BP, ¿la Bastilla del petróleo?
La catástrofe del golfo de México amenaza con hacer de Obama un "presidente fallido". Pero también podría ser, como ha sugerido el propio presidente, el necesario comienzo del fin de la era de la energía fósil
ULRICH BECK 04/07/2010
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Cómo es que no se ha producido un asalto a la Bastilla del Gran Petróleo tras el gigantesco vertido de Deep Water Horizon, una de las mayores catástrofes ecológicas de la historia de Estados Unidos? ¿Por qué no se afrontan los problemas más urgentes de nuestra época -las crisis ecológicas y el cambio climático- con la misma energía, el mismo idealismo, el mismo entusiasmo, optimismo y espíritu democrático progresista que las anteriores tragedias de la pobreza, la tiranía y la guerra? ¿Se conmemorará retrospectivamente a Deep Water Horizon como el octubre rojo ecológico del capitalismo del Gran Petróleo? De hecho, el estado de la industria petrolífera recuerda al ancien régime poco antes de que se viniera abajo.
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El empuje del capital y el entusiasmo de la ingeniería tendrían que dedicarse a la energía solar
BP no descarta que pasen entre dos y cuatro años hasta que todo el petróleo se vierta al mar
La catástrofe del vertido del golfo de México contiene varias verdades. Tenemos la chapucería e indiferencia de la empresa BP. Pero también el fracaso de los supervisores estatales. Lo que hasta este momento propugnaban los lobbies como política de apoyo a la economía se denuncia ahora como "complicidad con canallas". Con las horrendas imágenes del petróleo derramado difundidas por todo el mundo, en los escenarios culturales de todas partes se representan ahora, dándoles un giro ecológico, dramas antiguos. Hay dragones y héroes que matan dragones, dioses y demonios, con la diferencia de que ahora responden a fórmulas técnicas y tienen las caras del presidente ejecutivo de BP, Tony Hay-ward, y del presidente de Estados Unidos, Barack Obama.
El presidente de BP se presenta como pecador arrepentido y habla de "una combinación inédita de fallos". En una comparecencia ante la Cámara de Representantes de EE UU, un congresista demócrata le presentó la larga lista de catástrofes de BP, revelando de este modo otra verdad: son cientos, miles, las plataformas petrolíferas que funcionan en condiciones dudosas en todas las regiones del mundo.
Centrar ahora el ataque en BP es fácil. Deep Water Horizon es el símbolo del creciente fracaso de un experimento mundial, de un modelo de progreso y desarrollo basado en la explotación de recursos fósiles y que, tras las crisis ecológicas y el cambio climático, ha minado de forma irreparable la confianza de la humanidad en sí misma.
Desde hace 200 años el fuego y el vapor mueven máquinas y motores. Este descubrimiento ha sido el punto de partida del bienestar material y ha seguido siendo su base hasta hoy. Entretanto, toda una generación ha crecido sabiendo que una industria basada en los combustibles fósiles, en especial el petróleo, en su marcha triunfal sobre la tierra quema sus propias bases porque los recursos petrolíferos son finitos. Hace ya más de 100 años Max Weber anticipó el fin de este capitalismo petrolífero "cuando se quemara el último quintal de combustible fósil". Entretanto, esta economía impulsada por el fuego fósil trabaja diligente en su propio derrumbe, como si no hubiera otra alternativa, lo que es una burla al sentido común.
¿Por qué un mundo que recibe diariamente del sol, de forma gratuita e inagotable, varias veces la energía que consume, habría de tolerar cruzado de brazos nubes de petróleo que se elevan desde una profundidad de 1.500 metros, asfixiando cualquier vida? Aquí sí que hacen falta la tan traída fuerza innovadora del capital y el entusiasmo utópico de la ingeniería. La divisa del movimiento pacifista era "convirtamos las espadas en arados". La del movimiento ecológico, "transformemos los desiertos en fuentes de energía solar"
Pero mientras el petróleo surge a borbotones, la verdad sale a la luz rodaja a rodaja. Hemos subestimado las complicaciones -confiesa el pecador arrepentido Tony Hayward- que pueden presentarse en una perforación petrolífera a 1.500 metros de profundidad. Nadie dispone de las técnicas de seguridad para evitar o dar respuesta a una catástrofe de esta magnitud. No son los fracasos, sino los triunfos los que hacen incontrolables los riesgos en los que incurrimos. Los ingenieros se han vuelto cada vez más osados en la búsqueda del petróleo; han perforado cada vez a mayor profundidad, considerando controlables las consecuencias potencialmente mortales de sus éxitos; algo como lo que hicieron con los créditos tóxicos los malabaristas financieros y los economistas matemáticos. La deprimente verdad es que el "riesgo residual" de las perforaciones a gran profundidad se basa en el desconocimiento. Si la tecnología de seguridad fracasa, BP calcula que pasarán de dos a cuatro años hasta que la totalidad del petróleo termine vertiéndose al mar.
Ante esta amenaza de catástrofe a largo plazo, que pone en peligro la seguridad de la población estadounidense y la supervivencia política del presidente Obama, este "declara la guerra" al enemigo negro abismal. También él tiene ahora su propia guerra del Golfo, pero esta vez es el de México. De hecho, la catástrofe petrolífera presenta como Estado fallido a la mayor potencia militar y económica mundial. Y Obama corre el riesgo de convertirse en presidente fallido. ¿Qué habrá de hacer el matador de dragones, el comandante en jefe? ¿Mandar su flota de submarinos a torpedear la fuga de petróleo? ¿Enviar las tropas contra los ejecutivos de BP y contra "quienes estén tras ellos"? ¿O quizá debería la "guerra contra el vertido de petróleo" de Obama responsabilizar al Reino Unido como supuesto país de origen del catastrófico "ataque" contra la población estadounidense?
A todo esto, BP había anticipado hace mucho tiempo el destino globalizador. Al igual que la marca made in Germany se extiende a productos que son cualquier cosa menos hechos en Alemania, British Petroleum no es británica. La empresa se fusionó en 1998 con el gigante petrolífero estadounidense Amoco, y desterró el adjetivo "británico", sustituyéndolo por la esperanzadora palabrita "beyond", de modo que desde entonces las siglas BP responden a Beyond Petroleum: más allá del petróleo. ¿Es quizá responsable de ese rebautizo la sabia anticipación de su colapso catastrófico? ¡Con BP comienza el futuro sin petróleo!
Es ahora cuando se evidencia que la política interior mundial posibilita una nueva forma de irresponsabilidad organizada. Quien crea haber pillado in flagranti a British Petroleum (BP) acabará dándose cuenta de que estamos ante un conglomerado empresarial que también pertenece a los estadounidenses, cuyas plataformas petrolíferas han sido construidas por coreanos y cuyos impuestos se transfieren al Ministerio de Finanzas de la Confederación Helvética en Berna. (¡"BP" también son las siglas de "Bern Petroleum"!).
La tecnología de seguridad de los ingenieros se parece cada vez más a aquel proverbial freno de bicicleta del avión intercontinental. Según el Derecho Administrativo alemán, la catástrofe del reactor de Chernóbil no existió porque, en virtud de la definición legal, solo las centrales nucleares alemanas pueden causar catástrofes alemanas. El Derecho estadounidense prevé para las catástrofes petrolíferas una indemnización máxima de cinco millones de dólares. En un primer momento, Barack Obama ha condenado a la empresa perpetradora al pago de 20.000 millones de dólares. Sin embargo, ante la presión de la opinión pública mundial, esta reconoce que es probable que el desastre cueste más del doble solo en pérdidas económicas.
Una política que de una vez por todas sea realista tiene que tener en cuenta la transformación de las relaciones globales de poder. China, India, Brasil y los países africanos no apoyarán un planteamiento internacional que pretenda fijar límites a su progreso económico, y con razón.
¿Representa la política ambiental mundial un comercio de bulas global para los pecados del CO2, cuyas contradicciones llevarán -previsiblemente- a fracaso tras fracaso en las conferencias sobre el clima? ¿O más bien el arrojo de inventar una modernidad basada en la energía solar e implantarla en un mundo en el que el bienestar ya no sea un pecado ecológico?
Obama lo ha anunciado solemnemente: "Ha llegado el momento de introducir energías más limpias". Aquí, y de este modo, podría comenzar el asalto a la Bastilla Petroleum (BP). En el golfo de México quizá haya sonado una hora decisiva de la historia de Estados Unidos. Obama podría marcar con su impronta el futuro e introducir de hecho la nueva época: Beyond Petroleum, después del petróleo.
