorme com aquele slogan que usaram na campanha: "A esperança venceu o medo".
Valor: Por quê?
Cohn: Quem disse que o contrário de medo é esperança? Eu tenho esperança quando estou morrendo de medo. A esperança venceu o desespero, a paralisia. Para vencer o medo é melhor você sair com coragem. Eles fizeram uma opção que lhes pareceu razoável, estavam assustadíssimos na época do primeiro mandato. Alguns - eu entre eles - achavam que poderia ser tentado algo diferente, colocar em cena um tremendo projeto de desenvolvimento - uma espécie de hiper-PAC. Refazer toda infraestrutura, abrir licitações internacionais para tudo, ferrovias, portos, dizendo: "Companheiros, isto vai ser financiado com o que tiver, o que significa atrasar pagamento da dívida, um superávit primário menor. Pessoas de bom-senso me dizem que teria sido impossível. Do ponto de vista da legitimidade política, dificilmente voltará a haver circunstâncias tão favoráveis.
Valor: Naquele momento, o primeiro passo do então ministro da Fazenda, Antonio Palocci, foi conquistar a confiança dos mercados e investidores estrangeiros. Tendo em vista os resultados, não foi uma estratégia correta?
Cohn: Acho que confiança pode ser assegurada também se você diz: "Venham sem restrições, e entrem no maior processo de obras que o mundo vai assistir. Tragam suas empresas, não vamos fazer tudo sozinhos". Mas o mercado, ou seja, os interesses financeiros, ganhou o jogo. Por outro lado, é errada a ideia de que o país permaneceu refém da grande política, do FMI, e não conseguiu fazer nada, ficou bloqueado. O fato é que não somos uma republiqueta e o atual governo aprendeu bem com isso.
Valor: O mensalão foi um marco no primeiro mandato do presidente Lula?
Cohn: O [ex-deputado federal] José Dirceu é um pouco vilão nisso tudo, mas ele trabalhou sempre como o disciplinado militante que serve para fazer jogo sujo. Qual é a lógica dele? É seguir a linha. Por que a oposição virou a mesa? Por que sentiu que, em um segundo mandato, o governo poderia avançar em reformas mais profundas. Nesse bloqueio, foi bem-sucedida, mas não na destruição do governo e do PT. Chegou-se muito bem no segundo mandato, melhor do que qualquer um esperava. Nenhuma previsão era nesse sentido, de que Lula tivesse quadros técnicos tão bons. Além da política externa brilhante. Fico pensando no meu velho mestre Fernando Henrique, em como ele deve morder os cotovelos, por que era o seu grande sonho, era por aí que ele queria avançar.
Valor: Como analisa o quadro pré-eleitoral? O governador José Serra (PSDB) tem uma confortável liderança nas pesquisas. A vitória dele significaria uma ruptura com a atual gestão?
Cohn: O que é o Serra? O Serra sempre representou, dentro do PSDB, a ala desenvolvimentista. Não seria uma diferença grande, apesar da ânsia do Serra em desmontar o que encontrar.
Valor: No campo governista, o sr. acha que a candidatura da ministra Dilma Rousseff está consolidada ou há chances de um terceiro mandato para Lula?
Cohn: Acho que o terceiro mandato está descartado. Tenho a impressão também de que o governo tem consciência de que a Dilma não é uma candidata forte e que a simples presença do presidente não é suficiente para levá-la à vitória. Por essas curiosas ironias da vida, o projeto do Lula poderá se beneficiar da tragédia pessoal da Dilma. Mulher, que terá de enfrentar mais essa [o linfoma], ela acaba retomando para si um pouco do ponto forte do Lula, que é a capacidade de enfrentar dificuldades enormes e superá-las. Aliás, fazendo um parêntese, não é uma análise minha, mas a ideia de que Lula consegue amarrar as duas pontas do processo é muito interessante: por um lado, ele é a grande referência, o líder, pai de todos, e por outro tem uma posição frágil como nós. Uma vez, o PT tentou sair com o "vote numa pessoa igual a você" e perdeu fragorosamente, por que ninguém é louco de botar no lugar uma cópia de si próprio. No caso do Lula, ele é protetor e protegido, nos protege mas precisa de nós. Do ponto de vista político, isso permite atenuar um componente daquilo que equivocadamente alguns insistem em apontar como "neopopulismo". Lula não faz uma crítica populista, não é verdade que saia por aí arregimentando as massas, nem isso se aplica aos programas sociais.
Valor: Mas ele se comunica muito diretamente com as massas. Não é um traço populista?
Cohn: Lula personaliza muito menos do que poderia. Ele é um desses acidentes históricos raros, por que, se quisesse fazer um desastre, teria todas as condições para tal. Se saísse para uma linha poderosa de apelo, no sentido de populismo clássico - "vamos trazer as massas para me apoiar" - ele liquidaria as instituições. Mas Lula não faz isso, ele tem um componente institucional forte, de alguma maneira há um compromisso democrático real. Para sorte nossa, mais ainda do que o Fernando Henrique, Lula é um verdadeiro animal político. Tem o estilo do grande político, não do político menor, e trabalha de uma maneira que reforça as instituições democráticas.
