El término más complejo del Estatut
Se han dado muchos significados a la palabra nación, pero si se la identifica con la posesión de una lengua, la Cataluña bilingüe sólo es una nación a medias. De ahí deriva la presión para que se 'normalice' el catalán
IGNACIO SOTELO 06/02/2010
En efecto, el término "nación" tiene diferentes significados, obviedad que en cierta ocasión manifestó José Luis Rodríguez Zapatero, escandalizando a no pocos. En el actual litigio sobre si Cataluña es una nación tenemos que considerar al menos tres acepciones. El vocablo latino natio, nacimiento, en sentido figurado significa también el conjunto de personas que tienen un origen común. En las universidades medievales los estudiantes se clasifican por "naciones" y nada de particular tiene que los clásicos, desde Cervantes a Calderón de la Barca, se refiriesen a la "nación catalana". La identidad residía en la religión -judíos, moros y cristianos- y ya en el Reino de Aragón el bilingüismo era una realidad plena, sin que surgiese problema alguno.
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Sería catastrófico que la enseñanza se bifurcara según la lengua y los padres tuvieran que elegir
En ciertos ámbitos, como la prensa y el libro, el castellano sigue manteniendo el dominio
El concepto moderno de nación surge del binomio Estado-sociedad que diferencia dos elementos que hasta el Renacimiento permanecían unidos en un sólo término, polis, societas, república. Por un lado, el Estado monopoliza un poder absoluto (ab-solutum, desprendido, autónomo de cualquier otro poder, espiritual o temporal, que Bodino llama soberanía) y, por otro, la sociedad civil se define, bien por haber sido despojada de cualquier poder propio (Hobbes), bien por mantener un fondo de poder, vinculado a la propiedad y la familia, que el Estado nace justamente para proteger (Locke).
A partir de este binomio, un primer concepto de nación procede de trasladar la soberanía del monarca a la "nación", es decir, al conjunto de la sociedad civil, de modo que los súbditos se conviertan en ciudadanos. La soberanía reside en la nación, es decir, en el conjunto de la ciudadanía de la que emanan todos los poderes del Estado.
En cambio, en una Alemania, políticamente atrasada, tanto por estar fraccionada en multitud de entidades políticas, como por detentar la soberanía el monarca con el título de rey, príncipe, duque, o el que fuere, el concepto de nación de la Revolución Francesa resulta inalcanzable. En esta coyuntura los alemanes inventan un nuevo concepto de nación, que tal vez convenga llamar romántico, como revolucionario al francés, y que tiene en Herder su más cabal representante.
Como reacción al cosmopolitismo de la Ilustración, Herder define la nación como el sentimiento de pertenecer a un pueblo, en sí mismo diferenciado de todos los demás, en primer lugar, por la lengua que, junto a la religión y al derecho, productos de una historia común, marcan sus rasgos más profundos.
Es bien sabido que la idea de nación que cunde en Cataluña desde finales del siglo XIX es la herderiana. En La nacionalitat catalana (1906), Enric Prat de la Riba escribe "Cataluña tenía lengua, derecho, arte propios; tenía un espíritu nacional, un carácter nacional, un pensamiento nacional: Cataluña era, pues una Nación". Y poco más adelante enlaza este hecho con "la tendencia de cada Nación a tener un Estado propio que traduzca su criterio, su sentimiento, su voluntad colectiva; la anormalidad morbosa de vivir sujeta al Estado, organizado, inspirado, dirigido por otra Nación; el derecho de cada Nación a constituirse en Estado" (traducción de Antonio Royo Villanova, 1927). Como indica el título del libro citado, en Cataluña los conceptos de nación y de nacionalidad eran, y para muchos continúan siendo, intercambiables. Es la Constitución de 1978 la que distingue entre nación, nacionalidad y región.
Estas dos ideas -aunque más la de constituir una nación, que la de necesitar un Estado propio- están asentadas en una buena parte de los catalanes, sólidamente al menos en su clase política, y han impregnado de manera clara el Estatut aprobado por el Parlamento catalán, sin haber desaparecido por completo del que pulieron las Cortes españolas y luego se ratificó en referéndum.
Las diferentes interpretaciones provienen de los dos conceptos de nación que se manejan. La nación entendida en el sentido herderiano como un sentimiento de pertenencia a un pueblo, con una lengua y una cultura propias, producto de una historia común, aun podría encajar en la Constitución; pero el concepto revolucionario francés de nación como "soberanía popular" difícilmente parece compatible con el artículo 1, párrafo 2, y el artículo 2, que preceptúan un Estado, ni federal ni confederal, sino claramente unitario, que incluso mantiene la provincia como su estructura territorial básica, a la vez que prescribe la "nación española", como la única fuente de la soberanía.
Sobre un solo Estado y una sola nación la Constitución establece las Comunidades Autónomas, como el instrumento idóneo para llevar a cabo la descentralización. El modelo que prescribe la Constitución es un Estado unitario descentralizado.