Ulrich Beck es sociólogo, profesor emérito de la Universidad de Múnich y profesor de la London School of Economics. Traducción de Jesús Alborés Rey
domingo, 4 de julho de 2010
Crecimento muito maior dos doutorados em Ciências Humans no Brasil
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São Paulo, domingo, 04 de julho de 2010
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Brasil forma mais doutores em humanas
Ciências exatas e da Terra caíram de 2º para 6º lugar entre as que mais geraram PhDs entre 1996 e 2008, diz governo
Humanidades puxam expansão da pós, o que compromete inovação tecnológica no país, diz presidente do CNPq
Rodrigo Paiva - 20.mai.2010/Folhapress
Laboratório no Departamento de Genética e Evolução da Unicamp; ciências biológicas viram cair sua fatia na expansão da pós-graduação brasileira
RICARDO MIOTO
DE SÃO PAULO
O doutorando brasileiro está cada vez mais interessado em Machado de Assis e menos em relatividade.
Ao menos é isso o que sugere um novo levantamento do governo. Ele mostra que a expansão da pós-graduação brasileira é puxada, em primeiro lugar, pelo aumento de doutores nas humanidades, e não nas ciências exatas e biológicas.
Em 1996, as ciências exatas e da Terra ocupavam o segundo lugar entre as áreas que mais formavam doutores no país, com 16,1%. Em 2008, caíram para o sexto lugar, com 10,6%.
O tombo das engenharias foi menor. A área se manteve como a quinta que mais forma doutores, mas a sua fatia caiu de 13,7% para 11,4%. Redução similar teve a área de ciências biológicas.
"Se olharmos as áreas que cresceram menos, elas ainda cresceram muito", diz Eduardo Viotti, que coordenou o estudo, realizado pelo Centro de Gestão e Estudos Estratégicos, vinculado ao Ministério da Ciência e Tecnologia.
"É difícil criar doutorados em áreas de ciências exatas, da Terra e engenharias. Eles exigem laboratórios, não são cursos que precisam apenas de cuspe e giz", brinca.
"O custo mais baixo estimula as escolas particulares a abrir cursos nessas áreas. Os novos dados não me surpreendem", diz o especialista em política científica Rogério Meneghini, coordenador de Pesquisas do Centro Latino-Americano e do Caribe de Informação em Ciências da Saúde (Opas-OMS).
Não foi só por causa das particulares que o número de doutores disparou, porém. Nesses 12 anos, as universidades federais aumentaram em mais de cinco vezes o seu número de doutores.
Em 2005, aliás, elas ultrapassaram as estaduais e se tornaram as instituições mais importantes na pós-graduação do Brasil.
Algumas estaduais, porém, como a USP e a Unicamp, ainda concentram grande parte das matrículas no país (veja ao lado). E, apesar do crescimento das federais, o país ainda tem apenas 1,4 doutor por mil habitantes, enquanto os EUA têm 8,4, e a Alemanha, 15,4.
MUDANÇA DE RUMO
Para Carlos Aragão, presidente do CNPq (Conselho Nacional de Desenvolvimento Científico e Tecnológico), a queda relativa na formação de quadros em ciências exatas é preocupante.
"Formar cientistas e engenheiros é fundamental para que exista inovação tecnológica nas empresas", afirma.
Além disso, pondera, áreas estratégicas para o país precisam dessas pessoas, como o programa espacial, o programa antártico, a política nuclear, as questões que envolvem clima, energia e agricultura e o pré-sal.
Segundo ele, o CNPq tem procurado apoiar a formação de engenheiros e cientistas lançando editais voltados para essas áreas, assim como facilitando o acesso a bolsas a alunos que se interessarem pelas áreas. "É necessário corrigir essa distorção", diz.
Os especialistas concordam, porém, que pode acontecer um movimento natural de fortalecimento das áreas que envolvem números.
"Nos últimos 20 anos o país não cresceu muito, não havia muito emprego ou interesse nas áreas de engenharia ou ciências da Terra. Direito, economia e administração, por exemplo, eram as áreas onde havia mais possibilidade de os doutores se empregarem", diz Viotti.
Com a economia do país se aquecendo e com empregos sobrando nas áreas de infraestrutura, o próprio mercado de trabalho pode incentivar alunos a buscarem as áreas de exatas, portanto.
São Paulo, domingo, 04 de julho de 2010
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Brasil forma mais doutores em humanas
Ciências exatas e da Terra caíram de 2º para 6º lugar entre as que mais geraram PhDs entre 1996 e 2008, diz governo
Humanidades puxam expansão da pós, o que compromete inovação tecnológica no país, diz presidente do CNPq
Rodrigo Paiva - 20.mai.2010/Folhapress
Laboratório no Departamento de Genética e Evolução da Unicamp; ciências biológicas viram cair sua fatia na expansão da pós-graduação brasileira
RICARDO MIOTO
DE SÃO PAULO
O doutorando brasileiro está cada vez mais interessado em Machado de Assis e menos em relatividade.
Ao menos é isso o que sugere um novo levantamento do governo. Ele mostra que a expansão da pós-graduação brasileira é puxada, em primeiro lugar, pelo aumento de doutores nas humanidades, e não nas ciências exatas e biológicas.
Em 1996, as ciências exatas e da Terra ocupavam o segundo lugar entre as áreas que mais formavam doutores no país, com 16,1%. Em 2008, caíram para o sexto lugar, com 10,6%.
O tombo das engenharias foi menor. A área se manteve como a quinta que mais forma doutores, mas a sua fatia caiu de 13,7% para 11,4%. Redução similar teve a área de ciências biológicas.
"Se olharmos as áreas que cresceram menos, elas ainda cresceram muito", diz Eduardo Viotti, que coordenou o estudo, realizado pelo Centro de Gestão e Estudos Estratégicos, vinculado ao Ministério da Ciência e Tecnologia.
"É difícil criar doutorados em áreas de ciências exatas, da Terra e engenharias. Eles exigem laboratórios, não são cursos que precisam apenas de cuspe e giz", brinca.
"O custo mais baixo estimula as escolas particulares a abrir cursos nessas áreas. Os novos dados não me surpreendem", diz o especialista em política científica Rogério Meneghini, coordenador de Pesquisas do Centro Latino-Americano e do Caribe de Informação em Ciências da Saúde (Opas-OMS).
Não foi só por causa das particulares que o número de doutores disparou, porém. Nesses 12 anos, as universidades federais aumentaram em mais de cinco vezes o seu número de doutores.
Em 2005, aliás, elas ultrapassaram as estaduais e se tornaram as instituições mais importantes na pós-graduação do Brasil.
Algumas estaduais, porém, como a USP e a Unicamp, ainda concentram grande parte das matrículas no país (veja ao lado). E, apesar do crescimento das federais, o país ainda tem apenas 1,4 doutor por mil habitantes, enquanto os EUA têm 8,4, e a Alemanha, 15,4.
MUDANÇA DE RUMO
Para Carlos Aragão, presidente do CNPq (Conselho Nacional de Desenvolvimento Científico e Tecnológico), a queda relativa na formação de quadros em ciências exatas é preocupante.
"Formar cientistas e engenheiros é fundamental para que exista inovação tecnológica nas empresas", afirma.
Além disso, pondera, áreas estratégicas para o país precisam dessas pessoas, como o programa espacial, o programa antártico, a política nuclear, as questões que envolvem clima, energia e agricultura e o pré-sal.
Segundo ele, o CNPq tem procurado apoiar a formação de engenheiros e cientistas lançando editais voltados para essas áreas, assim como facilitando o acesso a bolsas a alunos que se interessarem pelas áreas. "É necessário corrigir essa distorção", diz.
Os especialistas concordam, porém, que pode acontecer um movimento natural de fortalecimento das áreas que envolvem números.
"Nos últimos 20 anos o país não cresceu muito, não havia muito emprego ou interesse nas áreas de engenharia ou ciências da Terra. Direito, economia e administração, por exemplo, eram as áreas onde havia mais possibilidade de os doutores se empregarem", diz Viotti.
Com a economia do país se aquecendo e com empregos sobrando nas áreas de infraestrutura, o próprio mercado de trabalho pode incentivar alunos a buscarem as áreas de exatas, portanto.
sábado, 3 de julho de 2010
Contradições na politica de punições contra crimes de Direitos Humanos no Brasil
Folha de São Paulo, sábado, 03 de julho de 2010
ANÁLISE
Política argentina para julgar crimes ocorridos na ditadura é contraditória
LUIS GARCIA FANLO
ESPECIAL PARA A FOLHA
Nos últimos 27 anos, os governos democráticos da Argentina vêm implementando políticas contraditórias em relação aos processos judiciais contra os responsáveis tanto ideológicos quanto materiais pelas violações dos direitos humanos cometidas na última ditadura (1976-83).