Valor: A ministra Dilma não é fundadora do PT, possui uma trajetória diferenciada entre os principais líderes do partido. O sr. acha que a candidatura dela representaria mais a continuidade do chamado "lulismo"?
Cohn: Não sei se é lulismo, quase diria que é da vertente tecnocrática do atual governo. Seria a vitória do PAC, de um projeto desenvolvimentista. Talvez ela representasse, numa eventual vitória, algo que não se distinguisse tanto de uma vitória de Serra, admitindo-se sua candidatura. Talvez os dois estejam muito mais próximos do que pareça. Há cada vez mais uma convergência, os cínicos chamariam de convergência para o centro.
Entrevista: Para o sociólogo Gabriel Cohn, o Brasil é uma sociedade de donos, uma espécie de democracia senhorial, um ente contraditório, mas realCidadania em apuros
Por Luiz Antonio Magalhães, para o Valor, de São Paulo
Cohn: "O sistema funciona por que não é posto em xeque, é realimentado pelos surtos provocados por esses caras meio depravados que são os políticos"
A democracia brasileira sobrevive aos escândalos promovidos por parlamentares que se "lixam" para a opinião pública, o terceiro mandato do presidente Lula está descartado e a candidatura presidencial de Dilma Rousseff poderá beneficiar-se da doença da ministra. É o que pensa o sociólogo Gabriel Cohn, dedicado estudioso da obra de Max Weber, que se aposentou no fim do ano passado no topo da carreira universitária - era professor titular e diretor da Faculdade de Filosofia, Letras e Ciências Humanas da Universidade de São Paulo (USP). Analista irônico e coloquial, Cohn despediu-se da célebre faculdade usando uma frase de Samuel Johnson: "Nada deixa um homem mais lúcido do que a certeza de que será enforcado na manhã seguinte".
Apesar de mostrar-se preocupado com a "desqualificação da dimensão política" que está na raiz da crise do Legislativo federal, Cohn observa que "o sistema funciona porque não é posto em xeque, é realimentado pelos surtos provocados por esses caras meio depravados que são os políticos". Na entrevista a seguir, Cohn analisa também a reforma política em debate no Congresso, o cenário pré-eleitoral e faz um balanço dos quase sete anos de governo Lula.
Valor: Desde o início do ano, o Congresso funciona em meio a uma sucessão de escândalos. Como analisa esses casos? O conceito weberiano de patrimonialismo aplica-se a essas situações, uma vez que os parlamentares alegam que não romperam o marco da legalidade?
Gabriel Cohn: O componente patrimonialista existe, sim, e permite que não se preste contas não só no sistema político como em todas as instituições da sociedade. Encarar a instituição como um local que projeta poder e influência, no qual se age como proprietário, está presente em todos os cantos, não apenas no Congresso. Trata-se de uma estrutura de poder marcada por três confusões: entre Estado e governo, entre governo e mando e entre mando e apropriação. Ainda estamos em uma sociedade de donos, com forte componente senhorial. Diria que vivemos uma espécie de democracia senhorial, um ente contraditório, mas real.
Sergio Lima/Folha Imagem
"Esse deputado (Sérgio Moraes, na foto) só exprimiu de maneira brutal o que está dentro do sistema. Importante é que isso não quer dizer que as instituições virão abaixo, que vai haver um golpe depois de amanhã"
Valor: Os parlamentares reagiram à crise relançando o debate sobre a reforma política. O sr. acha que se trata de uma proposta séria ou é cortina de fumaça para esconder os escândalos?
Cohn: Nem sei se é só para os escândalos. As medidas contidas na reforma política estão, em um momento como este, contaminadas por um propósito que não é intrinsecamente político. É um propósito mais de controle, no sentido mais primário, de policiamento. Querem controlar os representantes, criar normas para que eles não cometam este ou aquele deslize. Isso é secundário, deveria derivar de um aprofundamento da vida política, que envolve muito mais do que controle nas instituições, envolve uma crescente presença dos cidadãos na determinação das políticas. E o risco que eu vejo é reagir a uma crise pensando apenas em formas de ajustes que permitam impedir certas irregularidades. Mais uma vez, afasta-se o problema do conjunto da cidadania, sugere-se que o cidadão delegue o ajuste a ser feito aos técnicos em questões institucionais.
Valor: Dois pontos da reforma são polêmicos: a introdução do voto em lista e o voto distrital ou distrital misto. Como o sr. vê esses dois sistemas? Seriam estranhos a nossa cultura política?
Cohn: Dificilmente algum arranjo político pode ser colocado como estranho a nossa política. Eles são perfeitamente assimiláveis e vêm sendo debatidos há muitos anos. Sistemas eleitorais correspondem a uma espécie de jogo com combinações e o problema é saber qual responde melhor aos interesses de determinada sociedade, em determinado momento. É a área em que a engenharia política entra em ação. No caso das listas, eu gostaria de ver partidos programáticos apresentando suas lideranças e o eleitorado votando com pleno conhecimento de causa, mas existem argumentos bastante razoáveis apontando que os mecanismos internos dos partidos perpetuariam aquilo que se tenta agora eliminar. As figuras de primeira linha permaneceriam, a burocracia partidária impediria os inovadores. Isto é um tema clássico: como fazer para trazer ao primeiro plano aqueles que têm de fato capacidade política, os realmente capazes de produção e liderança programática? Em geral, as burocracias não gostam desse tipo de figura.