Lo más grave y peliagudo es que el término de "nación catalana" no constituye tan sólo un problema de encaje jurídico-constitucional -un derecho vivo ha de encontrar siempre la forma de adaptarse a la realidad, y no a la inversa-, sino que la idea herderiana de nación, basada en la posesión de una lengua propia, a la que se remiten los catalanes desde el siglo XIX, no se ajusta a la realidad. Si la nación se identifica por la posesión de una lengua, la Cataluña bilingüe es una nación a medias, al compartir territorio con otra nación, que tiene como lengua materna otra lengua, aunque conozca y se desenvuelva también en catalán.
La idea herderiana de nación se basa en que cada pueblo tiene una lengua propia que expresa su forma de ser. Medida con este criterio Cataluña, más que una nación, es el afán de llegar a ser una nación -en construir la nación consiste el empeño básico del catalanismo- que lo conseguiría el día en que toda la población tenga el catalán como primera lengua materna, y no sólo vehicular, a la que se añaden las otras lenguas de uso, el castellano y el inglés.
La cuestión de la lengua es así la cuestión central del nacionalismo catalán en la que no puede admitir retrocesos. Todos los habitantes de Cataluña tienen el deber de dominarlo, la Administración comunica con el público sólo en catalán y la enseñanza desde el jardín de infancia hasta la universidad se hace en catalán. Cataluña será una nación plena cuando tenga una sola lengua con la que se identifiquen todos sus habitantes, aunque se mantengan otras lenguas de uso y comunicación.
Pero por alta que haya sido la presión lingüística bajo el manto de la normalización, y ha ido en aumento, los resultados son bien mediocres. Cataluña sigue dividida en dos comunidades lingüísticas, la castellano y la catalanoparlante.
Si se toma en serio a Herder, Cataluña no sería una nación, sino dos. Si es cierto que hasta ahora conviven pacíficamente, la existencia de dos "naciones" plantea cada vez más problemas a dos minorías, que lo son todavía, pero que crecen con rapidez. La una pretende que se respete el castellano como lengua oficial, sobre todo en la Administración y la enseñanza; pero nada tendría consecuencias más catastróficas que se bifurcase la enseñanza en escuelas catalanas y castellanas para que los padres pudieran elegir. La otra se enfurece cada vez más porque, pese a más de 30 años de "normalización lingüística", en ciertos ámbitos, como son la prensa y el libro -se venden tres en castellano por cada uno en catalán- el castellano sigue siendo la lengua dominante.
Más grave aún, una buena parte de la población inmigrante, pese a residir largos decenios en Cataluña y dominar el catalán sigue identificándose como aragonesa, gallega, extremeña o andaluza
sábado, 6 de fevereiro de 2010
Revolução Conservadora I
Folha de São Paulo
São Paulo, sábado, 06 de fevereiro de 2010
"Tea Party" prega contrarrevolução nos EUA
Convenção de movimento conservador começa com defesa da "América real" contra intenções "socialistas" de Obama
Integrantes de grupo lançam iniciativa para arrecadar fundos para financiar as campanhas de candidatos que defendam seus valores
ANDREA MURTA
ENVIADA ESPECIAL A NASHVILLE
Mal havia sido oficialmente inaugurada na noite de anteontem a primeira Convenção Nacional do "Tea Party", rede de novos ativistas conservadores anti-Obama, e os participantes foram convocados a lançar a "contrarrevolução" nos EUA. Nas palavras do primeiro orador do evento, o ex-congressista republicano e ex-pré-candidato à Presidência Tom Tancredo, "a civilização ocidental está ameaçada", e é hora de "retomar a nação".
"A corrida pela América já começou. Calcem seus tênis", disse Tancredo. Sua visão -e, a julgar pela aprovação barulhenta, a da plateia também- é a de que a eleição do presidente Barack Obama empurrou o país em direção a um socialismo pernicioso, piorado por uma mistura de carga tributária alta, desrespeito à Constituição e intervencionismo.
Pior: a revolução causada pela eleição de Obama é uma ameaça à "América real" -um país baseado em crenças judaico-cristãs, confiante na excepcionalidade de sua cultura e fiel aos ideais conservadores.
O republicano bradou contra o governo, a imigração, o multiculturalismo e tudo o que não fosse estritamente alinhado à sua visão "libertária".
Tancredo deixa claro que o abismo entre a esquerda e a direita nos EUA está não só cada vez mais agudo, como também mais perigoso e inflamado -ao menos dentro de um movimento que, se ainda limitado aos direitistas mais extremados, vem conquistando a atenção de boa parte do país.
David Brooks, colunista do "New York Times", escreveu recentemente que "não só o público deu uma guinada à direita" mas que "tudo o que é associado às elites educadas se tornou mais impopular no último ano", como aquecimento global, controle de armas, direito ao aborto e internacionalismo.
Na extrema direita presente na convenção, que termina hoje em Nashville (Tennessee), além de tudo isso, o que falava mais alto era a defesa da superioridade dos EUA. Tancredo afirmou que "não é verdade que todas as culturas são iguais". "Algumas são melhores. A nossa é a melhor de todas."
Vistos como "puristas", os ativistas do "Tea Party" já são mais bem avaliados do que os partidos Democrata e Republicano. Mas isso poderá mudar com uma manobra arriscada anunciada ontem: o lançamento da Corporação Garantindo a Liberdade, uma grande empresa que financiará candidatos conservadores com base em doações de simpatizantes.