Os militares foram julgados e condenados; mais tarde, perdoados por "obediência devida" e, finalmente, indultados, o que explica a razão pela qual, depois de tantos anos, os chefes militares continuem a desfilar pelos tribunais argentinos.
Por outro lado, os organismos de direitos humanos sempre se opuseram a um júri unificado, e não lhes faltaram motivos para exigir que os processos se multiplicassem: os militares se negaram a reconhecer a existência de desaparecidos, chegando a justificar suas ações em nome da guerra "à subversão".
O julgamento de cada ato, de modo individual, traz à tona o fato de que houve uma política de Estado repressiva, que o envolvimento permeou todos os níveis da estrutura militar, e que os militares não foram os únicos envolvidos, já que vem à tona o envolvimento de empresários, médicos, juízes, policiais, políticos, sacerdotes e membros da cúpula da Igreja Católica.
Não obstante, o fato de o assunto ter sido encerrado no âmbito judicial teve efeitos graves na sociedade argentina: desmobilização das organizações de direitos humanos, apatia dos cidadãos, insinuações de uso político dos júris pelo governo.
Hoje, inclusive, o próprio governo segue uma política ambivalente, na medida em que leva os júris adiante e, ao mesmo tempo, propõe a "revalorização" das forças.
Assim, assistimos a um paradoxo: todos os dias, em algum tribunal, algum militar é julgado; por outro lado, a classe política, os formadores de opinião e o argentino "da rua" manifestam desprazer em ouvir falar do assunto, que gostariam de ver encerrado de uma vez por todas, pois "é preciso deixar o passado para trás e ocupar-se dos problemas do presente".
A questão é que os "problemas do presente" não podem ser entendidos sem encarar o fato de que a ditadura não foi simplesmente terrorismo de Estado, mas que o terrorismo de Estado foi o apoio de uma reconfiguração radical da estrutura social argentina, que afetou matrizes culturais, esquemas mentais, condições econômicas de sobrevivência, e que inscreveu em nossos corpos o disciplinamento e o controle social necessários para tornar argentinos e argentinas governáveis, naturalizando o apolitismo extremo de hoje.
O professor LUIS GARCIA FANLO é doutor pela Universidade de Buenos Aires e autor do livro "Genealogia da Argentinidade"
ANÁLISE
Política argentina para julgar crimes ocorridos na ditadura é contraditória
LUIS GARCIA FANLO
ESPECIAL PARA A FOLHA
Nos últimos 27 anos, os governos democráticos da Argentina vêm implementando políticas contraditórias em relação aos processos judiciais contra os responsáveis tanto ideológicos quanto materiais pelas violações dos direitos humanos cometidas na última ditadura (1976-83).
Os militares foram julgados e condenados; mais tarde, perdoados por "obediência devida" e, finalmente, indultados, o que explica a razão pela qual, depois de tantos anos, os chefes militares continuem a desfilar pelos tribunais argentinos.
Por outro lado, os organismos de direitos humanos sempre se opuseram a um júri unificado, e não lhes faltaram motivos para exigir que os processos se multiplicassem: os militares se negaram a reconhecer a existência de desaparecidos, chegando a justificar suas ações em nome da guerra "à subversão".
O julgamento de cada ato, de modo individual, traz à tona o fato de que houve uma política de Estado repressiva, que o envolvimento permeou todos os níveis da estrutura militar, e que os militares não foram os únicos envolvidos, já que vem à tona o envolvimento de empresários, médicos, juízes, policiais, políticos, sacerdotes e membros da cúpula da Igreja Católica.
Não obstante, o fato de o assunto ter sido encerrado no âmbito judicial teve efeitos graves na sociedade argentina: desmobilização das organizações de direitos humanos, apatia dos cidadãos, insinuações de uso político dos júris pelo governo.
Hoje, inclusive, o próprio governo segue uma política ambivalente, na medida em que leva os júris adiante e, ao mesmo tempo, propõe a "revalorização" das forças.
Assim, assistimos a um paradoxo: todos os dias, em algum tribunal, algum militar é julgado; por outro lado, a classe política, os formadores de opinião e o argentino "da rua" manifestam desprazer em ouvir falar do assunto, que gostariam de ver encerrado de uma vez por todas, pois "é preciso deixar o passado para trás e ocupar-se dos problemas do presente".
A questão é que os "problemas do presente" não podem ser entendidos sem encarar o fato de que a ditadura não foi simplesmente terrorismo de Estado, mas que o terrorismo de Estado foi o apoio de uma reconfiguração radical da estrutura social argentina, que afetou matrizes culturais, esquemas mentais, condições econômicas de sobrevivência, e que inscreveu em nossos corpos o disciplinamento e o controle social necessários para tornar argentinos e argentinas governáveis, naturalizando o apolitismo extremo de hoje.
O professor LUIS GARCIA FANLO é doutor pela Universidade de Buenos Aires e autor do livro "Genealogia da Argentinidade"
sexta-feira, 2 de julho de 2010
A crise do Estado de Bem Estar Social
Política e economicamente enfraquecido, o Estado provedor europeu passa por testes de resistência que colocam seu futuro em perspectivas obscuras.Bem-estar sob ataque
Por Diego Viana, para o Valor, de Paris
02/07/2010
Operários da siderúrgica ArcelorMittal protestam, em Marselha, contra plano do governo de Nicolas Sarkozy de aumentar a idade mínima de aposentadoria para 62 anos
Nos últimos 20 anos, os três modelos políticos e econômicos do século XX sofreram sérios abalos. A economia planejada ruiu com o Muro de Berlim, em 1989, vencida pelo que parecia ser a era do mercado autorregulador. Nos desdobramentos da crise financeira irrompida em 2008, contudo, e ao fim de uma década de estagnação no mundo desenvolvido, a desregulação terminou relegada pelos pacotes de salvação a bancos e de estímulo à produção, nos EUA e na Europa. Chegou, então, o momento de o Estado do bem-estar social ser atacado em suas vulnerabilidades. Síntese de teorias econômicas (o keynesianismo de John Hicks e Paul Samuelson) e preocupações políticas (manter afastado o perigo soviético), o Estado do bem-estar foi considerado responsável pelo período de maior prosperidade que o mundo conheceu, entre 1945 e 1975, os "30 gloriosos" da França, ou "wirtschaftswunder" (milagre econômico) alemão. Perdeu força e presença, porém, na década de 1970, e sofre estremecimentos a cada nova crise.
Desde que a degradação da economia grega chamou atenção para os déficits explosivos europeus, os governos do continente se sucedem em anúncios de medidas de austeridade. Na Grécia, cortam-se salários e aposentadorias, aumentam-se impostos, e o resultado é uma economia de € 30 bilhões. A Espanha adiantou-se ao perigo e decidiu fazer cortes de € 65 bilhões. Principal economia do continente, a Alemanha de Angela Merkel promete cortar € 80 bilhões até 2014. Mas o caso grego revela também a dimensão extraeconômica da questão.
Bloomberg
O recurso crescente a forças policiais e medidas judiciais repressivas é expressão de uma armadilha política que a perspectiva econômica aplicada à crítica dos gastos públicos não capta
Os três mortos legados pela onda de protestos que sacudiu Atenas em maio são o último capítulo de uma crescente instabilidade social que remonta à greve dos mineiros britânicos em 1984, em oposição à política liberal de Margaret Thatcher. Protestos e confrontos com as forças policiais se espalharam pelo continente nesse meio-tempo. Em 24 de junho, os serviços públicos foram interrompidos na França pela terceira vez em um ano, em antecipação ao aperto fiscal que o governo de Nicolas Sarkozy prepara. Na Itália, as manifestações do último fim de semana levaram às ruas mais de um milhão de pessoas.
Os aspectos extraeconômicos da crise costumam ser ignorados nos debates sobre as respostas a dar. Analistas liberais denunciam as despesas sociais como intervenção do Estado no mercado. O cientista político escocês Paul Spicker explica que a direita europeia, fundada em raízes aristocráticas, é mais simpática aos benefícios sociais concedidos ou intermediados pelo Estado. As esquerdas se dividem: para alguns, a supressão da assistência social afasta os eleitores da direita tradicional; para outros, representa a passagem de poder do capital industrial para o financeiro. Assim, a argumentação principal a favor das políticas sociais vem dos sindicatos, que denunciam um ataque do poder financeiro a direitos de cidadania, como segurança econômica, saúde, educação. Em vários países da Europa continental, cabe aos sindicatos organizar as transferências de recursos.