Ricardo Stuckert/Valor
"Para sorte nossa, mais ainda do que o Fernando Henrique, Lula é um verdadeiro animal político. Tem o estilo do grande político, não do político menor, e trabalha de uma maneira que reforça as instituições democráticas"
Valor: Outra questão polêmica é a do financiamento público. O sr. é favorável?
Cohn: Minha primeira reação é favorável. Se for para estabelecer regras e limites, desconfio que os argumentos a favor são mais consistentes do que seus opostos.
Valor: E quais são as lacunas da proposta de reforma política? O que pode ser feito para consolidar e fortalecer a democracia brasileira?
Cohn: Temos um modelo minimalista de democracia, que centra foco no momento eleitoral e não desenvolveu as formas de atuação do cidadão, para que ele seja um agente político. A reiterada degradação do sistema político é terrivelmente perigosa, mas isso em parte se dá por que o modelo tende a se esvaziar, pois existe essa delegação perversa. É como se, por um lado, existissem os políticos e por outro, existíssemos nós. Então, uma série de coisas é atribuída aos políticos e periodicamente fica-se abalado, escandalizado com o que eles fazem, mas acaba-se concluindo que político não presta mesmo. Isso não impede que no longo prazo a qualidade da representação se eleve.
Valor: O sistema se sustenta dessa maneira?
Cohn: Pode se perpetuar. O sistema funciona muito bem, durante muito tempo, só que não ganha o caráter político, ou seja, de participação da cidadania na condução da coisa pública. A soberania popular não se realiza aí. O sistema funciona por que na realidade ele não é posto em xeque, é realimentado por esses surtos. O que assusta não é que haja mal-estar com os procedimentos no Legislativo, por que ali é onde todo mundo olha para ver esses caras meio depravados que são os políticos. O que assusta não é o mal-estar causado por essas revelações que aparecem ciclicamente, em geral respondendo às tensões e conflitos internos do parlamento. O que preocupa é que a contínua desqualificação da dimensão política seja tomada como a normalidade.
Valor: Quando um deputado diz que está se lixando para a opinião pública, essa cisão estaria sendo reforçada?
Cohn: Esse deputado só exprimiu de maneira brutal o que está dentro do sistema. Importante é que isso não significa instabilidade, não quer dizer que as instituições virão abaixo. Não vai haver um golpe depois de amanhã.
Valor: Então, a democracia resiste bem a esse tipo de escândalo?
Cohn: Sim, temos um conjunto de instituições que operam e que não sofrem uma instabilidade ameaçadora, elas têm toda condição de continuar funcionando. O problema é mais de conteúdo das instituições do que da sua operação.
Valor: O governo Lula já está no seu sétimo ano. Que balanço faz da atual gestão?
Cohn: É uma situação ótima você estar em um país com grande potencial e ter uma esquerda fraca e uma direita acomodada. O Brasil não tem uma forte imprensa de esquerda. A ausência de um projeto alternativo fez uma falta gigantesca ao Lula, por que se ele tivesse o respaldo de uma opinião pública organizada, que acenasse com alternativas para as políticas adotadas, talvez pudesse ter um pouco mais de coragem. Tenho uma irritação enorme com aquele slogan que usaram na campanha: "A esperança venceu o medo".
Valor: Por quê?
Cohn: Quem disse que o contrário de medo é esperança? Eu tenho esperança quando estou morrendo de medo. A esperança venceu o desespero, a paralisia. Para vencer o medo é melhor você sair com coragem. Eles fizeram uma opção que lhes pareceu razoável, estavam assustadíssimos na época do primeiro mandato. Alguns - eu entre eles - achavam que poderia ser tentado algo diferente, colocar em cena um tremendo projeto de desenvolvimento - uma espécie de hiper-PAC. Refazer toda infraestrutura, abrir licitações internacionais para tudo, ferrovias, portos, dizendo: "Companheiros, isto vai ser financiado com o que tiver, o que significa atrasar pagamento da dívida, um superávit primário menor. Pessoas de bom-senso me dizem que teria sido impossível. Do ponto de vista da legitimidade política, dificilmente voltará a haver circunstâncias tão favoráveis.
Valor: Naquele momento, o primeiro passo do então ministro da Fazenda, Antonio Palocci, foi conquistar a confiança dos mercados e investidores estrangeiros. Tendo em vista os resultados, não foi uma estratégia correta?
Cohn: Acho que confiança pode ser assegurada também se você diz: "Venham sem restrições, e entrem no maior processo de obras que o mundo vai assistir. Tragam suas empresas, não vamos fazer tudo sozinhos". Mas o mercado, ou seja, os interesses financeiros, ganhou o jogo. Por outro lado, é errada a ideia de que o país permaneceu refém da grande política, do FMI, e não conseguiu fazer nada, ficou bloqueado. O fato é que não somos uma republiqueta e o atual governo aprendeu bem com isso.