O problema é que o "Tea Party" vem conquistando o público justamente por ser um movimento popular, longe de centros de poder. E Mark Skoda, membro do grupo "Tea Party" de Memphis, confirmou que "sim, aceitaremos dinheiro de lobistas e empresas, pois vivemos em uma democracia".
Ele disse que a Corporação Garantindo a Liberdade não é uma iniciativa do "Tea Party", mas sim de alguns de seus ativistas. "Também não estamos tentando substituir a burocracia republicana. Só queremos garantir que os princípios conservadores nos quais acreditamos guiarão as ações dos candidatos que ajudaremos a eleger."
Se conseguir aceitação, a empreitada pode ser início do que Brooks viu como a tendência de o "Tea Party" dominar o Partido Republicano. "Não sou fã do movimento. Mas certamente posso ver seu potencial para dar forma à próxima década."
São Paulo, sábado, 06 de fevereiro de 2010
"Tea Party" prega contrarrevolução nos EUA
Convenção de movimento conservador começa com defesa da "América real" contra intenções "socialistas" de Obama
Integrantes de grupo lançam iniciativa para arrecadar fundos para financiar as campanhas de candidatos que defendam seus valores
ANDREA MURTA
ENVIADA ESPECIAL A NASHVILLE
Mal havia sido oficialmente inaugurada na noite de anteontem a primeira Convenção Nacional do "Tea Party", rede de novos ativistas conservadores anti-Obama, e os participantes foram convocados a lançar a "contrarrevolução" nos EUA. Nas palavras do primeiro orador do evento, o ex-congressista republicano e ex-pré-candidato à Presidência Tom Tancredo, "a civilização ocidental está ameaçada", e é hora de "retomar a nação".
"A corrida pela América já começou. Calcem seus tênis", disse Tancredo. Sua visão -e, a julgar pela aprovação barulhenta, a da plateia também- é a de que a eleição do presidente Barack Obama empurrou o país em direção a um socialismo pernicioso, piorado por uma mistura de carga tributária alta, desrespeito à Constituição e intervencionismo.
Pior: a revolução causada pela eleição de Obama é uma ameaça à "América real" -um país baseado em crenças judaico-cristãs, confiante na excepcionalidade de sua cultura e fiel aos ideais conservadores.
O republicano bradou contra o governo, a imigração, o multiculturalismo e tudo o que não fosse estritamente alinhado à sua visão "libertária".
Tancredo deixa claro que o abismo entre a esquerda e a direita nos EUA está não só cada vez mais agudo, como também mais perigoso e inflamado -ao menos dentro de um movimento que, se ainda limitado aos direitistas mais extremados, vem conquistando a atenção de boa parte do país.
David Brooks, colunista do "New York Times", escreveu recentemente que "não só o público deu uma guinada à direita" mas que "tudo o que é associado às elites educadas se tornou mais impopular no último ano", como aquecimento global, controle de armas, direito ao aborto e internacionalismo.
Na extrema direita presente na convenção, que termina hoje em Nashville (Tennessee), além de tudo isso, o que falava mais alto era a defesa da superioridade dos EUA. Tancredo afirmou que "não é verdade que todas as culturas são iguais". "Algumas são melhores. A nossa é a melhor de todas."
Vistos como "puristas", os ativistas do "Tea Party" já são mais bem avaliados do que os partidos Democrata e Republicano. Mas isso poderá mudar com uma manobra arriscada anunciada ontem: o lançamento da Corporação Garantindo a Liberdade, uma grande empresa que financiará candidatos conservadores com base em doações de simpatizantes.
O problema é que o "Tea Party" vem conquistando o público justamente por ser um movimento popular, longe de centros de poder. E Mark Skoda, membro do grupo "Tea Party" de Memphis, confirmou que "sim, aceitaremos dinheiro de lobistas e empresas, pois vivemos em uma democracia".
Ele disse que a Corporação Garantindo a Liberdade não é uma iniciativa do "Tea Party", mas sim de alguns de seus ativistas. "Também não estamos tentando substituir a burocracia republicana. Só queremos garantir que os princípios conservadores nos quais acreditamos guiarão as ações dos candidatos que ajudaremos a eleger."
Se conseguir aceitação, a empreitada pode ser início do que Brooks viu como a tendência de o "Tea Party" dominar o Partido Republicano. "Não sou fã do movimento. Mas certamente posso ver seu potencial para dar forma à próxima década."
Revolução conservadora II
Folha de São Paulo
São Paulo, sábado, 06 de fevereiro de 2010
"É hora de a maioria silenciosa acordar", afirma participante
DA ENVIADA A NASHVILLE
Para William Temple, não basta participar da Convenção Nacional do "Tea Party" -é preciso fazê-lo a caráter. A cada dia, Temple usa uma fantasia diferente inspirada na Revolução Americana. Ontem, foi extremo demais até para os conservadores radicais, e ele diz que teve que brigar para manter à mão seu mosquete original. Afinal, o direito de portar armas é uma de suas bandeiras.
FOLHA - Por que o sr. está aqui?