Até o século XIX, as políticas que caracterizariam o Estado do bem-estar cabiam majoritariamente a sociedades caritativas. Ao final do século XVIII, enquanto Adam Smith desenvolvia sua teoria dos sentimentos morais, o parlamentar conservador britânico Edmund Burke afirmava que "o Estado é um mecanismo humano para atender necessidades humanas". As primeiras leis sociais foram implantadas pelo barão Otto von Bismarck na Prússia imperial. Era uma legislação que reduzia o tempo de trabalho e estabelecia fundos de previdência. Bismarck tinha por objetivo manter os operários alemães sob controle e afastados de agitações revolucionárias. Foi uma estratégia eficaz, que Lênin classificaria, décadas mais tarde, como "suborno" e embrião da "aristocracia operária", camada de trabalhadores aliados ao capital. Na mesma época, o governo de Napoleão III na França, temendo perdas demográficas, instituiu incentivos a famílias numerosas, com o aval da Igreja Católica: geraria ovelhas para o rebanho de Cristo e soldados para o exército francês.
AP
Na reunião do G-20 em Toronto, os governantes abrem seus sorrisos para o mundo: nada a ver com a gravidade das questões em debate, relacionadas a uma crise que, na Europa, tem nos déficits públicos um sério complicador
Os governos europeus concentraram-se nas políticas sociais ao fim da Segunda Guerra Mundial, preocupados em evitar a catástrofe social da década de 1930, que se seguiu à quebra de Wall Street. O desamparo das populações resultou em massacres, radicalismo e guerra. A política da reconstrução foi pautada pela busca da estabilidade e do pleno emprego, como na fórmula de seu maior formulador, o economista britânico William Beveridge: "segurança, do berço à sepultura". As décadas seguintes foram de intenso crescimento, redução de desigualdade e baixa inflação. Governos aplicavam receitas keynesianas para manter a atividade econômica, serviços públicos de saúde atendiam a toda a população dos países europeus, bolsas mantinham jovens no ensino superior e afastados do mercado, programas de seguro-desemprego e requalificação amainavam o impacto de choques econômicos. O sistema público de educação francês foi apelidado de "ascensor social", por seu poder de promover a igualdade. A paz europeia, frustrada há séculos, foi assegurada.
O sociólogo dinamarquês Gösta Esping-Andersen estabeleceu uma tipologia que distingue três modelos principais de Estado do bem-estar. O dominante na Europa é o chamado "corporativo" ou "mutualista", em que o governo constitui fundos com a participação de empresas, sindicatos e grupos civis para a redistribuição de recursos. Assim, a redistribuição de renda não se dá por despesas do governo, mas por transferências entre setores, e não precisam ser feitos cortes no orçamento público. Programas sociais "liberais", como o britânico, herdeiro de projetos assistenciais, usam testes para avaliar as necessidades de parcelas da população, e intervêm nesses pontos. O modelo escandinavo é o mais rígido e estatal: com recursos de uma carga tributária altíssima, os governos garantem a baixa desigualdade de renda e o amplo acesso da população a serviços públicos.
Antes que as crises dos anos 1970 abalassem a relação íntima entre Estado e iniciativa privada, os primeiros sinais de esgotamento apareceram nos anos 1960. No plano econômico, tudo ia bem, com pleno emprego, crescimento e superávits. Mas, como afirma o geógrafo marxista David Harvey, os sindicatos começavam a acumular força política. Ao mesmo tempo, jovens que cresceram no período de abundância não aceitavam viver segundo regras morais herdadas de épocas difíceis. Os eventos de 1968 sintetizam essas tendências: estudantes lutando por liberdade, operários por poder.
A prosperidade trouxe grandes desafios para os formuladores de políticas sociais: queda na fertilidade, aumento da expectativa de vida, escassez de mão de obra. O financiamento da previdência passou a pesar nos orçamentos públicos com o envelhecimento da população. O formato corporativo sofreu consequências de mudanças na estrutura de emprego: sua formulação baseada em redistribuição de recursos, o fim da economia de pleno emprego e as terceirizações, tudo contribuía para que seu mecanismo de funcionamento se visse ameaçado.
Com a crise do petróleo nos anos 1970, seguida de inflação, desemprego e queda no crescimento, surgiram os primeiros déficits públicos, endêmicos na Comunidade Europeia desde 1980. Na França, a taxa de inflação passou de 2,7% em 1966 para 13,7% em 1974. O desemprego atingiu 3% em 1975 e 7% em 1982. A era do pleno emprego era página virada. Desde 2008, a taxa de desemprego supera os 10% na zona do euro. O crescimento acelerado também é coisa do passado. A taxa de expansão do PIB europeu não passou de 3% em nenhum ano do século XXI.
Desde então, somando os maus números econômicos à reconfiguração da geopolítica, os partidos conservadores europeus afastaram-se dos sindicatos e das políticas sociais e passaram a defender ideias desreguladoras. O campo tornava-se fértil para o florescimento da era Thatcher. Governos de esquerda, como o de François Mitterrand na França, a partir de 1981, tentavam conciliar as exigências de benefícios sociais com a introdução de um regime controlado por grupos privados. Sistemas de previdência, saúde e educação passam a ser mistos, com um papel crescente para o mercado.
Como a cultura da segurança social está arraigada na consciência europeia, políticos raramente falam em supressão de políticas sociais. O termo mais empregado é "reforma". O governo trabalhista britânico, que chegou ao fim em maio, subiu ao poder em 1997 com Tony Blair anunciando o advento de uma "terceira via" entre a economia planejada e o capitalismo desabrido. Assim como os socialistas do governo Mitterrand, os trabalhistas britânicos argumentavam que o mundo mudou desde a implementação do bem-estar social, e o próprio sistema deveria se adaptar, sob risco de colapso. Com isso, as esquerdas europeias impuseram mudanças que, mesmo à direita, haviam sido bloqueadas: privatizações, alterações do regime de aposentadorias, liberalização das transações financeiras. Tais reformas foram a tônica dos últimos 30 anos, com frequentes passos atrás, porém, a cada vez que uma crise reduz a confiança popular na iniciativa privada.
Nos últimos dez anos, a ideia, tradicionalmente americana, de oposição entre Estado e iniciativa privada ganhou terreno na Europa. Na França, Nicolas Sarkozy foi eleito presidente em 2007 com um discurso de reaproximação com os EUA, não só diplomática, como econômica. O "american way of life" era citado como exemplo de ética econômica, refletida na fórmula "trabalhar mais para ganhar mais", que deu a Sarkozy a vitória. Desde então, a crise dos subprimes apagou o encanto dos EUA e, com ele, o de Sarkozy, na opinião pública francesa, à direita e à esquerda.
A implosão grega parece ser a gota d ' água para o processo de reforma na Europa. O jornalista econômico americano Robert Samuelson chegou a chamar a crise atual de "espiral da morte do Estado-providência europeu". O ministro das Finanças alemão, Wolfgang Schäuble, defende seu programa de austeridade negando que um orçamento no vermelho incentive o crescimento e opondo-se ao apelo dos vizinhos por mais consumo. Após a derrocada da economia dos EUA entre 2007 e 2009, a crise europeia, com as imagens assustadoras que chegam da Grécia, tornou-se um prato cheio para economistas ortodoxos: a instabilidade decorre dos déficits, e os déficits são consequência da política social, eis o diagnóstico. O Estado do bem-estar, nascido para amainar as tensões sociais decorrentes da crise de 1929, resultaria inevitavelmente na bancarrota, afirmam.
Defensores dos programas sociais dizem que os déficits não são necessariamente resultado de liberalidades de governos generosos - ao menos, não com a população. Como assinala Paul Spicker, "a maior parte do déficit europeu não resulta de 'gastos sociais', mas de empréstimos maciços para o setor financeiro e perdas de receita com a recessão". Para Spicker, a reação dos governos europeus à crise é perturbadora, porque representa uma volta aos anos 1930. "A recessão atual é absurdamente retratada como resultado de extravagâncias do governo, embora seja claramente o produto da atividade irresponsável de mercados desregulados". Robert Samuelson, em seu artigo sobre a Grécia, aponta o ciclo vicioso econômico: sem crescimento, a dívida não vai cair e o problema persistirá. Com corte de gastos e aumento de impostos, a tendência é para haver menos consumo e menos crescimento, e isso resultará em novos déficits.
A própria Grécia pode servir de exemplo para ambos os argumentos. Sua entrada na zona do euro foi fruto de maquiagens contábeis, que esconderam déficits anteriores à expansão das políticas sociais, incentivada pela União Europeia (UE). Nascidas com a ascensão ao poder do partido socialista pan-helênico (Pasok), em 1981, essas políticas eram uma forma de romper a tradição herdada da junta militar que governou o país até 1974. E os artifícios orçamentários compunham uma estratégia para obter financiamentos da UE.