Valor: O mensalão foi um marco no primeiro mandato do presidente Lula?
Cohn: O [ex-deputado federal] José Dirceu é um pouco vilão nisso tudo, mas ele trabalhou sempre como o disciplinado militante que serve para fazer jogo sujo. Qual é a lógica dele? É seguir a linha. Por que a oposição virou a mesa? Por que sentiu que, em um segundo mandato, o governo poderia avançar em reformas mais profundas. Nesse bloqueio, foi bem-sucedida, mas não na destruição do governo e do PT. Chegou-se muito bem no segundo mandato, melhor do que qualquer um esperava. Nenhuma previsão era nesse sentido, de que Lula tivesse quadros técnicos tão bons. Além da política externa brilhante. Fico pensando no meu velho mestre Fernando Henrique, em como ele deve morder os cotovelos, por que era o seu grande sonho, era por aí que ele queria avançar.
Valor: Como analisa o quadro pré-eleitoral? O governador José Serra (PSDB) tem uma confortável liderança nas pesquisas. A vitória dele significaria uma ruptura com a atual gestão?
Cohn: O que é o Serra? O Serra sempre representou, dentro do PSDB, a ala desenvolvimentista. Não seria uma diferença grande, apesar da ânsia do Serra em desmontar o que encontrar.
Valor: No campo governista, o sr. acha que a candidatura da ministra Dilma Rousseff está consolidada ou há chances de um terceiro mandato para Lula?
Cohn: Acho que o terceiro mandato está descartado. Tenho a impressão também de que o governo tem consciência de que a Dilma não é uma candidata forte e que a simples presença do presidente não é suficiente para levá-la à vitória. Por essas curiosas ironias da vida, o projeto do Lula poderá se beneficiar da tragédia pessoal da Dilma. Mulher, que terá de enfrentar mais essa [o linfoma], ela acaba retomando para si um pouco do ponto forte do Lula, que é a capacidade de enfrentar dificuldades enormes e superá-las. Aliás, fazendo um parêntese, não é uma análise minha, mas a ideia de que Lula consegue amarrar as duas pontas do processo é muito interessante: por um lado, ele é a grande referência, o líder, pai de todos, e por outro tem uma posição frágil como nós. Uma vez, o PT tentou sair com o "vote numa pessoa igual a você" e perdeu fragorosamente, por que ninguém é louco de botar no lugar uma cópia de si próprio. No caso do Lula, ele é protetor e protegido, nos protege mas precisa de nós. Do ponto de vista político, isso permite atenuar um componente daquilo que equivocadamente alguns insistem em apontar como "neopopulismo". Lula não faz uma crítica populista, não é verdade que saia por aí arregimentando as massas, nem isso se aplica aos programas sociais.
Valor: Mas ele se comunica muito diretamente com as massas. Não é um traço populista?
Cohn: Lula personaliza muito menos do que poderia. Ele é um desses acidentes históricos raros, por que, se quisesse fazer um desastre, teria todas as condições para tal. Se saísse para uma linha poderosa de apelo, no sentido de populismo clássico - "vamos trazer as massas para me apoiar" - ele liquidaria as instituições. Mas Lula não faz isso, ele tem um componente institucional forte, de alguma maneira há um compromisso democrático real. Para sorte nossa, mais ainda do que o Fernando Henrique, Lula é um verdadeiro animal político. Tem o estilo do grande político, não do político menor, e trabalha de uma maneira que reforça as instituições democráticas.
Valor: A ministra Dilma não é fundadora do PT, possui uma trajetória diferenciada entre os principais líderes do partido. O sr. acha que a candidatura dela representaria mais a continuidade do chamado "lulismo"?
Cohn: Não sei se é lulismo, quase diria que é da vertente tecnocrática do atual governo. Seria a vitória do PAC, de um projeto desenvolvimentista. Talvez ela representasse, numa eventual vitória, algo que não se distinguisse tanto de uma vitória de Serra, admitindo-se sua candidatura. Talvez os dois estejam muito mais próximos do que pareça. Há cada vez mais uma convergência, os cínicos chamariam de convergência para o centro.
quinta-feira, 4 de junho de 2009
O destino da Jurisdição Universal na Espanha
http://educar-para-o-mundo.blogspot.com/ A Profa Deisy Ventura envia esse endereço eletrônico importante para saber a respeito do destino da jurisdição universal na Espanha
Volta de Cuba para a OEA
Folha de São Paulo 04 de junho de 2009
OEA anula suspensão de Cuba após 47 anos
Bloco bolivariano cede na exigência de que entidade pedisse desculpas a país; decisão não implica reintegração automática de Havana
Representante dos EUA, que também teve que ceder em negociação, diz ter agido em nome "do espírito de diálogo da Casa Branca de Obama"
Enrique de la Osa/Reuters
Militares cubanos agitam bandeiras dos países em ato para receber o presidente paraguaio em Havana
Numa decisão chamada de histórica por representantes de todos os seus 34 países, dos Estados Unidos à Venezuela, a OEA (Organização dos Estados Americanos) anulou ontem o ato que suspendeu o governo socialista de Cuba em 1962, durante a Guerra Fria, encerrada há 20 anos com a queda do Muro de Berlim.