WILLIAM TEMPLE - Sou vice-presidente do "Tea Party" de Brunswick (Geórgia) e vim unir nosso grupo à Nação "Tea Party" [organizadora da convenção]. Queremos ajudar o país a focar nos problemas reais, que são: a) o corpo permanente de políticos em Washington, de ambos os partidos. Se alguém está há dois mandatos no Senado ou quatro na Câmara, é hora de dizer adeus; b) queremos o fim das aposentadorias para políticos; c) queremos cortar a extensão do governo federal em ao menos 20%, só para começar; d) e precisamos restaurar o poder dos Estados, como previsto em nossa Constituição. Ah, eu também gostaria de expulsar todos os advogados de Washington.
FOLHA - O sr. acha que o movimento conseguirá tudo isso?
TEMPLE - Em novembro [nas eleições legislativas] e em 2012 [próximas presidenciais] todos saberão que estamos aqui para ficar. É hora de a maioria silenciosa acordar. Há um ano, fui a uma passeata em Atlanta e vi todas aquelas pessoas de todas as filiações que estavam revoltadas com o governo. Havia 20 mil pessoas. E pensei: quero fazer parte disso. A história da América está do nosso lado, e é por isso que os esquerdistas estão com raiva de nós.
FOLHA - O que o sr. acha do presidente Barack Obama?
TEMPLE - Ele é um radical, um socialista. E não tenho dúvidas disso, porque ele é advogado, e aprendeu todas as regras para os radicais. Ele está tentando forçar tão rápido quanto possível essa agenda socialista. É uma tirania leve, mas que pode ficar pior, pois os americanos nunca aceitarão a tirania. O pior de tudo é o gasto excessivo do governo. É hora de uma intervenção em Washington. Este movimento é uma revolução.
FOLHA - O caminho para o movimento é o voto?
TEMPLE - Bem, a Declaração de Independência diz que é não apenas o direito, mas a responsabilidade do povo de derrubar um governo tirânico. Espero que seja pelo voto. Mas há um limite para o quanto o povo americano pode ser provocado. Eu ficaria com muito medo se o governo se tornasse mais tirânico do que já é.
São Paulo, sábado, 06 de fevereiro de 2010
"É hora de a maioria silenciosa acordar", afirma participante
DA ENVIADA A NASHVILLE
Para William Temple, não basta participar da Convenção Nacional do "Tea Party" -é preciso fazê-lo a caráter. A cada dia, Temple usa uma fantasia diferente inspirada na Revolução Americana. Ontem, foi extremo demais até para os conservadores radicais, e ele diz que teve que brigar para manter à mão seu mosquete original. Afinal, o direito de portar armas é uma de suas bandeiras.
FOLHA - Por que o sr. está aqui?
WILLIAM TEMPLE - Sou vice-presidente do "Tea Party" de Brunswick (Geórgia) e vim unir nosso grupo à Nação "Tea Party" [organizadora da convenção]. Queremos ajudar o país a focar nos problemas reais, que são: a) o corpo permanente de políticos em Washington, de ambos os partidos. Se alguém está há dois mandatos no Senado ou quatro na Câmara, é hora de dizer adeus; b) queremos o fim das aposentadorias para políticos; c) queremos cortar a extensão do governo federal em ao menos 20%, só para começar; d) e precisamos restaurar o poder dos Estados, como previsto em nossa Constituição. Ah, eu também gostaria de expulsar todos os advogados de Washington.
FOLHA - O sr. acha que o movimento conseguirá tudo isso?
TEMPLE - Em novembro [nas eleições legislativas] e em 2012 [próximas presidenciais] todos saberão que estamos aqui para ficar. É hora de a maioria silenciosa acordar. Há um ano, fui a uma passeata em Atlanta e vi todas aquelas pessoas de todas as filiações que estavam revoltadas com o governo. Havia 20 mil pessoas. E pensei: quero fazer parte disso. A história da América está do nosso lado, e é por isso que os esquerdistas estão com raiva de nós.
FOLHA - O que o sr. acha do presidente Barack Obama?
TEMPLE - Ele é um radical, um socialista. E não tenho dúvidas disso, porque ele é advogado, e aprendeu todas as regras para os radicais. Ele está tentando forçar tão rápido quanto possível essa agenda socialista. É uma tirania leve, mas que pode ficar pior, pois os americanos nunca aceitarão a tirania. O pior de tudo é o gasto excessivo do governo. É hora de uma intervenção em Washington. Este movimento é uma revolução.
FOLHA - O caminho para o movimento é o voto?
TEMPLE - Bem, a Declaração de Independência diz que é não apenas o direito, mas a responsabilidade do povo de derrubar um governo tirânico. Espero que seja pelo voto. Mas há um limite para o quanto o povo americano pode ser provocado. Eu ficaria com muito medo se o governo se tornasse mais tirânico do que já é.
sexta-feira, 5 de fevereiro de 2010
O perfil do PT - 30 anos
EU & Fim de semana > Cultura
Não se é novo aos 30 anos
Rachel Meneghello, para o Valor, de Campinas
05/02/2010
Valor Econômico
Lula e sua mulher, Marisa, no dia em que tomou posse como presidente, em janeiro de 2003: o ponto máximo de uma história de enfrentamento do PT com o círculo de elites políticas tradicionais do país
Há 30 anos, no espaço das possibilidades legais que a ditadura militar abria com a reforma de partidos de 1979, o PT surgia como resultado da confluência de sujeitos políticos articulados no terreno dos movimentos sociais, para tornar-se um dos principais protagonistas da construção democrática no país. No conjunto de partidos que pontuavam a então frágil competição política, o partido emergiu como inquestionável novidade: uma organização política socialmente enraizada, gerada na matriz de uma esquerda que associava a construção do socialismo ao cotidiano das lutas sociais no horizonte da institucionalidade democrática.
