É importante que se debata o Parecer da PGR sobre a procedência da ADPF
153 promovida pelo Conselho Federal da OAB. É um material importantissimo
para discutir com o nosso alunado e a urgência de mudança do perfil do
ensino jurídico. O regime de 88 completa, na verdade, 25 anos de seu
início com a "transição lenta e gradual" inciada pelo General Presidente
Geisel na época de Golbery (1974) e concluída, formalmente, por um
processo negociado por Tancredo Neves em 1985. O parecer tornado público
hoje é, na verdade, desastroso, um retrocesso para a democratização da
sociedade brasileira. Demonstra a imperiosidade da busca urgente de novos
fundamentos na formação jurídica brasileira. É inexplicável que a PGR atue
de forma pontual avançada incorporando o que é de mais crítico da
Antropologia Social na defesa das sociedades indigenas, por exemplo, no
caso Raposa Serra do Sol e adote uma postura a mais retrógada possível
tanto no caso da Extradição/Refúgio do Battisti e agora ao se pronunciar a
respeito da ADPF 153. Argumenta-se:
1. Mais de um terço do parecer está voltado para a questão da natureza e
da admissibilidade da ADPF 153. Atua o parecer de modo a retirar a atenção
de questões de fundo para um mero formalismo. Não se preocupa, aliás, em
nenhum momento dar um sentido mais finalistico ao alcance da Lei n°
9.882/99 na defesa da Constituição e dos Direitos Fundamentais;
2. Cita J. Elster mas esquece de mencionar a sua obra estratégica para
compreender a ADPF 153 - Justiça Transicional! O Parecer em exame
desconhece, totalmente, o debate a respeito dessa temática;
3. Principalmente na parte mais formalista e depois em certos pontos de
conteúdo fia-se sempre na AGU como detentora mais certa da interpretação
das consequências da Lei da Anistia;
3. Transforma Sepulveda Pertence em verdadeiro "oráculo de Delfos" para
dar sentido ao contexto histórico a partir do movimento iniciado por
Terezinha Zerbini em 1975. Cita, a título de exemplo, uma fala do novo
"oráculos de Delfos" que a Lei da Anistia cobriria a parte penal mas
deixaria em aberto a responsabilidade civil do Estado. Dando a entender,
assim, que a discussão estaria resolvida mais no campo cível;
4. Além de dedicar um terço de discussão formalista sobre a ADPF, grande
parte do Parecer em exame é uma rala reconstituição histórica do
encaminhamento político e legislativo da Lei da Anistia. Em nenhum
momento, levanta-se a questão da legitimidade dos agentes públicos
responsáveis por crimes de lesa humanidade. Aliás, aqueles que sofrerão a
dureza e a brutalidade da repressão ilegitima são reduzidos como meros
"opositores políticos". Aliás, há uma passagem citada no Parecer da PGR ao
mencionar palavras de Franco Montoro que o problema da anistia é esquecer
de saber quem atirou a primeira pedra;
5. O Parecer da PGR não compreende em nenhum momento se quer o verdadeiro
alcance da bandeira da anistia ampla, geral e irrestrita. Procura, na
verdade, distorcer o seu sentido. Em hipotese nenhuma, ao contrário do que
expôe mencionado Parecer, objetivava-se alcançar os repressores de 64. A
idéia da amplituda da anistia era porque regime militar almejava apenas
limita-la aos "crimes" como de liberdade de expressão, etc. Fala-se do
Governo Figueiredo mas não é impositivo o Parecer em condenar o último
general presidente na forma como conduziu e impôs a anistia;
6. O mais preocupante para a formação jurídica brasileira em pleno século
XXI é que a PGR desconhece, totalmente,o sistema interamericano de DH,
tratados de direitos humanos, não enfrenta a questão da
imprescritibilidade da tortura, não aborda a vedação pela Corte
Interamericana de DH da autoanistia (o caso dos Barrios Altos no Peru).
Em sintese, a PGR, nesse início da segunda década do século XXI, abre uma
senda perigosa no tocante a defesa dos Direitos Humanos no Brasil. O
parecer ora lido demonstra os limites profundos de uma visão mais ampla e
densa de Direitos Humanos em nossa sociedade. Torna mais claro porque há
no Estado e na sociedade brasileiras resistência ao PNDH -3. O parecer
aponta para uma discussão, reiterando, formalista de ADPH e envereda-se
por uma sustentação política superficial e equivocada a respeito da Lei da
Anistia. É incapaz, assim, o parecer na sua parte material enfrentar de
forma densa e elucidativa para a sociedade brasileira o tema de Direitos
Humanos Ribas
domingo, 31 de janeiro de 2010
sábado, 30 de janeiro de 2010
Garzón e Guantanamo
ELPAIS.com Edición impresa España Garzón investigará Guantánamo al no constar causas abiertas en EE UU
Se declara competente, en aplicación de los tratados, porque hubo un detenido español - Afirma que la reforma de la justicia universal no afecta al caso
MANUEL ALTOZANO - Madrid - 30/01/2010
El Gobierno de EE UU no ha contestado a Baltasar Garzón en siete meses sobre si existe alguna investigación abierta en ese país sobre "las supuestas torturas, malos tratos, tratos inhumanos y degradantes" sufridos por cuatro detenidos en la prisión ilegal de Guantánamo. Y como al juez de la Audiencia Nacional no le consta que se haya abierto un caso sobre estos delitos en ese país, ha decidido seguir adelante con su investigación. El magistrado se ha declarado competente para instruir sendas querellas presentadas por la Asociación Pro Dignidad de Presos y Presas de España y por la Asociación Libre de Abogados, Izquierda Unida y la Asociación pro Derechos Humanos de España por crímenes de guerra y genocidio contra los responsables de la prisión.