À parte as questões financeiras, as circunstâncias da "espiral da morte" do bem-estar social lembram as agitações que desencadearam sua implantação. O cientista político italiano Giuseppe Vacca associa a crise do Estado do bem-estar à superação do Estado-nação, provedor dos benefícios sociais. Fenômenos que desequilibram a balança de poder, como a globalização, introduzem novos concorrentes, sob a forma de mão de obra barata de países pobres. Outra manifestação da fluidificação das relações econômicas é a imigração, tomada por partidos de linha liberal como claro indício da necessidade de flexibilizar benefícios sociais, enquanto políticos nacionalistas a tomam como símbolo dos ataques ao bem-estar adquirido, e exigem o fechamento das fronteiras.
Em menor escala, o século XXI assiste a um crescimento de movimentos políticos radicais como o dos anos 1930, após a quebra de Wall Street em 1929. O Front National de Le Pen, na França, e o Partido da Liberdade de Geert Wilders, na Holanda, são os exemplos mais caricatos. A instabilidade econômica afasta as populações da política tradicional, baixando os índices de comparecimento às urnas a níveis alarmantes. Greves, como a que paralisou transportes, correios e demais serviços públicos na França em março e junho, se sucedem a intervalos cada vez menores.
Em artigo de 2005, o sociólogo brasileiro Erni Seibel associa os cortes de benefícios sociais ao aumento de gastos militares, penitenciários e policiais. Em vez de universidades, investe-se nas guerras ao terror, às drogas, à pedofilia, à pirataria virtual. Analistas enxergam nesse movimento a substituição do Estado do bem-estar por um Estado-vigilância, concretizando a "sociedade de controle" prevista pelo filósofo Gilles Deleuze. O recurso crescente a forças policiais e medidas judiciais repressivas é expressão de uma armadilha política que a perspectiva econômica não capta.
Sem as proteções do Estado, a população não tem motivo para se manter sob controle, como queriam Bismarck e Beveridge. Agitações sociais tendem a se tornar mais frequentes, forças policiais e tribunais se mostram menos tolerantes. A história revela que são duas as respostas conhecidas para a agitação popular: as políticas sociais e a repressão policial. A segunda alternativa era majoritária até o entre-guerras, mas levou a um sistema de instabilidade política constante e a eventos sangrentos como os de 1830, 1848 e 1871. Após a Segunda Guerra, o poder das armas foi contrabalançado pela estratégia fordista de incorporar o trabalho aos ganhos do capital, diretamente ou com intervenção do Estado. Este segundo modelo também parece ter se esgotado, deixando em suspenso o que poderá ser o seu sucedâneo
Por Diego Viana, para o Valor, de Paris
02/07/2010
Operários da siderúrgica ArcelorMittal protestam, em Marselha, contra plano do governo de Nicolas Sarkozy de aumentar a idade mínima de aposentadoria para 62 anos
Nos últimos 20 anos, os três modelos políticos e econômicos do século XX sofreram sérios abalos. A economia planejada ruiu com o Muro de Berlim, em 1989, vencida pelo que parecia ser a era do mercado autorregulador. Nos desdobramentos da crise financeira irrompida em 2008, contudo, e ao fim de uma década de estagnação no mundo desenvolvido, a desregulação terminou relegada pelos pacotes de salvação a bancos e de estímulo à produção, nos EUA e na Europa. Chegou, então, o momento de o Estado do bem-estar social ser atacado em suas vulnerabilidades. Síntese de teorias econômicas (o keynesianismo de John Hicks e Paul Samuelson) e preocupações políticas (manter afastado o perigo soviético), o Estado do bem-estar foi considerado responsável pelo período de maior prosperidade que o mundo conheceu, entre 1945 e 1975, os "30 gloriosos" da França, ou "wirtschaftswunder" (milagre econômico) alemão. Perdeu força e presença, porém, na década de 1970, e sofre estremecimentos a cada nova crise.
Desde que a degradação da economia grega chamou atenção para os déficits explosivos europeus, os governos do continente se sucedem em anúncios de medidas de austeridade. Na Grécia, cortam-se salários e aposentadorias, aumentam-se impostos, e o resultado é uma economia de € 30 bilhões. A Espanha adiantou-se ao perigo e decidiu fazer cortes de € 65 bilhões. Principal economia do continente, a Alemanha de Angela Merkel promete cortar € 80 bilhões até 2014. Mas o caso grego revela também a dimensão extraeconômica da questão.
Bloomberg
O recurso crescente a forças policiais e medidas judiciais repressivas é expressão de uma armadilha política que a perspectiva econômica aplicada à crítica dos gastos públicos não capta
Os três mortos legados pela onda de protestos que sacudiu Atenas em maio são o último capítulo de uma crescente instabilidade social que remonta à greve dos mineiros britânicos em 1984, em oposição à política liberal de Margaret Thatcher. Protestos e confrontos com as forças policiais se espalharam pelo continente nesse meio-tempo. Em 24 de junho, os serviços públicos foram interrompidos na França pela terceira vez em um ano, em antecipação ao aperto fiscal que o governo de Nicolas Sarkozy prepara. Na Itália, as manifestações do último fim de semana levaram às ruas mais de um milhão de pessoas.
Os aspectos extraeconômicos da crise costumam ser ignorados nos debates sobre as respostas a dar. Analistas liberais denunciam as despesas sociais como intervenção do Estado no mercado. O cientista político escocês Paul Spicker explica que a direita europeia, fundada em raízes aristocráticas, é mais simpática aos benefícios sociais concedidos ou intermediados pelo Estado. As esquerdas se dividem: para alguns, a supressão da assistência social afasta os eleitores da direita tradicional; para outros, representa a passagem de poder do capital industrial para o financeiro. Assim, a argumentação principal a favor das políticas sociais vem dos sindicatos, que denunciam um ataque do poder financeiro a direitos de cidadania, como segurança econômica, saúde, educação. Em vários países da Europa continental, cabe aos sindicatos organizar as transferências de recursos.
Até o século XIX, as políticas que caracterizariam o Estado do bem-estar cabiam majoritariamente a sociedades caritativas. Ao final do século XVIII, enquanto Adam Smith desenvolvia sua teoria dos sentimentos morais, o parlamentar conservador britânico Edmund Burke afirmava que "o Estado é um mecanismo humano para atender necessidades humanas". As primeiras leis sociais foram implantadas pelo barão Otto von Bismarck na Prússia imperial. Era uma legislação que reduzia o tempo de trabalho e estabelecia fundos de previdência. Bismarck tinha por objetivo manter os operários alemães sob controle e afastados de agitações revolucionárias. Foi uma estratégia eficaz, que Lênin classificaria, décadas mais tarde, como "suborno" e embrião da "aristocracia operária", camada de trabalhadores aliados ao capital. Na mesma época, o governo de Napoleão III na França, temendo perdas demográficas, instituiu incentivos a famílias numerosas, com o aval da Igreja Católica: geraria ovelhas para o rebanho de Cristo e soldados para o exército francês.
AP
Na reunião do G-20 em Toronto, os governantes abrem seus sorrisos para o mundo: nada a ver com a gravidade das questões em debate, relacionadas a uma crise que, na Europa, tem nos déficits públicos um sério complicador
Os governos europeus concentraram-se nas políticas sociais ao fim da Segunda Guerra Mundial, preocupados em evitar a catástrofe social da década de 1930, que se seguiu à quebra de Wall Street. O desamparo das populações resultou em massacres, radicalismo e guerra. A política da reconstrução foi pautada pela busca da estabilidade e do pleno emprego, como na fórmula de seu maior formulador, o economista britânico William Beveridge: "segurança, do berço à sepultura". As décadas seguintes foram de intenso crescimento, redução de desigualdade e baixa inflação. Governos aplicavam receitas keynesianas para manter a atividade econômica, serviços públicos de saúde atendiam a toda a população dos países europeus, bolsas mantinham jovens no ensino superior e afastados do mercado, programas de seguro-desemprego e requalificação amainavam o impacto de choques econômicos. O sistema público de educação francês foi apelidado de "ascensor social", por seu poder de promover a igualdade. A paz europeia, frustrada há séculos, foi assegurada.
O sociólogo dinamarquês Gösta Esping-Andersen estabeleceu uma tipologia que distingue três modelos principais de Estado do bem-estar. O dominante na Europa é o chamado "corporativo" ou "mutualista", em que o governo constitui fundos com a participação de empresas, sindicatos e grupos civis para a redistribuição de recursos. Assim, a redistribuição de renda não se dá por despesas do governo, mas por transferências entre setores, e não precisam ser feitos cortes no orçamento público. Programas sociais "liberais", como o britânico, herdeiro de projetos assistenciais, usam testes para avaliar as necessidades de parcelas da população, e intervêm nesses pontos. O modelo escandinavo é o mais rígido e estatal: com recursos de uma carga tributária altíssima, os governos garantem a baixa desigualdade de renda e o amplo acesso da população a serviços públicos.