De lá para cá, seu desenvolvimento foi notável. De seu primeiro experimento eleitoral em 1982 às eleições gerais de 2006, a bancada de deputados federais cresceu de 8 para 83, de 13 deputados estaduais no país para 126, de 1 Senador eleito em 1990 para 14. Em nível local, seu crescimento foi ainda mais destacado: de 2 prefeituras conquistadas em 1982 o partido passou a governar 558 municípios em 2008, e de 118 cadeiras de vereadores no país, passou a 4.162. Desse processo de organização resultou um número não menos notável de mais de 860 mil filiados, conforme dados de 2006, um montante a ser comparado com os fortes partidos social-democratas europeus. A vitória para a Presidência da República em 2002 foi o ponto máximo de uma história de enfrentamento do partido com o círculo de elites políticas tradicionais do país. Essa história, no entanto, teve um custo alto.
A mudança de postura frente à política de alianças já na campanha de 1994, ampliando o arco de forças para setores dissidentes das agremiações de centro e centro-esquerda, inseriu o partido no campo da disputa eleitoral. Os sucessivos testes eleitorais e as derrotas nas eleições presidenciais até 1998 levaram o partido a mudar, transformando seu perfil originalmente sectário e sua estratégia política restritiva, em favor da ampliação de suas bases eleitorais, da inclusão no jogo político e da sua viabilização como força governante.
Ao chegar à fase madura de vida, em que por duas vezes obteve o poder nacional, o Partido dos Trabalhadores mostra que não é imune às imposições do jogo entre partidos, da competição política e do exercício do poder.
As relações contraídas com o Estado promoveram mudanças organizacionais importantes. Esse foi um processo experimentado pelos partidos de esquerda na Europa, transformados em partidos eleitorais convencionais, quase independentes de movimentos de mobilização. Para o PT, além da desmobilização de suas instâncias de base e do relativo distanciamento dos movimentos sociais, o partido teve que dar conta das imposições da dinâmica de negociações do governo federal e dos constrangimentos apresentados pelas condições de governabilidade, em que a formação de coalizões políticas e de maiorias parlamentares se sobrepõe às discussões internas partidárias. Para além das irregularidades cometidas por lideranças do partido na crise de 2005, o experimento no governo federal pôs fim ao ciclo virtuoso de vida petista.
Uma das mais importantes alterações sofridas pelo partido foi o movimento de adaptação estrutural para a dinâmica do poder nacional, que resultou na autonomia do grupo partidário no governo. Isso afetou o projeto de democracia interna participativa, traduzido inicialmente nos núcleos de base, a mais importante novidade petista no campo da organização partidária, e depois no PED (processo interno de eleições diretas), que se origina no partido já em 2001. Hoje, apesar da desmobilização, o PED pode ser visto como positiva e persistente estratégia de mobilização de base; afinal, mais de 518 mil filiados tomaram parte no processo eleitoral em 2009.
Aos 30 anos, tendo optado por participar da política democrática, não há como manter as inovações. O processo de construção democrática no país definiu espaços de atuação e posicionamentos políticos necessários para a sua consolidação e o PT optou por dialogar com ele. Em ultima instância, a "Carta aos Brasileiros" estava embutida nesse diálogo.
Mas se o PT alterou sua trajetória inicial, essa estratégia mostrou-se acertada. Ao redefinir-se no jogo político, o partido possibilitou o crescimento e a viabilização partidária da esquerda no país e, apesar das mudanças, o PT se consolidou como um grande partido de massas de centro-esquerda. Se desde os anos 1990 o partido veio movendo-se lentamente para aproximar-se ao centro, foi esse processo que deu condições de compor forças para a vitória em 2002 e repeti-la em 2006. Uma vez no governo, encontrou o espaço necessário para implementação de políticas com claro timbre petista, como os programas de inclusão e redistribuição ampliada de renda.
Entrando agora na casa dos 31, o PT se vê em plena novidade, pela primeira vez sem Lula como candidato à Presidência. Nessa trajetória de mudanças, o partido não teve êxito, até o momento, em constituir outras lideranças de envergadura nacional e com viabilidade eleitoral, coisa pouco fácil em nosso sistema político, e a escolha de Dilma como candidata do partido resulta dessa condição.
A essa altura, é possível afirmar que o legado da gestão de Lula é hoje o mais poderoso recurso de organização do partido.