El juez recuerda que tres de las víctimas fueron procesadas en España
Garzón declara la competencia de los tribunales españoles a pesar de la reforma de la justicia universal aprobada por el Gobierno el 3 de noviembre, ya que uno de los prisioneros que fue víctima de esos presuntos delitos, Ahmed Abderraman Hamed, es ciudadano español. Respecto a los otros tres perjudicados, el marroquí residente en España Lahcen Ikasrrien, el palestino Jamiel Abdulatif Al Banna y el libio Omar Deghayes, el magistrado asegura que tienen "un vínculo de conexión relevante con España", como exige la nueva redacción de la ley, ya que fueron procesados por el propio Garzón "por delitos cometidos en España o relacionados con una investigación española".
El juez recuerda además los tratados de derechos humanos suscritos por España y que convierten a los tribunales españoles "en este momento" en los únicos competentes. "Lo contrario sería (...) optar por la impunidad", mantiene el magistrado, que recuerda que las nuevas disposiciones legales que restringen la justicia universal "siempre estarían subordinadas a lo que se establezca en esos tratados". También se refiere a cómo el Supremo absolvió a Abderraman denunciando las irregularidades de su detención -"sin cargos y sin garantías y, por tanto, sin control y sin límite"- en la base de Estados Unidos en Cuba.
Pero es que, además, según la interpretación que el magistrado da a la nueva regulación, los nuevos requisitos introducidos por el Gobierno para que un juez se declare competente en asuntos de jurisdicción universal -que el delincuente se encuentre en España, que existan víctimas de nacionalidad española o que conste algún vínculo de conexión relevante con España- no afectan a la fase de investigación de los delitos, sino a su "enjuiciamiento" posterior por el tribunal. Es decir, que esos requisitos deben ser valorados en el momento del juicio y no por el juez instructor, que sí puede seguir investigando.
La fiscalía de la Audiencia Nacional ha conseguido el archivo de varios casos de justicia universal aplicando esta nueva regulación, como el que se seguía contra el Gobierno chino por el genocidio del Tíbet. El juez Eloy Velasco rechazó investigar la expulsión de Aminetu Haidar por la nueva normativa a pesar de que encontró indicios de un delito de lesa humanidad.
Se declara competente, en aplicación de los tratados, porque hubo un detenido español - Afirma que la reforma de la justicia universal no afecta al caso
MANUEL ALTOZANO - Madrid - 30/01/2010
El Gobierno de EE UU no ha contestado a Baltasar Garzón en siete meses sobre si existe alguna investigación abierta en ese país sobre "las supuestas torturas, malos tratos, tratos inhumanos y degradantes" sufridos por cuatro detenidos en la prisión ilegal de Guantánamo. Y como al juez de la Audiencia Nacional no le consta que se haya abierto un caso sobre estos delitos en ese país, ha decidido seguir adelante con su investigación. El magistrado se ha declarado competente para instruir sendas querellas presentadas por la Asociación Pro Dignidad de Presos y Presas de España y por la Asociación Libre de Abogados, Izquierda Unida y la Asociación pro Derechos Humanos de España por crímenes de guerra y genocidio contra los responsables de la prisión.
El juez recuerda que tres de las víctimas fueron procesadas en España
Garzón declara la competencia de los tribunales españoles a pesar de la reforma de la justicia universal aprobada por el Gobierno el 3 de noviembre, ya que uno de los prisioneros que fue víctima de esos presuntos delitos, Ahmed Abderraman Hamed, es ciudadano español. Respecto a los otros tres perjudicados, el marroquí residente en España Lahcen Ikasrrien, el palestino Jamiel Abdulatif Al Banna y el libio Omar Deghayes, el magistrado asegura que tienen "un vínculo de conexión relevante con España", como exige la nueva redacción de la ley, ya que fueron procesados por el propio Garzón "por delitos cometidos en España o relacionados con una investigación española".
El juez recuerda además los tratados de derechos humanos suscritos por España y que convierten a los tribunales españoles "en este momento" en los únicos competentes. "Lo contrario sería (...) optar por la impunidad", mantiene el magistrado, que recuerda que las nuevas disposiciones legales que restringen la justicia universal "siempre estarían subordinadas a lo que se establezca en esos tratados". También se refiere a cómo el Supremo absolvió a Abderraman denunciando las irregularidades de su detención -"sin cargos y sin garantías y, por tanto, sin control y sin límite"- en la base de Estados Unidos en Cuba.