Antes que as crises dos anos 1970 abalassem a relação íntima entre Estado e iniciativa privada, os primeiros sinais de esgotamento apareceram nos anos 1960. No plano econômico, tudo ia bem, com pleno emprego, crescimento e superávits. Mas, como afirma o geógrafo marxista David Harvey, os sindicatos começavam a acumular força política. Ao mesmo tempo, jovens que cresceram no período de abundância não aceitavam viver segundo regras morais herdadas de épocas difíceis. Os eventos de 1968 sintetizam essas tendências: estudantes lutando por liberdade, operários por poder.
A prosperidade trouxe grandes desafios para os formuladores de políticas sociais: queda na fertilidade, aumento da expectativa de vida, escassez de mão de obra. O financiamento da previdência passou a pesar nos orçamentos públicos com o envelhecimento da população. O formato corporativo sofreu consequências de mudanças na estrutura de emprego: sua formulação baseada em redistribuição de recursos, o fim da economia de pleno emprego e as terceirizações, tudo contribuía para que seu mecanismo de funcionamento se visse ameaçado.
Com a crise do petróleo nos anos 1970, seguida de inflação, desemprego e queda no crescimento, surgiram os primeiros déficits públicos, endêmicos na Comunidade Europeia desde 1980. Na França, a taxa de inflação passou de 2,7% em 1966 para 13,7% em 1974. O desemprego atingiu 3% em 1975 e 7% em 1982. A era do pleno emprego era página virada. Desde 2008, a taxa de desemprego supera os 10% na zona do euro. O crescimento acelerado também é coisa do passado. A taxa de expansão do PIB europeu não passou de 3% em nenhum ano do século XXI.
Desde então, somando os maus números econômicos à reconfiguração da geopolítica, os partidos conservadores europeus afastaram-se dos sindicatos e das políticas sociais e passaram a defender ideias desreguladoras. O campo tornava-se fértil para o florescimento da era Thatcher. Governos de esquerda, como o de François Mitterrand na França, a partir de 1981, tentavam conciliar as exigências de benefícios sociais com a introdução de um regime controlado por grupos privados. Sistemas de previdência, saúde e educação passam a ser mistos, com um papel crescente para o mercado.
Como a cultura da segurança social está arraigada na consciência europeia, políticos raramente falam em supressão de políticas sociais. O termo mais empregado é "reforma". O governo trabalhista britânico, que chegou ao fim em maio, subiu ao poder em 1997 com Tony Blair anunciando o advento de uma "terceira via" entre a economia planejada e o capitalismo desabrido. Assim como os socialistas do governo Mitterrand, os trabalhistas britânicos argumentavam que o mundo mudou desde a implementação do bem-estar social, e o próprio sistema deveria se adaptar, sob risco de colapso. Com isso, as esquerdas europeias impuseram mudanças que, mesmo à direita, haviam sido bloqueadas: privatizações, alterações do regime de aposentadorias, liberalização das transações financeiras. Tais reformas foram a tônica dos últimos 30 anos, com frequentes passos atrás, porém, a cada vez que uma crise reduz a confiança popular na iniciativa privada.
Nos últimos dez anos, a ideia, tradicionalmente americana, de oposição entre Estado e iniciativa privada ganhou terreno na Europa. Na França, Nicolas Sarkozy foi eleito presidente em 2007 com um discurso de reaproximação com os EUA, não só diplomática, como econômica. O "american way of life" era citado como exemplo de ética econômica, refletida na fórmula "trabalhar mais para ganhar mais", que deu a Sarkozy a vitória. Desde então, a crise dos subprimes apagou o encanto dos EUA e, com ele, o de Sarkozy, na opinião pública francesa, à direita e à esquerda.
A implosão grega parece ser a gota d ' água para o processo de reforma na Europa. O jornalista econômico americano Robert Samuelson chegou a chamar a crise atual de "espiral da morte do Estado-providência europeu". O ministro das Finanças alemão, Wolfgang Schäuble, defende seu programa de austeridade negando que um orçamento no vermelho incentive o crescimento e opondo-se ao apelo dos vizinhos por mais consumo. Após a derrocada da economia dos EUA entre 2007 e 2009, a crise europeia, com as imagens assustadoras que chegam da Grécia, tornou-se um prato cheio para economistas ortodoxos: a instabilidade decorre dos déficits, e os déficits são consequência da política social, eis o diagnóstico. O Estado do bem-estar, nascido para amainar as tensões sociais decorrentes da crise de 1929, resultaria inevitavelmente na bancarrota, afirmam.
Defensores dos programas sociais dizem que os déficits não são necessariamente resultado de liberalidades de governos generosos - ao menos, não com a população. Como assinala Paul Spicker, "a maior parte do déficit europeu não resulta de 'gastos sociais', mas de empréstimos maciços para o setor financeiro e perdas de receita com a recessão". Para Spicker, a reação dos governos europeus à crise é perturbadora, porque representa uma volta aos anos 1930. "A recessão atual é absurdamente retratada como resultado de extravagâncias do governo, embora seja claramente o produto da atividade irresponsável de mercados desregulados". Robert Samuelson, em seu artigo sobre a Grécia, aponta o ciclo vicioso econômico: sem crescimento, a dívida não vai cair e o problema persistirá. Com corte de gastos e aumento de impostos, a tendência é para haver menos consumo e menos crescimento, e isso resultará em novos déficits.
A própria Grécia pode servir de exemplo para ambos os argumentos. Sua entrada na zona do euro foi fruto de maquiagens contábeis, que esconderam déficits anteriores à expansão das políticas sociais, incentivada pela União Europeia (UE). Nascidas com a ascensão ao poder do partido socialista pan-helênico (Pasok), em 1981, essas políticas eram uma forma de romper a tradição herdada da junta militar que governou o país até 1974. E os artifícios orçamentários compunham uma estratégia para obter financiamentos da UE.
À parte as questões financeiras, as circunstâncias da "espiral da morte" do bem-estar social lembram as agitações que desencadearam sua implantação. O cientista político italiano Giuseppe Vacca associa a crise do Estado do bem-estar à superação do Estado-nação, provedor dos benefícios sociais. Fenômenos que desequilibram a balança de poder, como a globalização, introduzem novos concorrentes, sob a forma de mão de obra barata de países pobres. Outra manifestação da fluidificação das relações econômicas é a imigração, tomada por partidos de linha liberal como claro indício da necessidade de flexibilizar benefícios sociais, enquanto políticos nacionalistas a tomam como símbolo dos ataques ao bem-estar adquirido, e exigem o fechamento das fronteiras.
Em menor escala, o século XXI assiste a um crescimento de movimentos políticos radicais como o dos anos 1930, após a quebra de Wall Street em 1929. O Front National de Le Pen, na França, e o Partido da Liberdade de Geert Wilders, na Holanda, são os exemplos mais caricatos. A instabilidade econômica afasta as populações da política tradicional, baixando os índices de comparecimento às urnas a níveis alarmantes. Greves, como a que paralisou transportes, correios e demais serviços públicos na França em março e junho, se sucedem a intervalos cada vez menores.
Em artigo de 2005, o sociólogo brasileiro Erni Seibel associa os cortes de benefícios sociais ao aumento de gastos militares, penitenciários e policiais. Em vez de universidades, investe-se nas guerras ao terror, às drogas, à pedofilia, à pirataria virtual. Analistas enxergam nesse movimento a substituição do Estado do bem-estar por um Estado-vigilância, concretizando a "sociedade de controle" prevista pelo filósofo Gilles Deleuze. O recurso crescente a forças policiais e medidas judiciais repressivas é expressão de uma armadilha política que a perspectiva econômica não capta.