Rachel Meneghello é professora livre-docente do departamento de ciência política da Unicamp e diretora do Centro de Estudos de Opinião Pública da mesma universidade. Dentre suas publicações estão os livros "PT-A Formação de um Partido" e "Partidos e Governos no Brasil Contemporâneo", editados pela Paz e Terra
Não se é novo aos 30 anos
Rachel Meneghello, para o Valor, de Campinas
05/02/2010
Valor Econômico
Lula e sua mulher, Marisa, no dia em que tomou posse como presidente, em janeiro de 2003: o ponto máximo de uma história de enfrentamento do PT com o círculo de elites políticas tradicionais do país
Há 30 anos, no espaço das possibilidades legais que a ditadura militar abria com a reforma de partidos de 1979, o PT surgia como resultado da confluência de sujeitos políticos articulados no terreno dos movimentos sociais, para tornar-se um dos principais protagonistas da construção democrática no país. No conjunto de partidos que pontuavam a então frágil competição política, o partido emergiu como inquestionável novidade: uma organização política socialmente enraizada, gerada na matriz de uma esquerda que associava a construção do socialismo ao cotidiano das lutas sociais no horizonte da institucionalidade democrática.
De lá para cá, seu desenvolvimento foi notável. De seu primeiro experimento eleitoral em 1982 às eleições gerais de 2006, a bancada de deputados federais cresceu de 8 para 83, de 13 deputados estaduais no país para 126, de 1 Senador eleito em 1990 para 14. Em nível local, seu crescimento foi ainda mais destacado: de 2 prefeituras conquistadas em 1982 o partido passou a governar 558 municípios em 2008, e de 118 cadeiras de vereadores no país, passou a 4.162. Desse processo de organização resultou um número não menos notável de mais de 860 mil filiados, conforme dados de 2006, um montante a ser comparado com os fortes partidos social-democratas europeus. A vitória para a Presidência da República em 2002 foi o ponto máximo de uma história de enfrentamento do partido com o círculo de elites políticas tradicionais do país. Essa história, no entanto, teve um custo alto.
A mudança de postura frente à política de alianças já na campanha de 1994, ampliando o arco de forças para setores dissidentes das agremiações de centro e centro-esquerda, inseriu o partido no campo da disputa eleitoral. Os sucessivos testes eleitorais e as derrotas nas eleições presidenciais até 1998 levaram o partido a mudar, transformando seu perfil originalmente sectário e sua estratégia política restritiva, em favor da ampliação de suas bases eleitorais, da inclusão no jogo político e da sua viabilização como força governante.
Ao chegar à fase madura de vida, em que por duas vezes obteve o poder nacional, o Partido dos Trabalhadores mostra que não é imune às imposições do jogo entre partidos, da competição política e do exercício do poder.
As relações contraídas com o Estado promoveram mudanças organizacionais importantes. Esse foi um processo experimentado pelos partidos de esquerda na Europa, transformados em partidos eleitorais convencionais, quase independentes de movimentos de mobilização. Para o PT, além da desmobilização de suas instâncias de base e do relativo distanciamento dos movimentos sociais, o partido teve que dar conta das imposições da dinâmica de negociações do governo federal e dos constrangimentos apresentados pelas condições de governabilidade, em que a formação de coalizões políticas e de maiorias parlamentares se sobrepõe às discussões internas partidárias. Para além das irregularidades cometidas por lideranças do partido na crise de 2005, o experimento no governo federal pôs fim ao ciclo virtuoso de vida petista.
Uma das mais importantes alterações sofridas pelo partido foi o movimento de adaptação estrutural para a dinâmica do poder nacional, que resultou na autonomia do grupo partidário no governo. Isso afetou o projeto de democracia interna participativa, traduzido inicialmente nos núcleos de base, a mais importante novidade petista no campo da organização partidária, e depois no PED (processo interno de eleições diretas), que se origina no partido já em 2001. Hoje, apesar da desmobilização, o PED pode ser visto como positiva e persistente estratégia de mobilização de base; afinal, mais de 518 mil filiados tomaram parte no processo eleitoral em 2009.
Aos 30 anos, tendo optado por participar da política democrática, não há como manter as inovações. O processo de construção democrática no país definiu espaços de atuação e posicionamentos políticos necessários para a sua consolidação e o PT optou por dialogar com ele. Em ultima instância, a "Carta aos Brasileiros" estava embutida nesse diálogo.
Mas se o PT alterou sua trajetória inicial, essa estratégia mostrou-se acertada. Ao redefinir-se no jogo político, o partido possibilitou o crescimento e a viabilização partidária da esquerda no país e, apesar das mudanças, o PT se consolidou como um grande partido de massas de centro-esquerda. Se desde os anos 1990 o partido veio movendo-se lentamente para aproximar-se ao centro, foi esse processo que deu condições de compor forças para a vitória em 2002 e repeti-la em 2006. Uma vez no governo, encontrou o espaço necessário para implementação de políticas com claro timbre petista, como os programas de inclusão e redistribuição ampliada de renda.
Entrando agora na casa dos 31, o PT se vê em plena novidade, pela primeira vez sem Lula como candidato à Presidência. Nessa trajetória de mudanças, o partido não teve êxito, até o momento, em constituir outras lideranças de envergadura nacional e com viabilidade eleitoral, coisa pouco fácil em nosso sistema político, e a escolha de Dilma como candidata do partido resulta dessa condição.
A essa altura, é possível afirmar que o legado da gestão de Lula é hoje o mais poderoso recurso de organização do partido.