Pero es que, además, según la interpretación que el magistrado da a la nueva regulación, los nuevos requisitos introducidos por el Gobierno para que un juez se declare competente en asuntos de jurisdicción universal -que el delincuente se encuentre en España, que existan víctimas de nacionalidad española o que conste algún vínculo de conexión relevante con España- no afectan a la fase de investigación de los delitos, sino a su "enjuiciamiento" posterior por el tribunal. Es decir, que esos requisitos deben ser valorados en el momento del juicio y no por el juez instructor, que sí puede seguir investigando.
La fiscalía de la Audiencia Nacional ha conseguido el archivo de varios casos de justicia universal aplicando esta nueva regulación, como el que se seguía contra el Gobierno chino por el genocidio del Tíbet. El juez Eloy Velasco rechazó investigar la expulsión de Aminetu Haidar por la nueva normativa a pesar de que encontró indicios de un delito de lesa humanidad.
Museu Memoria e a culpa
Sábado, 30/1/2010
ELPAIS.
El 'problema alemán' en Chile
En el Museo de la Memoria inaugurado en Santiago de Chile están todos: las víctimas del pinochetismo y también sus verdugos y los que aplaudieron o miraron a otro lado. Sobre esto ya escribió Karl Jaspers
RICARD VINYES 30/01/2010
En 1993, cuando el United States Holocaust Memorial Museum abrió sus puertas, el escritor y Nobel de la Paz Eliazer Wiesel afirmó que aquel museo era "una institución sobre la responsabilidad, la responsabilidad moral y la responsabilidad política". Desde luego, Wiesel no se refería a la responsabilidad de los culpables concretos del desastre, sino a la responsabilidad de la ciudadanía frente al desastre que aniquila convivencias. O dicho de otro modo, a las consecuencias que tiene la ausencia de responsabilidad política en los ciudadanos, algo que el filósofo alemán Karl Jaspers estableció en 1946 en un inquietante y demoledor texto titulado El problema de la culpa.
Nadie está ausente. El problema es que quieren verse distintos a como fueron, a como son
Desde aquella fecha se han erigido numerosas instituciones con ese objetivo, en África y Asia, en América y Europa, con mayor o menor envergadura y con modelos de gestión variados, pero el arranque ha sido siempre el mismo: la responsabilidad, y hasta el momento ésa es la definición de funciones y propósitos más exacta para ese tipo de instalaciones, se llamen museo, memorial, centro, espacio o cualquiera de las expresiones que se elija para interpelar las consecuencias generales de los grandes desastres éticos provocados por nuestras sociedades. El último episodio de estas instituciones universales -de las que por cierto España carece- es la inauguración en Chile, el pasado 11 de enero, del Museo de la Memoria y los Derechos Humanos.
Ubicado en un área cultural emergente de Santiago -el eje de Matucana- y frente a un relevante espacio de ocio y paseo de su centro urbano -el bello y frondoso parque de Quinta Normal-, la presidenta Michelle Bachelet y su equipo asesor en la materia han establecido con el Museo de la Memoria una marca en el territorio urbano que instituye la evocación permanente de la peor tragedia contemporánea de la nación.
Sin embargo, la realización del Museo no ha generado, ni a lo largo de su construcción ni en su inauguración, ningún tipo de debate, tan sólo dos actitudes: recriminación u hostigamiento. Cada una de naturaleza y origen muy distintos.
La actitud recriminatoria ha procedido de las numerosas agrupaciones y organizaciones vinculadas a las peticiones de reparación, a la conservación del patrimonio memorial, al desarrollo de la justicia sobre golpistas y torturadores y al restablecimiento de lo verdaderamente ocurrido con detenidos y desaparecidos. Son colectivos que han constituido y constituyen una parte muy importante del tejido democrático chileno. Su reparo al Museo procedía del sorprendente hermetismo que estableció el Gobierno desde que fue proyectada la institución hasta su inauguración, y esa forma de proceder generó desapego y desdén.
La paradoja es que si bien agrupaciones y colectivos nunca habían planteado en sus reclamos una institución de esa naturaleza, la realización del Museo, una de esas instituciones universales "sobre la responsabilidad política y la responsabilidad moral", es el resultado del cambio cultural producido por la actividad de esas agrupaciones a lo largo de los años. Fue en un paisaje de incomunicación donde se generaron desapego y fricción; sin embargo, la impresionante presencia de visitantes en el Museo, la satisfacción que denotan, el orgullo legítimo que he visto expresar por la existencia misma del edificio, por su belleza y significado, puede facilitar un cambio en las relaciones. Eso dependerá tanto de la gestión del Museo como de la comprensión de la nueva situación por parte de colectivos y agrupaciones. Es una gran ocasión que el cambio de gobierno producido en Chile puede desperdiciar, pero que tal vez ayude a muchos a sentir el Museo como un logro propio.