Sem as proteções do Estado, a população não tem motivo para se manter sob controle, como queriam Bismarck e Beveridge. Agitações sociais tendem a se tornar mais frequentes, forças policiais e tribunais se mostram menos tolerantes. A história revela que são duas as respostas conhecidas para a agitação popular: as políticas sociais e a repressão policial. A segunda alternativa era majoritária até o entre-guerras, mas levou a um sistema de instabilidade política constante e a eventos sangrentos como os de 1830, 1848 e 1871. Após a Segunda Guerra, o poder das armas foi contrabalançado pela estratégia fordista de incorporar o trabalho aos ganhos do capital, diretamente ou com intervenção do Estado. Este segundo modelo também parece ter se esgotado, deixando em suspenso o que poderá ser o seu sucedâneo
segunda-feira, 28 de junho de 2010
Precaução - origem do termo
No Magazine Littéraire de junho de 2010 número 498, pág, 106 na seção tradicional da revista sobre as origens das palavras na lingua francesa, discute-se a origem de "precaução" (principio). Ela vem do latin da inscrição "cave canem". "Cautio" vem é o substantivo originário do verbo "cavere". Tenha temor pelos caês. Assim, a marca da precaução é o medo, é o temor ao futuro. O século XVIII fala-se "tomar precauções" - torna-se então um ato sábio. O autor do estudo sobre "precaução" alerta que hoje deveriamos falar mais de "postcaution" que retrataria o quadro do século XXI - os responsáveis não pagam pelos erros e sim as vitimas.
Equador e a questão do petroleo
Folha de São Paulo de 28 de junho de 2010
Governo Correa fecha cerco a petroleiras
Presidente propõe lei que garante ao Equador 25% da renda bruta de campos explorados por empresas estrangeiras
Petrobras, que extrai 32 mil barris por dia no país andino, estaria entre as companhias afetadas por mudança
Dolores Ochoa - 25.jun.10/Associated Press
O presidente do Equador, Rafael Correa, entre os colegas Evo Morales (à esq.) e Hugo Chávez durante cúpula da Alba
FLÁVIA MARREIRO
DE CARACAS
O presidente do Equador, Rafael Correa, enviou ao Legislativo, para tramitação urgente, projeto de reforma da lei de hidrocarbonetos para regular os contratos com 34 petroleiras privadas no país -entre elas a Petrobras.
O projeto, enviado na sexta-feira, terá força de lei se não for votado em até um mês e é mais uma tentativa do governo esquerdista para pressionar as companhias a migrarem do atual contrato, no qual têm participação no negócio, para regime no qual serão prestadoras de serviço, com maior margem de arrecadação para o Estado.
A novela da renegociação se arrasta desde 2007, e Correa tem dito que as empresas que não se ajustarem ao novo marco legal receberão pelo que investiram e serão convidadas a deixar o país.
Em outubro de 2008, a Petrobras foi a primeira petroleira estrangeira a anunciar que aceitava negociar com o governo um novo regime tributário. À época, foi fixado prazo de um ano para as discussões, mas o processo se alonga até agora.
Os negócios da petroleira estatal no Equador incluem o bloco 18, que produz em média 32 mil barris de petróleo por dia, e o campo unificado de Palo Azul.
NOVO REGIME
A partir da sanção da nova legislação, as companhias com maior volume de negócios no país terão 120 dias para assinar o novo contrato.
Além da Petrobras, fazem parte da categoria a hispano-argentina Repsol-YPF, o consórcio chinês Andes Petroleum e a italiana Eni.
O prazo-limite responde a reiteradas declarações de Correa sobre o "fim da paciência" com as petroleiras e acusações de que, com a postergação, elas ganhavam dinheiro por conta da recuperação dos preços do petróleo no mercado mundial.
Em maio, o ministro de Recursos Não Renováveis do Equador, Wilson Pastor, incluiu a Petrobras entre as empresas nas quais via disposição para negociar. Na última semana, afirmou, em entrevista ao jornal "El Comercio" que as empresas terão rentabilidade "razoável" sob o novo regime, ainda que ele não seja atrativo para todas.
"Empresas como a Repsol vão ficar, as empresas chinesas vão ampliar sua atividade de exploração, mas grandes companhias como a [americana] Exxon não estariam interessadas em vir porque os campos do Equador já são maduros [já há algum tempo em exploração]."
Pela lei, o Estado equatoriano cria a "margem de soberania" pelo qual o governo deve ficar com ao menos 25% da renda bruta dos campos. Segundo o "El Comercio", essa fatia poderá ser paga pelas petroleiras em dinheiro ou em barril de petróleo.
O projeto prevê ainda um imposto fixo único a ser cobrado por barril de petróleo extraído, que considerará riscos do campo e investimentos feitos pelas empresas. A fórmula de ressarcimento pelos investimentos é um dos pontos-chave da negociação, já que o governo também cobra frequentemente as petroleiras pelo tema.
Segundo Pastor, as principais petroleiras privadas oferecem investir no país US$ 1,8 bilhão nos próximos cinco anos, quantia que o governo considera insuficiente.
O governo Correa pressiona para aumentar arrecadação do Estado no setor -que financia 25% do Orçamento equatoriano- no momento em que o país enfrenta queda na produção. De janeiro a maio, as empresas privadas reportaram redução de 10% na extração.
O Equador é o menor produtor em volume de petróleo a integrar a Opep (Organização dos Países Exportadores de Petróleo). O país produz 470 mil barris por dia -quase a metade é extraída por companhias privadas.
Governo Correa fecha cerco a petroleiras
Presidente propõe lei que garante ao Equador 25% da renda bruta de campos explorados por empresas estrangeiras
Petrobras, que extrai 32 mil barris por dia no país andino, estaria entre as companhias afetadas por mudança
Dolores Ochoa - 25.jun.10/Associated Press
O presidente do Equador, Rafael Correa, entre os colegas Evo Morales (à esq.) e Hugo Chávez durante cúpula da Alba
FLÁVIA MARREIRO
DE CARACAS
O presidente do Equador, Rafael Correa, enviou ao Legislativo, para tramitação urgente, projeto de reforma da lei de hidrocarbonetos para regular os contratos com 34 petroleiras privadas no país -entre elas a Petrobras.
O projeto, enviado na sexta-feira, terá força de lei se não for votado em até um mês e é mais uma tentativa do governo esquerdista para pressionar as companhias a migrarem do atual contrato, no qual têm participação no negócio, para regime no qual serão prestadoras de serviço, com maior margem de arrecadação para o Estado.
A novela da renegociação se arrasta desde 2007, e Correa tem dito que as empresas que não se ajustarem ao novo marco legal receberão pelo que investiram e serão convidadas a deixar o país.
Em outubro de 2008, a Petrobras foi a primeira petroleira estrangeira a anunciar que aceitava negociar com o governo um novo regime tributário. À época, foi fixado prazo de um ano para as discussões, mas o processo se alonga até agora.
Os negócios da petroleira estatal no Equador incluem o bloco 18, que produz em média 32 mil barris de petróleo por dia, e o campo unificado de Palo Azul.
NOVO REGIME
A partir da sanção da nova legislação, as companhias com maior volume de negócios no país terão 120 dias para assinar o novo contrato.
Além da Petrobras, fazem parte da categoria a hispano-argentina Repsol-YPF, o consórcio chinês Andes Petroleum e a italiana Eni.
O prazo-limite responde a reiteradas declarações de Correa sobre o "fim da paciência" com as petroleiras e acusações de que, com a postergação, elas ganhavam dinheiro por conta da recuperação dos preços do petróleo no mercado mundial.
Em maio, o ministro de Recursos Não Renováveis do Equador, Wilson Pastor, incluiu a Petrobras entre as empresas nas quais via disposição para negociar. Na última semana, afirmou, em entrevista ao jornal "El Comercio" que as empresas terão rentabilidade "razoável" sob o novo regime, ainda que ele não seja atrativo para todas.
"Empresas como a Repsol vão ficar, as empresas chinesas vão ampliar sua atividade de exploração, mas grandes companhias como a [americana] Exxon não estariam interessadas em vir porque os campos do Equador já são maduros [já há algum tempo em exploração]."
Pela lei, o Estado equatoriano cria a "margem de soberania" pelo qual o governo deve ficar com ao menos 25% da renda bruta dos campos. Segundo o "El Comercio", essa fatia poderá ser paga pelas petroleiras em dinheiro ou em barril de petróleo.
O projeto prevê ainda um imposto fixo único a ser cobrado por barril de petróleo extraído, que considerará riscos do campo e investimentos feitos pelas empresas. A fórmula de ressarcimento pelos investimentos é um dos pontos-chave da negociação, já que o governo também cobra frequentemente as petroleiras pelo tema.
Segundo Pastor, as principais petroleiras privadas oferecem investir no país US$ 1,8 bilhão nos próximos cinco anos, quantia que o governo considera insuficiente.
O governo Correa pressiona para aumentar arrecadação do Estado no setor -que financia 25% do Orçamento equatoriano- no momento em que o país enfrenta queda na produção. De janeiro a maio, as empresas privadas reportaram redução de 10% na extração.