A resolução, aprovada por consenso, não implica a volta automática dos cubanos à OEA. Ela estabelece que um eventual retorno dependerá de um processo de diálogo aberto a pedido do país caribenho e de acordo com os "princípios e propósitos" da organização.
"O resultado prático para Cuba não virá amanhã ou no dia seguinte. O importante era tirar da OEA um pedaço de sucata", disse o secretário-geral da entidade, José Miguel Insulza.
O texto aprovado na Assembleia Geral de chanceleres encerrada ontem em San Pedro Sula, Honduras, tenta conciliar duas ideias: o reconhecimento do anacronismo da decisão de 1962, que expulsou o governo cubano sob a acusação de receber ajuda militar de "potências comunistas extracontinentais" (a extinta União Soviética), e a reafirmação dos atuais documentos da OEA, entre eles a Carta Democrática aprovada em 2001, que prega "a defesa e a promoção da democracia representativa". Cuba é uma ditadura de partido único.
Para que se chegasse a esse resultado, dois blocos minoritários tiveram que ceder em suas posições iniciais.
De um lado, os EUA até a semana passada não admitiam a anulação do ato de 1962, propondo que antes se abrisse um diálogo para a eventual reintegração cubana à OEA. De outro, os países da Alba (Aliança Bolivariana para as Américas), liderados pela Venezuela, queriam não só a revogação, mas que se pedissem desculpas a Cuba por ter sido violado seu direito à autodeterminação e que ficasse a critério exclusivo dos cubanos seu retorno à OEA ou não.
A proposta de solução conciliatória em duas etapas partiu de um grupo de 11 países, incluindo o Brasil. A resolução, embora cite princípios de democracia e direitos humanos, não menciona textualmente a Carta Democrática. Seus termos prenunciam certa elasticidade se chegarem a ocorrer negociações para a retomada da participação cubana no órgão.
"O bom senso continua vivo. A OEA está viva, e a resolução de 1962, morta, sem pompa nem vintém", disse à Folha por telefone o chanceler brasileiro Celso Amorim, que participou das negociações antes de partir ontem cedo de volta a Brasília.
Thomas Shannon, secretário de Estado assistente dos EUA para a América Latina, disse que buscou dar continuidade ao "relançamento" das relações com a região proposto por Obama na Cúpula das Américas, em abril: "A resolução afirma nosso compromisso de construir uma relação com nossos vizinhos baseada no diálogo".
Shannon disse que os EUA continuam "comprometidos com os princípios da democracia e dos direitos humanos" e que esperam uma "Cuba democrática", mas que "mudaram a abordagem" -no domingo, o governo cubano concordou em iniciar conversas com os EUA sobre imigração.
Na plenária de quase três horas que aprovou a resolução, houve elogios à Casa Branca. O chanceler argentino, Jorge Taiana, saudou "o renovado espírito de multilateralismo" americano. Para Amorim, "a visão dos EUA sobre a América Latina mudou".
Mas a tensão com os países da Alba, os últimos a aderirem à resolução, se manteve. O chanceler venezuelano, Nicolás Maduro, fez uma extensa enumeração de todas as intervenções dos EUA na América Latina no século 20.
Maduro elogiou a "cordialidade" da secretária de Estado americana, Hillary Clinton, mas cobrou o fim do embargo econômico a Cuba. "Vamos usar os avanços desta reunião para restabelecer a justiça em nosso continente. O primeiro passo tem que ser a suspensão do bloqueio."
Ruy Casaes, embaixador do Brasil na OEA, disse que sanções como as sofridas por Cuba não funcionam e, sobre a democracia, citou frase de San Tiago Dantas, que era chanceler em 1962 e na época recorreu ao princípio da não intervenção para se abster na votação: "Onde quer que tenha sido deixada aberta uma porta para o sistema democrático, esse sistema vai se impor mais cedo ou mais tarde".
OEA anula suspensão de Cuba após 47 anos
Bloco bolivariano cede na exigência de que entidade pedisse desculpas a país; decisão não implica reintegração automática de Havana
Representante dos EUA, que também teve que ceder em negociação, diz ter agido em nome "do espírito de diálogo da Casa Branca de Obama"
Enrique de la Osa/Reuters
Militares cubanos agitam bandeiras dos países em ato para receber o presidente paraguaio em Havana
Numa decisão chamada de histórica por representantes de todos os seus 34 países, dos Estados Unidos à Venezuela, a OEA (Organização dos Estados Americanos) anulou ontem o ato que suspendeu o governo socialista de Cuba em 1962, durante a Guerra Fria, encerrada há 20 anos com a queda do Muro de Berlim.
A resolução, aprovada por consenso, não implica a volta automática dos cubanos à OEA. Ela estabelece que um eventual retorno dependerá de um processo de diálogo aberto a pedido do país caribenho e de acordo com os "princípios e propósitos" da organização.
"O resultado prático para Cuba não virá amanhã ou no dia seguinte. O importante era tirar da OEA um pedaço de sucata", disse o secretário-geral da entidade, José Miguel Insulza.