La segunda actitud hacia el Museo de la Memoria, la actitud de hostigamiento, tiene otra naturaleza. No se trata de un desencuentro como en el caso anterior, sino de una reacción violenta destinada a preservar la dignidad del pinochetismo social y sus alrededores.
El argumentario de ese hostigamiento es bien simple: tras aceptar con una retórica perezosa la bondad de un Museo de la Memoria, desautoriza en términos absolutos la opción de limitar su exposición permanente a los años de dictadura, ya que de ese modo se omiten las causas que a su entender llevaron (dicen unos), justificaron (dicen otros) el golpe de Estado de 1973. Hay víctimas que no aparecen en el Museo, no están todos, faltan los que sufrieron el régimen del presidente Allende, aquellos que no tuvieron más remedio que preparar el golpe, o aplaudirlo, aunque después, cuentan, quedaron sumidos en la pesadumbre por la imagen de su país ensangrentado.
Hay, claro, variables y complementos: Luis Larraín en el extremo negacionista; Roberto Ampuero, la versión equitativa, o Gonzalo Rojas, obsesionado aún en mantener el arquetipo del Mal subversivo. Ésa es la doctrina que a lo largo de casi cuatro años se ha lanzado contra el Museo: un Museo para mentir, un Museo para sesgar, un Museo para dividir.
Pero lo más contundente, y lo más claro, se halla en el editorial que El Mercurio publicó el 13 de enero con el título Memoria respetable, pero parcial. Se trata de un editorial golpista (he pensado bien ese término antes de utilizarlo) en versión humanizada: golpe de Estado, sí; violación de derechos humanos, no. O sea, dictadura sí (sólo cuando es necesaria), violencia no. Es en esta distinción en la que se basa la búsqueda de respetabilidad del pinochetismo social. Y el problema -y éxito- del Museo es que torpedea la línea de flotación de esa retórica.
Parece, pues, que el fondo del asunto es que sólo "aparecen" en el Museo los torturados, los detenidos-desaparecidos, los ejecutados por la dictadura, todo aquello que recogieron las Comisiones Rettig y Valech. Es unilateral: no aparecen todos. Ése es el problema. Sin embargo, eso no es cierto. En realidad todos aparecen en el Museo.
Quienes argumentan que sólo aparece una parte de la sociedad chilena no se dan cuenta -o quizá no quieren darse cuenta- de que esos ciudadanos destruidos por la dictadura no son una historia, o un relato, y aún menos una parte de la sociedad, sino que en realidad incluyen toda la historia, todo el relato contemporáneo que está en debate, y toda la sociedad, puesto que el daño sufrido incluye a los perpetradores directos, y también a los que aplaudieron pero no actuaron, a los que miraron hacia otro lado, a los compungidos y a los horrorizados, es decir, a toda forma de conducta, a toda moral.
Ésa fue la advertencia de Jaspers cuando nos aleccionó sobre el problema de la culpa en la sociedad alemana del Tercer Reich. De las cuatro culpas que estableció -criminal, política, moral y metafísica-, es la última la que nos muestra en qué modo lo sucedido a uno incluye la responsabilidad de otros; en sus propias palabras, "hay una solidaridad entre hombres como tales que hace a cada uno responsable de todo el agravio y de toda la injusticia del mundo, especialmente de los crímenes que suceden en su presencia o con su conocimiento. Si no hago lo que puedo para impedirlos soy también culpable".
Que nadie tema pues estar ausente en el Museo de la Memoria: los restos de Lonquén, de Calama, Pisagua, el retrato de los desaparecidos... todo eso incluye la presencia de quienes lo hicieron posible, de Luis Larraín, por ejemplo, o de El Mercurio sin duda. Todos están presentes, están ahí sin exclusión, está su obra, su legado. Aunque sospecho que es la forma espectral de su presencia lo que disgusta, porque avergüenza. Pasar de la condición de salvapatrias a la de culpable resulta éticamente insoportable, ése es el tema. Lo que conocemos como problema alemán, es decir, cómo fue posible que una sociedad culta y capaz de notables éxitos en todos los campos pensara y generase aquella destrucción sistemática, tiene su versión latinoamericana en Chile, y al fin y al cabo el Museo de la Memoria plantea esa pregunta exponiendo lo mismo que expone el Museo Memorial del Holocausto en Estados Unidos, o el de Berlín, o el de París en el Marais.
Nadie está ausente, el problema es que no quieren verse. O que quieren verse distintos a como fueron, a como son.
Ricard Vinyes es profesor de Historia Contemporánea en la Universidad de Barcelona.
ELPAIS.