Rachel Meneghello é professora livre-docente do departamento de ciência política da Unicamp e diretora do Centro de Estudos de Opinião Pública da mesma universidade. Dentre suas publicações estão os livros "PT-A Formação de um Partido" e "Partidos e Governos no Brasil Contemporâneo", editados pela Paz e Terra
quarta-feira, 3 de fevereiro de 2010
A atuação da Procuradoria da República no Estado de São Paulo em termos de Direitos Humanos
http://www.prr3.mpf.gov.br/index.php?option=com_content&task=view&id=143&Itemid=184
A situação da prisão de Urso Branco
http://www.law.harvard.edu/news/spotlight/human-rights/urso-branco-brazil.html
segunda-feira, 1 de fevereiro de 2010
Relações Brasil-Estados Unidos
Folha de São Paulo, segunda-feira, 01 de fevereiro de 2010
As relações Brasil-EUA e os novos desafios no Haiti
MONICA HIRST
Historicamente, são infrequentes os momentos em que a presença militar do Brasil e dos EUA tenha coincidido num mesmo teatro de operações. Os dois precedentes que vêm à memória -Itália, em 1944, e Santo Domingo [República Dominicana], em 1965-revelam situações marcadamente diferentes da que se observa no Haiti nos dias que correm.
Em ambas ocasiões, as Forças Armadas brasileiras se somaram a ações comandadas militarmente pelos americanos, em nome de ideais que, na época, justificavam uma opção pelo alinhamento automático a Washington. Definitivamente, não é isso que se constata no caso haitiano.
De fato, o distanciamento militar brasileiro-americano teve lugar bem antes do fim da Guerra Fria, mais precisamente em 1977, quando -sob as premissas do pragmatismo responsável- o governo brasileiro denunciou o Acordo Militar de 1952. Desde então, o elo bilateral também esfriou em termos políticos e econômicos, e, se bem houve momentos de reaproximação, nunca mais foi observado um período prolongado de convergência bilateral.
Reaproximação
Contra as expectativas iniciais, as relações entre o Brasil de Lula e os EUA de George W. Bush ganharam mais substância, com implicações positivas para os dois lados. Afirmava-se em Brasília que o relacionamento com Washington passava por etapa de amadurecimento, selado com a inauguração de um diálogo estratégico.
No topo da lista de temas positivos, destacava-se a atuação brasileira em operações de paz, muito especialmente as responsabilidades assumidas com o comando militar do Haiti, a partir de 2004.
Do ponto de vista da política externa brasileira, foi sempre importante que este reconhecimento não fora confundido com uma forma de "terceirização" funcional aos EUA. Argumentou-se justamente que a presença no Haiti visava evitar experiências de ocupação já sofridas por este país reiteradamente no passado.
No empenho por esta diferenciação, procurou-se reforçar na Minustah [a força de paz da ONU] uma coordenação com outros países latino-americanos -especialmente a Argentina e o Chile- e somar à presença militar um programa de cooperação para o desenvolvimento com ênfase em áreas como agricultura, saneamento e serviços básicos.
Os riscos da duplicidade
As imediatas consequências internacionais do terremoto que assolou Porto Príncipe e outras cidades haitianas fazem com que, inevitavelmente, esse cenário, relativamente harmonioso, seja coisa do passado.
A unilateralidade dos EUA, colocando a sua capacidade de resposta militar à frente de sua vontade de coordenação política com a comunidade internacional, num contexto de total desamparo haitiano, foi um contundente sinal.
Para o Brasil, país que comandava militarmente a missão da ONU, isso passou a representar um desafio adicional a uma tarefa que, no intervalo de um minuto, adquiriu proporções desconhecidas.
Conhecer as razões estratégicas que explicam a reação americana -nas quais se somam a concepção do Caribe como seu "mare nostrum", o temor de um êxodo migratório haitiano e o princípio da responsabilidade de proteger em contextos de desastres humanitários- não alivia o desafio em questão.
A convivência no Haiti de duas dinâmicas de ocupação corresponde a um convite à anarquia e/ou a sistemáticas sobreposições de autoridade: uma que obedece a uma única cadeia de comando e outra que depende de um amálgama multinacional. O governo haitiano encontra-se duramente golpeado pelas perdas humanas e materiais sofridas por seu país. A total dependência da ajuda externa num contexto de dualidade poderá enfraquecê-lo ainda mais.
A solução adotada foi a de divisão de tarefas; os militares americanos responsáveis pela logística da ajuda humanitária e as forças da Minustah -sob o comando brasileiro- pela segurança. Esta saída administra, mas não resolve uma realidade em que o que está em jogo é a demarcação política da gestão a cargo da reconstrução haitiana. Por mais que o Brasil dobre o seu contingente no Haiti, não se superará a lógica imposta pela assimetria de forças. O território a ser valorizado, portanto, só poderá ser o da política.
Um desafio entre tantos
A estreita coordenação brasileira com a ONU, a articulação com grandes doadores como França, Espanha e Canadá e União Europeia, e o trabalho em equipe com outros países latino-americanos e organismos regionais -especialmente a OEA, Unasul, Grupo do Rio e Caricom- constituem o tecido desse território.
O primeiro mas não definitivo teste foi a reunião de Montréal [no Canadá, no último dia 25]. Com virtude e fortuna, a voz deste coletivo deverá domar Washington, para que aceite somar-se ao mutirão em formação para a reconstrução do Haiti. Mas, como se sabe, a disciplina interpares constitui para os EUA uma opção raramente valorizada.