O texto aprovado na Assembleia Geral de chanceleres encerrada ontem em San Pedro Sula, Honduras, tenta conciliar duas ideias: o reconhecimento do anacronismo da decisão de 1962, que expulsou o governo cubano sob a acusação de receber ajuda militar de "potências comunistas extracontinentais" (a extinta União Soviética), e a reafirmação dos atuais documentos da OEA, entre eles a Carta Democrática aprovada em 2001, que prega "a defesa e a promoção da democracia representativa". Cuba é uma ditadura de partido único.
Para que se chegasse a esse resultado, dois blocos minoritários tiveram que ceder em suas posições iniciais.
De um lado, os EUA até a semana passada não admitiam a anulação do ato de 1962, propondo que antes se abrisse um diálogo para a eventual reintegração cubana à OEA. De outro, os países da Alba (Aliança Bolivariana para as Américas), liderados pela Venezuela, queriam não só a revogação, mas que se pedissem desculpas a Cuba por ter sido violado seu direito à autodeterminação e que ficasse a critério exclusivo dos cubanos seu retorno à OEA ou não.
A proposta de solução conciliatória em duas etapas partiu de um grupo de 11 países, incluindo o Brasil. A resolução, embora cite princípios de democracia e direitos humanos, não menciona textualmente a Carta Democrática. Seus termos prenunciam certa elasticidade se chegarem a ocorrer negociações para a retomada da participação cubana no órgão.
"O bom senso continua vivo. A OEA está viva, e a resolução de 1962, morta, sem pompa nem vintém", disse à Folha por telefone o chanceler brasileiro Celso Amorim, que participou das negociações antes de partir ontem cedo de volta a Brasília.
Thomas Shannon, secretário de Estado assistente dos EUA para a América Latina, disse que buscou dar continuidade ao "relançamento" das relações com a região proposto por Obama na Cúpula das Américas, em abril: "A resolução afirma nosso compromisso de construir uma relação com nossos vizinhos baseada no diálogo".
Shannon disse que os EUA continuam "comprometidos com os princípios da democracia e dos direitos humanos" e que esperam uma "Cuba democrática", mas que "mudaram a abordagem" -no domingo, o governo cubano concordou em iniciar conversas com os EUA sobre imigração.
Na plenária de quase três horas que aprovou a resolução, houve elogios à Casa Branca. O chanceler argentino, Jorge Taiana, saudou "o renovado espírito de multilateralismo" americano. Para Amorim, "a visão dos EUA sobre a América Latina mudou".
Mas a tensão com os países da Alba, os últimos a aderirem à resolução, se manteve. O chanceler venezuelano, Nicolás Maduro, fez uma extensa enumeração de todas as intervenções dos EUA na América Latina no século 20.
Maduro elogiou a "cordialidade" da secretária de Estado americana, Hillary Clinton, mas cobrou o fim do embargo econômico a Cuba. "Vamos usar os avanços desta reunião para restabelecer a justiça em nosso continente. O primeiro passo tem que ser a suspensão do bloqueio."
Ruy Casaes, embaixador do Brasil na OEA, disse que sanções como as sofridas por Cuba não funcionam e, sobre a democracia, citou frase de San Tiago Dantas, que era chanceler em 1962 e na época recorreu ao princípio da não intervenção para se abster na votação: "Onde quer que tenha sido deixada aberta uma porta para o sistema democrático, esse sistema vai se impor mais cedo ou mais tarde".
terça-feira, 2 de junho de 2009
OEA e Cuba
Folha de São Paulo, terça-feira, 02 de junho de 2009
OEA se reúne com impasse sobre Cuba
26 países tentam negociar com EUA e Canadá texto de conciliação, mas barganha continua hoje com presença de chanceleres
Brasil defende anulação da decisão que expulsou país, mas sem reintegração automática; sem acordo, decisão pode ser adiada
Apesar de sinais positivos durante o dia de ontem, os 34 países-membros da OEA (Organização dos Estados Americanos) abrem hoje a Assembleia Geral anual de seus ministros das Relações Exteriores sem terem chegado a um acordo sobre a anulação da decisão que suspendeu Cuba da entidade, em 1962.
Um grupo de 26 países, incluindo o Brasil, tenta negociar com as delegações dos EUA e do Canadá uma resolução em duas etapas, que revogue o ato da Guerra Fria, mas abra processo posterior para a eventual reintegração do governo cubano ao órgão interamericano.
Os americanos e seus aliados canadenses não abrem mão de condicionar desde já esse reingresso à Carta Democrática da OEA, aprovada em 2001. Cuba, expulsa sob a acusação de "receber ajuda militar de potências comunistas extracontinentais", tem dito que não quer voltar à organização.
Durante a tarde, o embaixador na OEA de Honduras, anfitrião do encontro, se mostrou otimista. "Estamos a ponto de alcançar um consenso de 28 países. O importante é levantar a sanção", disse Carlos Sosa.
Mas, no fim do dia, ficou claro que uma decisão de conciliação, se houver, será negociada pelos próprios chanceleres, que começaram a chegar no fim da tarde de ontem à cidade do encontro, San Pedro Sula, no nordeste hondurenho.