El 'problema alemán' en Chile
En el Museo de la Memoria inaugurado en Santiago de Chile están todos: las víctimas del pinochetismo y también sus verdugos y los que aplaudieron o miraron a otro lado. Sobre esto ya escribió Karl Jaspers
RICARD VINYES 30/01/2010
En 1993, cuando el United States Holocaust Memorial Museum abrió sus puertas, el escritor y Nobel de la Paz Eliazer Wiesel afirmó que aquel museo era "una institución sobre la responsabilidad, la responsabilidad moral y la responsabilidad política". Desde luego, Wiesel no se refería a la responsabilidad de los culpables concretos del desastre, sino a la responsabilidad de la ciudadanía frente al desastre que aniquila convivencias. O dicho de otro modo, a las consecuencias que tiene la ausencia de responsabilidad política en los ciudadanos, algo que el filósofo alemán Karl Jaspers estableció en 1946 en un inquietante y demoledor texto titulado El problema de la culpa.
Nadie está ausente. El problema es que quieren verse distintos a como fueron, a como son
Desde aquella fecha se han erigido numerosas instituciones con ese objetivo, en África y Asia, en América y Europa, con mayor o menor envergadura y con modelos de gestión variados, pero el arranque ha sido siempre el mismo: la responsabilidad, y hasta el momento ésa es la definición de funciones y propósitos más exacta para ese tipo de instalaciones, se llamen museo, memorial, centro, espacio o cualquiera de las expresiones que se elija para interpelar las consecuencias generales de los grandes desastres éticos provocados por nuestras sociedades. El último episodio de estas instituciones universales -de las que por cierto España carece- es la inauguración en Chile, el pasado 11 de enero, del Museo de la Memoria y los Derechos Humanos.
Ubicado en un área cultural emergente de Santiago -el eje de Matucana- y frente a un relevante espacio de ocio y paseo de su centro urbano -el bello y frondoso parque de Quinta Normal-, la presidenta Michelle Bachelet y su equipo asesor en la materia han establecido con el Museo de la Memoria una marca en el territorio urbano que instituye la evocación permanente de la peor tragedia contemporánea de la nación.
Sin embargo, la realización del Museo no ha generado, ni a lo largo de su construcción ni en su inauguración, ningún tipo de debate, tan sólo dos actitudes: recriminación u hostigamiento. Cada una de naturaleza y origen muy distintos.
La actitud recriminatoria ha procedido de las numerosas agrupaciones y organizaciones vinculadas a las peticiones de reparación, a la conservación del patrimonio memorial, al desarrollo de la justicia sobre golpistas y torturadores y al restablecimiento de lo verdaderamente ocurrido con detenidos y desaparecidos. Son colectivos que han constituido y constituyen una parte muy importante del tejido democrático chileno. Su reparo al Museo procedía del sorprendente hermetismo que estableció el Gobierno desde que fue proyectada la institución hasta su inauguración, y esa forma de proceder generó desapego y desdén.
La paradoja es que si bien agrupaciones y colectivos nunca habían planteado en sus reclamos una institución de esa naturaleza, la realización del Museo, una de esas instituciones universales "sobre la responsabilidad política y la responsabilidad moral", es el resultado del cambio cultural producido por la actividad de esas agrupaciones a lo largo de los años. Fue en un paisaje de incomunicación donde se generaron desapego y fricción; sin embargo, la impresionante presencia de visitantes en el Museo, la satisfacción que denotan, el orgullo legítimo que he visto expresar por la existencia misma del edificio, por su belleza y significado, puede facilitar un cambio en las relaciones. Eso dependerá tanto de la gestión del Museo como de la comprensión de la nueva situación por parte de colectivos y agrupaciones. Es una gran ocasión que el cambio de gobierno producido en Chile puede desperdiciar, pero que tal vez ayude a muchos a sentir el Museo como un logro propio.
La segunda actitud hacia el Museo de la Memoria, la actitud de hostigamiento, tiene otra naturaleza. No se trata de un desencuentro como en el caso anterior, sino de una reacción violenta destinada a preservar la dignidad del pinochetismo social y sus alrededores.
El argumentario de ese hostigamiento es bien simple: tras aceptar con una retórica perezosa la bondad de un Museo de la Memoria, desautoriza en términos absolutos la opción de limitar su exposición permanente a los años de dictadura, ya que de ese modo se omiten las causas que a su entender llevaron (dicen unos), justificaron (dicen otros) el golpe de Estado de 1973. Hay víctimas que no aparecen en el Museo, no están todos, faltan los que sufrieron el régimen del presidente Allende, aquellos que no tuvieron más remedio que preparar el golpe, o aplaudirlo, aunque después, cuentan, quedaron sumidos en la pesadumbre por la imagen de su país ensangrentado.
Hay, claro, variables y complementos: Luis Larraín en el extremo negacionista; Roberto Ampuero, la versión equitativa, o Gonzalo Rojas, obsesionado aún en mantener el arquetipo del Mal subversivo. Ésa es la doctrina que a lo largo de casi cuatro años se ha lanzado contra el Museo: un Museo para mentir, un Museo para sesgar, un Museo para dividir.