Parece quase supérfluo concluir que o tema Haiti merecerá daqui para frente outro tipo de atenção e preocupação nas relações Brasil-EUA.
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MONICA HIRST é professora de política internacional na Universidade Torcuato di Tella, em Buenos Aires, na Argentina.
As relações Brasil-EUA e os novos desafios no Haiti
MONICA HIRST
Historicamente, são infrequentes os momentos em que a presença militar do Brasil e dos EUA tenha coincidido num mesmo teatro de operações. Os dois precedentes que vêm à memória -Itália, em 1944, e Santo Domingo [República Dominicana], em 1965-revelam situações marcadamente diferentes da que se observa no Haiti nos dias que correm.
Em ambas ocasiões, as Forças Armadas brasileiras se somaram a ações comandadas militarmente pelos americanos, em nome de ideais que, na época, justificavam uma opção pelo alinhamento automático a Washington. Definitivamente, não é isso que se constata no caso haitiano.
De fato, o distanciamento militar brasileiro-americano teve lugar bem antes do fim da Guerra Fria, mais precisamente em 1977, quando -sob as premissas do pragmatismo responsável- o governo brasileiro denunciou o Acordo Militar de 1952. Desde então, o elo bilateral também esfriou em termos políticos e econômicos, e, se bem houve momentos de reaproximação, nunca mais foi observado um período prolongado de convergência bilateral.
Reaproximação
Contra as expectativas iniciais, as relações entre o Brasil de Lula e os EUA de George W. Bush ganharam mais substância, com implicações positivas para os dois lados. Afirmava-se em Brasília que o relacionamento com Washington passava por etapa de amadurecimento, selado com a inauguração de um diálogo estratégico.
No topo da lista de temas positivos, destacava-se a atuação brasileira em operações de paz, muito especialmente as responsabilidades assumidas com o comando militar do Haiti, a partir de 2004.
Do ponto de vista da política externa brasileira, foi sempre importante que este reconhecimento não fora confundido com uma forma de "terceirização" funcional aos EUA. Argumentou-se justamente que a presença no Haiti visava evitar experiências de ocupação já sofridas por este país reiteradamente no passado.
No empenho por esta diferenciação, procurou-se reforçar na Minustah [a força de paz da ONU] uma coordenação com outros países latino-americanos -especialmente a Argentina e o Chile- e somar à presença militar um programa de cooperação para o desenvolvimento com ênfase em áreas como agricultura, saneamento e serviços básicos.
Os riscos da duplicidade
As imediatas consequências internacionais do terremoto que assolou Porto Príncipe e outras cidades haitianas fazem com que, inevitavelmente, esse cenário, relativamente harmonioso, seja coisa do passado.
A unilateralidade dos EUA, colocando a sua capacidade de resposta militar à frente de sua vontade de coordenação política com a comunidade internacional, num contexto de total desamparo haitiano, foi um contundente sinal.
Para o Brasil, país que comandava militarmente a missão da ONU, isso passou a representar um desafio adicional a uma tarefa que, no intervalo de um minuto, adquiriu proporções desconhecidas.
Conhecer as razões estratégicas que explicam a reação americana -nas quais se somam a concepção do Caribe como seu "mare nostrum", o temor de um êxodo migratório haitiano e o princípio da responsabilidade de proteger em contextos de desastres humanitários- não alivia o desafio em questão.
A convivência no Haiti de duas dinâmicas de ocupação corresponde a um convite à anarquia e/ou a sistemáticas sobreposições de autoridade: uma que obedece a uma única cadeia de comando e outra que depende de um amálgama multinacional. O governo haitiano encontra-se duramente golpeado pelas perdas humanas e materiais sofridas por seu país. A total dependência da ajuda externa num contexto de dualidade poderá enfraquecê-lo ainda mais.
A solução adotada foi a de divisão de tarefas; os militares americanos responsáveis pela logística da ajuda humanitária e as forças da Minustah -sob o comando brasileiro- pela segurança. Esta saída administra, mas não resolve uma realidade em que o que está em jogo é a demarcação política da gestão a cargo da reconstrução haitiana. Por mais que o Brasil dobre o seu contingente no Haiti, não se superará a lógica imposta pela assimetria de forças. O território a ser valorizado, portanto, só poderá ser o da política.
Um desafio entre tantos
A estreita coordenação brasileira com a ONU, a articulação com grandes doadores como França, Espanha e Canadá e União Europeia, e o trabalho em equipe com outros países latino-americanos e organismos regionais -especialmente a OEA, Unasul, Grupo do Rio e Caricom- constituem o tecido desse território.
O primeiro mas não definitivo teste foi a reunião de Montréal [no Canadá, no último dia 25]. Com virtude e fortuna, a voz deste coletivo deverá domar Washington, para que aceite somar-se ao mutirão em formação para a reconstrução do Haiti. Mas, como se sabe, a disciplina interpares constitui para os EUA uma opção raramente valorizada.
Parece quase supérfluo concluir que o tema Haiti merecerá daqui para frente outro tipo de atenção e preocupação nas relações Brasil-EUA.
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MONICA HIRST é professora de política internacional na Universidade Torcuato di Tella, em Buenos Aires, na Argentina.
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