Para negociar uma resolução que possa ser aceita por americanos, Honduras, que integra a Alba (Alternativa Bolivariana para as Américas), se afastou dos outros cinco países do bloco chavista que participam da assembleia -Bolívia, Venezuela, Nicarágua, São Vicente e Granadinas e Dominica.
Estes cinco, mais a Guiana, insistiam no texto apresentado na semana passada pelos nicaraguenses e que exclui quaisquer precondições caso Cuba decida se reintegrar à OEA.
As negociações ontem foram conduzidas a portas fechadas numa sala isolada, atrás da quadra de tênis do Clube Social Hondurenho Árabe, onde ocorrerá a Assembleia Geral. O Brasil era representado pelo embaixador na OEA, Ruy Casaes.
Mesmo que haja um acordo da maioria dos latino-americanos com os EUA, porém, a posição dos chavistas deixava aberta a possibilidade de que resoluções diferentes sobre o tema sejam mantidas. Nesse caso, ou a OEA deixa de lado a tradição de consenso e submete todas ao plenário ou adia decisões sobre o tema, hipótese mais provável. A reunião termina amanhã.
O presidente Hugo Chávez foi inscrito como chefe da delegação venezuelana na assembleia, mas ontem ainda não havia confirmado que vem a Honduras. Daniel Ortega, da Nicarágua, está sendo esperado. O paraguaio Fernando Lugo chegou ontem à noite.
Dissidentes cubanos, entre eles o ex-comandante guerrilheiro e ex-preso político Huber Matos, deram uma entrevista num hotel da cidade para exigir que seu país cumpra a Carta Democrática da OEA. Do lado de fora, sindicalistas hondurenhos se manifestaram a favor da suspensão da punição ao governo cubano.
OEA se reúne com impasse sobre Cuba
26 países tentam negociar com EUA e Canadá texto de conciliação, mas barganha continua hoje com presença de chanceleres
Brasil defende anulação da decisão que expulsou país, mas sem reintegração automática; sem acordo, decisão pode ser adiada
Apesar de sinais positivos durante o dia de ontem, os 34 países-membros da OEA (Organização dos Estados Americanos) abrem hoje a Assembleia Geral anual de seus ministros das Relações Exteriores sem terem chegado a um acordo sobre a anulação da decisão que suspendeu Cuba da entidade, em 1962.
Um grupo de 26 países, incluindo o Brasil, tenta negociar com as delegações dos EUA e do Canadá uma resolução em duas etapas, que revogue o ato da Guerra Fria, mas abra processo posterior para a eventual reintegração do governo cubano ao órgão interamericano.
Os americanos e seus aliados canadenses não abrem mão de condicionar desde já esse reingresso à Carta Democrática da OEA, aprovada em 2001. Cuba, expulsa sob a acusação de "receber ajuda militar de potências comunistas extracontinentais", tem dito que não quer voltar à organização.
Durante a tarde, o embaixador na OEA de Honduras, anfitrião do encontro, se mostrou otimista. "Estamos a ponto de alcançar um consenso de 28 países. O importante é levantar a sanção", disse Carlos Sosa.
Mas, no fim do dia, ficou claro que uma decisão de conciliação, se houver, será negociada pelos próprios chanceleres, que começaram a chegar no fim da tarde de ontem à cidade do encontro, San Pedro Sula, no nordeste hondurenho.
Para negociar uma resolução que possa ser aceita por americanos, Honduras, que integra a Alba (Alternativa Bolivariana para as Américas), se afastou dos outros cinco países do bloco chavista que participam da assembleia -Bolívia, Venezuela, Nicarágua, São Vicente e Granadinas e Dominica.
Estes cinco, mais a Guiana, insistiam no texto apresentado na semana passada pelos nicaraguenses e que exclui quaisquer precondições caso Cuba decida se reintegrar à OEA.
As negociações ontem foram conduzidas a portas fechadas numa sala isolada, atrás da quadra de tênis do Clube Social Hondurenho Árabe, onde ocorrerá a Assembleia Geral. O Brasil era representado pelo embaixador na OEA, Ruy Casaes.
Mesmo que haja um acordo da maioria dos latino-americanos com os EUA, porém, a posição dos chavistas deixava aberta a possibilidade de que resoluções diferentes sobre o tema sejam mantidas. Nesse caso, ou a OEA deixa de lado a tradição de consenso e submete todas ao plenário ou adia decisões sobre o tema, hipótese mais provável. A reunião termina amanhã.
O presidente Hugo Chávez foi inscrito como chefe da delegação venezuelana na assembleia, mas ontem ainda não havia confirmado que vem a Honduras. Daniel Ortega, da Nicarágua, está sendo esperado. O paraguaio Fernando Lugo chegou ontem à noite.