Pero lo más contundente, y lo más claro, se halla en el editorial que El Mercurio publicó el 13 de enero con el título Memoria respetable, pero parcial. Se trata de un editorial golpista (he pensado bien ese término antes de utilizarlo) en versión humanizada: golpe de Estado, sí; violación de derechos humanos, no. O sea, dictadura sí (sólo cuando es necesaria), violencia no. Es en esta distinción en la que se basa la búsqueda de respetabilidad del pinochetismo social. Y el problema -y éxito- del Museo es que torpedea la línea de flotación de esa retórica.
Parece, pues, que el fondo del asunto es que sólo "aparecen" en el Museo los torturados, los detenidos-desaparecidos, los ejecutados por la dictadura, todo aquello que recogieron las Comisiones Rettig y Valech. Es unilateral: no aparecen todos. Ése es el problema. Sin embargo, eso no es cierto. En realidad todos aparecen en el Museo.
Quienes argumentan que sólo aparece una parte de la sociedad chilena no se dan cuenta -o quizá no quieren darse cuenta- de que esos ciudadanos destruidos por la dictadura no son una historia, o un relato, y aún menos una parte de la sociedad, sino que en realidad incluyen toda la historia, todo el relato contemporáneo que está en debate, y toda la sociedad, puesto que el daño sufrido incluye a los perpetradores directos, y también a los que aplaudieron pero no actuaron, a los que miraron hacia otro lado, a los compungidos y a los horrorizados, es decir, a toda forma de conducta, a toda moral.
Ésa fue la advertencia de Jaspers cuando nos aleccionó sobre el problema de la culpa en la sociedad alemana del Tercer Reich. De las cuatro culpas que estableció -criminal, política, moral y metafísica-, es la última la que nos muestra en qué modo lo sucedido a uno incluye la responsabilidad de otros; en sus propias palabras, "hay una solidaridad entre hombres como tales que hace a cada uno responsable de todo el agravio y de toda la injusticia del mundo, especialmente de los crímenes que suceden en su presencia o con su conocimiento. Si no hago lo que puedo para impedirlos soy también culpable".
Que nadie tema pues estar ausente en el Museo de la Memoria: los restos de Lonquén, de Calama, Pisagua, el retrato de los desaparecidos... todo eso incluye la presencia de quienes lo hicieron posible, de Luis Larraín, por ejemplo, o de El Mercurio sin duda. Todos están presentes, están ahí sin exclusión, está su obra, su legado. Aunque sospecho que es la forma espectral de su presencia lo que disgusta, porque avergüenza. Pasar de la condición de salvapatrias a la de culpable resulta éticamente insoportable, ése es el tema. Lo que conocemos como problema alemán, es decir, cómo fue posible que una sociedad culta y capaz de notables éxitos en todos los campos pensara y generase aquella destrucción sistemática, tiene su versión latinoamericana en Chile, y al fin y al cabo el Museo de la Memoria plantea esa pregunta exponiendo lo mismo que expone el Museo Memorial del Holocausto en Estados Unidos, o el de Berlín, o el de París en el Marais.
Nadie está ausente, el problema es que no quieren verse. O que quieren verse distintos a como fueron, a como son.
Ricard Vinyes es profesor de Historia Contemporánea en la Universidad de Barcelona.
segunda-feira, 25 de janeiro de 2010
A presença do Brasil no exterior
Folha de São Paulo, segunda-feira, 25 de janeiro de 2010
Ação é a maior no exterior no pós-2ª Guerra
Embora analistas e diplomatas ressaltem o caráter multilateral e regional da Minustah -países latino-americanos contribuem com metade do efetivo-, para os militares brasileiros o comando da força adquiriu importância particular.
Na sexta, com a distribuição de ajuda em Porto Príncipe, eles tentaram mostrar que continuavam no controle, apesar da presença americana.
Matias Spektor, da FGV do Rio, lembra que essa é a maior mobilização de tropas brasileiras desde a Segunda Guerra. Antonio Jorge Ramalho, da UnB, defende que similaridades entre as realidades brasileira e haitiana tornaram o contato dos militares com a população local melhor do que o que ela teve com outras forças estrangeiras.
Em estudo sobre a Minustah, Monica Hirst, professora de relações internacionais da Universidade di Tella (Buenos Aires), destaca a visão brasileira do Haiti como local de treinamento para ações não convencionais, "num contexto de novas ameaças e modalidades de conflito e de crescentes desafios humanitários".
O objetivo de ampliar a presença em forças de paz foi incorporado à Estratégia Nacional de Defesa (2008). A diplomacia, do seu lado, cita a articulação regional entre as principais motivações para assumir o comando da missão, em 2004. Na semana passada, o chanceler Celso Amorim defendeu a necessidade de que o reforço pós-terremoto viesse majoritariamente de países latino-americanos.
Embora a candidatura a uma cadeira permanente no Conselho de Segurança seja pano de fundo para as ações internacionais do Brasil, o vínculo com o Haiti não é imediato. "O momento da reforma [do CS] não está próximo e nada garante que esse gesto será lembrado quando chegar o momento", diz Ramalho.