O Equador é o menor produtor em volume de petróleo a integrar a Opep (Organização dos Países Exportadores de Petróleo). O país produz 470 mil barris por dia -quase a metade é extraída por companhias privadas.
domingo, 27 de junho de 2010
Democracia e militarismo
Folha de São Paulo 27 de junho de 2010
ANÁLISE GUERRA DO AFEGANISTÃO
Militarismo e democracia não combinam
Historicamente temerosos de um golpe militar, EUA protegem população civil para combater insurgentes
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PRESIDENTES PODEM CONSULTAR OS MILITARES EM QUESTÕES TÉCNICAS, MAS TOMAM DECISÕES POLÍTICAS
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RICARDO BONALUME NETO
DE SÃO PAULO
Uma foto que esta Folha publicou na quinta-feira passada é uma perfeita e concisa aula de republicanismo e de relações entre civis e militares em uma democracia.
Citando a legenda: "Obama chega para pronunciamento seguido do general David Petraeus, o secretário da Defesa, Robert Gates, o vice-presidente, Joe Biden, e o almirante Michael Mullen".
O presidente americano, civil -poderia até ter sido um militar de carreira, mas é um civil como presidente, como foi o general Dwight Eisenhower- e presidente de uma das mais antigas repúblicas e democracias do planeta, é seguido, e não liderado, pelos seus chefes militares e pelo chefe, civil, do ministério que cuida das Forças Armadas.
A foto foi causada pelo episódio da remoção do general Stanley McChrystal do comando das forças no Afeganistão por ter criticado o presidente e tem o significado extra de lembrar os dilemas da maior potência militar nas suas duas grandes guerras, no Iraque e no Afeganistão.
Para o brasileiro, poderia parecer "briga na casa do lado". Mas os dois temas -relação poder civil e poder militar e guerra de contrainsurgência- também afetam o país. Por exemplo, na Amazônia, no Haiti e nos morros e favelas do Rio e de São Paulo.
Democracia e militarismo não combinam, como atesta a história das Américas.
Os Estados Unidos da América se tornaram independentes após dura guerra de libertação. Mas seus "pais da pátria" morriam de medo dos líderes militares estarem interessados em tomar o poder. Tiveram sorte com George Washington, que ganhou a guerra e era um general e político eficiente sem sonhos de virar um Napoleão.
Os países ao Sul, ao contrário, tiveram longas e desgastantes intervenções militares na sua governança.
Outro período difícil nos EUA foi a Guerra Civil. Mais uma vez surge o risco do militarismo. O presidente Abraham Lincoln driblou problemas políticos, mas tinha dificuldade de achar bons generais. Achou alguns poucos bons, um dos quais -Ulysses Grant- terminou também virando presidente depois.
O medo americano do militarismo fica claro ao se ver o tamanho do Exército comparado ao da Marinha. Na guerras mundiais, a Marinha era uma das maiores do planeta; o Exército estava longe disso.
O mesmo acontecia na "pátria-mãe": o Reino Unido tinha então a maior Marinha do planeta e um Exército de parada. Bonito de ver, por sinal, pois, se havia uma Marinha Real, não havia "Exército Real"; reais eram os regimentos, e cada um usava o uniforme de que gostava...
Na Guerra da Coreia, o presidente americano Harry Truman teve de tirar do cargo um general de proporções míticas, Douglas MacArthur, também por insubordinação.
Mas como um presidente "comandante em chefe", em geral ignorante de assuntos militares, pode comandar as Forças Armadas? Para isso ele depende do conselho dos militares; mas a decisão política é sua. Voltando às guerras deste século: a maioria não é "convencional", é "assimétrica". Ou seja, mais política que militar.
TÁTICA
O general David Petraeus, um dos mais brilhantes da geração, percebeu o óbvio: você não ganha de insurgentes com poder de fogo, e sim protegendo a população.
Foi ele quem reescreveu o manual do Exército de anti-insurgência, algo em que não se mexia desde a clássica derrota no gênero, no Vietnã.
Resumindo: o fundamental é proteger a população e livrá-la do contato com "bandidos", seja numa favela em Bagdá ou no Rio ou no Haiti, ou na zona rural do Afeganistão. O Brasil tem bom currículo, como já havia demonstrado a eficiente derrota dos guerrilheiros no Araguaia.
Vai dar certo no Afeganistão? Difícil dizer.
Os britânicos venceram na Irlanda do Norte com paciência (uns 30 anos!), sem força excessiva, tentando respeitar a lei. Os sírios também venceram com estratégia oposta na cidade de Hama, em 1982: bombardeando e matando.
Claro, essa não é uma opção para uma democracia.
ANÁLISE GUERRA DO AFEGANISTÃO
Militarismo e democracia não combinam
Historicamente temerosos de um golpe militar, EUA protegem população civil para combater insurgentes
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PRESIDENTES PODEM CONSULTAR OS MILITARES EM QUESTÕES TÉCNICAS, MAS TOMAM DECISÕES POLÍTICAS
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RICARDO BONALUME NETO
DE SÃO PAULO
Uma foto que esta Folha publicou na quinta-feira passada é uma perfeita e concisa aula de republicanismo e de relações entre civis e militares em uma democracia.
Citando a legenda: "Obama chega para pronunciamento seguido do general David Petraeus, o secretário da Defesa, Robert Gates, o vice-presidente, Joe Biden, e o almirante Michael Mullen".
O presidente americano, civil -poderia até ter sido um militar de carreira, mas é um civil como presidente, como foi o general Dwight Eisenhower- e presidente de uma das mais antigas repúblicas e democracias do planeta, é seguido, e não liderado, pelos seus chefes militares e pelo chefe, civil, do ministério que cuida das Forças Armadas.
A foto foi causada pelo episódio da remoção do general Stanley McChrystal do comando das forças no Afeganistão por ter criticado o presidente e tem o significado extra de lembrar os dilemas da maior potência militar nas suas duas grandes guerras, no Iraque e no Afeganistão.
Para o brasileiro, poderia parecer "briga na casa do lado". Mas os dois temas -relação poder civil e poder militar e guerra de contrainsurgência- também afetam o país. Por exemplo, na Amazônia, no Haiti e nos morros e favelas do Rio e de São Paulo.
Democracia e militarismo não combinam, como atesta a história das Américas.
Os Estados Unidos da América se tornaram independentes após dura guerra de libertação. Mas seus "pais da pátria" morriam de medo dos líderes militares estarem interessados em tomar o poder. Tiveram sorte com George Washington, que ganhou a guerra e era um general e político eficiente sem sonhos de virar um Napoleão.
Os países ao Sul, ao contrário, tiveram longas e desgastantes intervenções militares na sua governança.
Outro período difícil nos EUA foi a Guerra Civil. Mais uma vez surge o risco do militarismo. O presidente Abraham Lincoln driblou problemas políticos, mas tinha dificuldade de achar bons generais. Achou alguns poucos bons, um dos quais -Ulysses Grant- terminou também virando presidente depois.
O medo americano do militarismo fica claro ao se ver o tamanho do Exército comparado ao da Marinha. Na guerras mundiais, a Marinha era uma das maiores do planeta; o Exército estava longe disso.
O mesmo acontecia na "pátria-mãe": o Reino Unido tinha então a maior Marinha do planeta e um Exército de parada. Bonito de ver, por sinal, pois, se havia uma Marinha Real, não havia "Exército Real"; reais eram os regimentos, e cada um usava o uniforme de que gostava...
Na Guerra da Coreia, o presidente americano Harry Truman teve de tirar do cargo um general de proporções míticas, Douglas MacArthur, também por insubordinação.
Mas como um presidente "comandante em chefe", em geral ignorante de assuntos militares, pode comandar as Forças Armadas? Para isso ele depende do conselho dos militares; mas a decisão política é sua. Voltando às guerras deste século: a maioria não é "convencional", é "assimétrica". Ou seja, mais política que militar.
TÁTICA
O general David Petraeus, um dos mais brilhantes da geração, percebeu o óbvio: você não ganha de insurgentes com poder de fogo, e sim protegendo a população.
Foi ele quem reescreveu o manual do Exército de anti-insurgência, algo em que não se mexia desde a clássica derrota no gênero, no Vietnã.
Resumindo: o fundamental é proteger a população e livrá-la do contato com "bandidos", seja numa favela em Bagdá ou no Rio ou no Haiti, ou na zona rural do Afeganistão. O Brasil tem bom currículo, como já havia demonstrado a eficiente derrota dos guerrilheiros no Araguaia.
Vai dar certo no Afeganistão? Difícil dizer.
Os britânicos venceram na Irlanda do Norte com paciência (uns 30 anos!), sem força excessiva, tentando respeitar a lei. Os sírios também venceram com estratégia oposta na cidade de Hama, em 1982: bombardeando e matando.
Claro, essa não é uma opção para uma democracia.
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