Dissidentes cubanos, entre eles o ex-comandante guerrilheiro e ex-preso político Huber Matos, deram uma entrevista num hotel da cidade para exigir que seu país cumpra a Carta Democrática da OEA. Do lado de fora, sindicalistas hondurenhos se manifestaram a favor da suspensão da punição ao governo cubano.
segunda-feira, 1 de junho de 2009
Israel e a Cisjordânia ainda em ocupação
Notícia da agência Reuters publicada no site de notícias msn.com.br
Netanyahu desafia apelo de Obama por suspensão de assentamentos
Por Jeffrey Heller e Adam Entous
JERUSALÉM (Reuters) - O primeiro-ministro de Israel, Benjamin Netanyahu, desafiou na segunda-feira o apelo dos Estados Unidos pela paralisação da ampliação dos assentamentos, afirmando que "não seria razoável" proibir a expansão dos encraves judaicos na Cisjordânia ocupada.
Mas, num aparente gesto ao presidente Barack Obama, que busca retomar o processo de paz no Oriente Médio e na quinta-feira estará no Egito para fazer um pronunciamento ao mundo islâmico, autoridades israelenses disseram que Netanyahu pode atenuar o bloqueio comercial que afeta o cotidiano dos palestinos na Faixa de Gaza, sob o comando do Hamas.
Fontes israelenses e ocidentais disseram que Israel poderia autorizar a entrada de materiais para a reconstrução de Gaza, muito destruída durante a ofensiva de três semanas de Israel contra o Hamas no começo do ano.
Em Nablus, na Cisjordânia, colonos irritados com a desocupação "manu militari" de um posto avançado em um morro, incendiaram lavouras palestinas e apedrejaram motoristas.
Mas o novo governo norte-americano não parece disposto a ceder à pressão dos colonos, o que dificultaria a busca de Obama por apoio dos árabes. Diplomatas dizem que EUA e União Europeia estão avaliando medidas com as quais poderiam pressionar seu aliado Israel.
Uma fonte do governo direitista israelense disse que "o governo Netanyahu está agindo igual aos seus antecessores, o que mudou foi a política do governo americano (que) está tentando sair dos entendimentos alcançados durante o governo (de George W.) Bush."
Falando na segunda-feira a uma comissão parlamentar, Netanyahu defendeu "a razão e a lógica" ao lidar com os assentamentos na Cisjordânia, um território palestino que Israel capturou na guerra de 1967.
Obama, que está no cargo há quatro meses, pediu a Netanyahu, no cargo há dois meses, que siga o plano de paz norte-americano de 2003, que estabelece o congelamento das colônias judaicas.
O governo Netanyahu diz que isso não pode incluir a expansão natural decorrente do crescimento das famílias de colonos. "Não se pode congelar a vida", disse Netanyahu, segundo uma fonte do governo.
A Corte Mundial qualifica os assentamentos como ilegais, mas o governo israelense se dispõe apenas a remover pequenos postos avançados dos colonos, instalados sem autorização oficial.
Netanyahu desafia apelo de Obama por suspensão de assentamentos
Por Jeffrey Heller e Adam Entous
JERUSALÉM (Reuters) - O primeiro-ministro de Israel, Benjamin Netanyahu, desafiou na segunda-feira o apelo dos Estados Unidos pela paralisação da ampliação dos assentamentos, afirmando que "não seria razoável" proibir a expansão dos encraves judaicos na Cisjordânia ocupada.
Mas, num aparente gesto ao presidente Barack Obama, que busca retomar o processo de paz no Oriente Médio e na quinta-feira estará no Egito para fazer um pronunciamento ao mundo islâmico, autoridades israelenses disseram que Netanyahu pode atenuar o bloqueio comercial que afeta o cotidiano dos palestinos na Faixa de Gaza, sob o comando do Hamas.
Fontes israelenses e ocidentais disseram que Israel poderia autorizar a entrada de materiais para a reconstrução de Gaza, muito destruída durante a ofensiva de três semanas de Israel contra o Hamas no começo do ano.
Em Nablus, na Cisjordânia, colonos irritados com a desocupação "manu militari" de um posto avançado em um morro, incendiaram lavouras palestinas e apedrejaram motoristas.
Mas o novo governo norte-americano não parece disposto a ceder à pressão dos colonos, o que dificultaria a busca de Obama por apoio dos árabes. Diplomatas dizem que EUA e União Europeia estão avaliando medidas com as quais poderiam pressionar seu aliado Israel.
Uma fonte do governo direitista israelense disse que "o governo Netanyahu está agindo igual aos seus antecessores, o que mudou foi a política do governo americano (que) está tentando sair dos entendimentos alcançados durante o governo (de George W.) Bush."
Falando na segunda-feira a uma comissão parlamentar, Netanyahu defendeu "a razão e a lógica" ao lidar com os assentamentos na Cisjordânia, um território palestino que Israel capturou na guerra de 1967.
Obama, que está no cargo há quatro meses, pediu a Netanyahu, no cargo há dois meses, que siga o plano de paz norte-americano de 2003, que estabelece o congelamento das colônias judaicas.
O governo Netanyahu diz que isso não pode incluir a expansão natural decorrente do crescimento das famílias de colonos. "Não se pode congelar a vida", disse Netanyahu, segundo uma fonte do governo.
A Corte Mundial qualifica os assentamentos como ilegais, mas o governo israelense se dispõe apenas a remover pequenos postos avançados dos colonos, instalados sem autorização oficial.
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