Spektor e Hirst destacam, entre os dividendos que o Brasil pode colher da operação no Haiti, o aprimoramento de mecanismos de cooperação internacional civil, sejam diretos ou por meio operações triangulares, em que outros países repassam dinheiro a agências e ONGs nacionais.
Ação é a maior no exterior no pós-2ª Guerra
Embora analistas e diplomatas ressaltem o caráter multilateral e regional da Minustah -países latino-americanos contribuem com metade do efetivo-, para os militares brasileiros o comando da força adquiriu importância particular.
Na sexta, com a distribuição de ajuda em Porto Príncipe, eles tentaram mostrar que continuavam no controle, apesar da presença americana.
Matias Spektor, da FGV do Rio, lembra que essa é a maior mobilização de tropas brasileiras desde a Segunda Guerra. Antonio Jorge Ramalho, da UnB, defende que similaridades entre as realidades brasileira e haitiana tornaram o contato dos militares com a população local melhor do que o que ela teve com outras forças estrangeiras.
Em estudo sobre a Minustah, Monica Hirst, professora de relações internacionais da Universidade di Tella (Buenos Aires), destaca a visão brasileira do Haiti como local de treinamento para ações não convencionais, "num contexto de novas ameaças e modalidades de conflito e de crescentes desafios humanitários".
O objetivo de ampliar a presença em forças de paz foi incorporado à Estratégia Nacional de Defesa (2008). A diplomacia, do seu lado, cita a articulação regional entre as principais motivações para assumir o comando da missão, em 2004. Na semana passada, o chanceler Celso Amorim defendeu a necessidade de que o reforço pós-terremoto viesse majoritariamente de países latino-americanos.
Embora a candidatura a uma cadeira permanente no Conselho de Segurança seja pano de fundo para as ações internacionais do Brasil, o vínculo com o Haiti não é imediato. "O momento da reforma [do CS] não está próximo e nada garante que esse gesto será lembrado quando chegar o momento", diz Ramalho.
Spektor e Hirst destacam, entre os dividendos que o Brasil pode colher da operação no Haiti, o aprimoramento de mecanismos de cooperação internacional civil, sejam diretos ou por meio operações triangulares, em que outros países repassam dinheiro a agências e ONGs nacionais.
O que são as forças de paz
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País expõe contradições de forças de paz
Nações em desenvolvimento fornecem capacetes azuis, mas objetivos são definidos pelo Conselho de Segurança da ONU
Brasil apresenta operação em termos de liderança na região e de solidariedade Sul-Sul, mas o mandato da missão na prática é limitado
CLAUDIA ANTUNES
DA SUCURSAL DO RIO
A presença do Brasil no Haiti se enquadra no movimento de redefinição da segurança coletiva no pós-Guerra Fria, com a multiplicação de operações da ONU para enfrentar conflitos internos e emergências humanitárias em países pobres e dados como "falidos".
As missões são aprovadas pelo Conselho de Segurança (CS), onde as cinco potências reconhecidas no período histórico anterior (EUA, Rússia, China, França e Reino Unido) têm maior peso na definição de seus objetivos. Mas 90% das forças para as 17 operações atuais vêm de países em desenvolvimento.
No caso do Brasil, essa contradição é ressaltada pelo fato de o governo definir a atuação no Haiti em termos de liderança regional, da intensificação da cooperação Sul-Sul e do pretendido papel de mediador entre países ricos e pobres.
Mas a Minustah, a força de paz, não tem preponderância na articulação com o governo haitiano dos projetos de reconstrução. Seu mandato é prover segurança, embora a "interconexão" com o desenvolvimento socioeconômico esteja contemplada nas resoluções do CS.
Frequentemente, quem dita as regras sobre o destino da ajuda ao desenvolvimento do Haiti são os maiores doadores, incluindo EUA, França, Canadá e os bancos multilaterais. No sábado, o chanceler Celso Amorim sugeriu que o Brasil lidere o esforço de reconstrução do país, num "plano Lula", mesmo que não seja o principal provedor de fundos.
"O mandato da missão, reduzindo o componente militar e ampliando a cooperação para o desenvolvimento, já tinha que ter sido redefinido", diz Antonio Jorge Ramalho da Rocha, professor da UnB que implantou o Centro de Estudos Brasileiros em Porto Príncipe.
Ele ecoa reivindicação que vem do início de 2008, quando a Minustah avaliou que a violência na capital haitiana estava controlada.
"Não indiferença"
Em artigo, Maria Regina Soares de Lima, do Observatório Político Sul-Americano, analisa a expansão das atribuições do CS, impulsionada pelo fim da bipolaridade EUA-URSS. Nos primeiros 40 anos da ONU, foram aprovadas 13 operações de paz. As demais 50 vieram no período posterior a 1988.
Os EUA, envolvidos nas próprias guerras, financiam, mas contribuem hoje com 75 pessoas no total das operações. Para emergentes como Brasil e Índia, no entanto, integrá-las passou a ser parâmetro de influência no sistema de segurança coletiva, por sua vez interligada ao debate inconclusivo sobre a ampliação do CS.
Matias Spektor, coordenador do Centro de Estudos sobre Relações Internacionais da FGV-Rio, lembra que críticos viram na proliferação das operações a intenção de criar "neoprotetorados", mas o tema é complexo.
Primeiro, partiu das potências ocidentais a defesa das "intervenções humanitárias". O conceito evoluiu para a "responsabilidade de proteger". Por razão óbvia de assimetria de poder, os demais países resistem à relativização do princípio da não intervenção. Mas, após o genocídio de 1994 em Ruanda, os africanos acabaram forjando o "princípio da não indiferença".
Ele já foi citado pelo governo Lula para justificar tanto a presença no Haiti como a mediação da crise institucional na Bolívia, em 2008, e a cooperação com países pobres em áreas como agricultura e remédios.
"O Brasil tem como mostrar que há maneiras de promover a governança em países falidos ou que passaram por tragédias sem seguir a lógica do neocolonialismo", afirma Spektor.
Ele ressalta, porém, continuidades na política externa. A intervenção para evitar golpe no Paraguai e a adoção da cláusula democrática do Mercosul, no governo FHC, foram passos, diz, da mudança "lenta" de "uma posição apenas soberanista para outra mais flexível".
Embora seja a primeira vez que comanda uma força de paz, o Brasil participa dessas operações desde os anos 1950, quando mandou tropas ao Oriente Médio após o ataque franco-britânico-israelense ao Egito, que havia nacionalizado o canal de Suez.
A maior contribuição brasileira até agora fora para as missões em Angola, ao fim da guerra civil. O Brasil quis liderar a força enviada a Timor Leste após a independência, em 1999, mas foi atropelado por restrição orçamentária depois da crise asiática.
A maioria dessas operações foi de "manutenção da paz", e não de "imposição da ordem", como foram, por exemplo, as na Somália em 1992 e no Haiti no final de 2003.
País expõe contradições de forças de paz
Nações em desenvolvimento fornecem capacetes azuis, mas objetivos são definidos pelo Conselho de Segurança da ONU
Brasil apresenta operação em termos de liderança na região e de solidariedade Sul-Sul, mas o mandato da missão na prática é limitado
CLAUDIA ANTUNES
DA SUCURSAL DO RIO
A presença do Brasil no Haiti se enquadra no movimento de redefinição da segurança coletiva no pós-Guerra Fria, com a multiplicação de operações da ONU para enfrentar conflitos internos e emergências humanitárias em países pobres e dados como "falidos".
As missões são aprovadas pelo Conselho de Segurança (CS), onde as cinco potências reconhecidas no período histórico anterior (EUA, Rússia, China, França e Reino Unido) têm maior peso na definição de seus objetivos. Mas 90% das forças para as 17 operações atuais vêm de países em desenvolvimento.
No caso do Brasil, essa contradição é ressaltada pelo fato de o governo definir a atuação no Haiti em termos de liderança regional, da intensificação da cooperação Sul-Sul e do pretendido papel de mediador entre países ricos e pobres.
Mas a Minustah, a força de paz, não tem preponderância na articulação com o governo haitiano dos projetos de reconstrução. Seu mandato é prover segurança, embora a "interconexão" com o desenvolvimento socioeconômico esteja contemplada nas resoluções do CS.
Frequentemente, quem dita as regras sobre o destino da ajuda ao desenvolvimento do Haiti são os maiores doadores, incluindo EUA, França, Canadá e os bancos multilaterais. No sábado, o chanceler Celso Amorim sugeriu que o Brasil lidere o esforço de reconstrução do país, num "plano Lula", mesmo que não seja o principal provedor de fundos.
"O mandato da missão, reduzindo o componente militar e ampliando a cooperação para o desenvolvimento, já tinha que ter sido redefinido", diz Antonio Jorge Ramalho da Rocha, professor da UnB que implantou o Centro de Estudos Brasileiros em Porto Príncipe.
Ele ecoa reivindicação que vem do início de 2008, quando a Minustah avaliou que a violência na capital haitiana estava controlada.
"Não indiferença"
Em artigo, Maria Regina Soares de Lima, do Observatório Político Sul-Americano, analisa a expansão das atribuições do CS, impulsionada pelo fim da bipolaridade EUA-URSS. Nos primeiros 40 anos da ONU, foram aprovadas 13 operações de paz. As demais 50 vieram no período posterior a 1988.
Os EUA, envolvidos nas próprias guerras, financiam, mas contribuem hoje com 75 pessoas no total das operações. Para emergentes como Brasil e Índia, no entanto, integrá-las passou a ser parâmetro de influência no sistema de segurança coletiva, por sua vez interligada ao debate inconclusivo sobre a ampliação do CS.
Matias Spektor, coordenador do Centro de Estudos sobre Relações Internacionais da FGV-Rio, lembra que críticos viram na proliferação das operações a intenção de criar "neoprotetorados", mas o tema é complexo.
Primeiro, partiu das potências ocidentais a defesa das "intervenções humanitárias". O conceito evoluiu para a "responsabilidade de proteger". Por razão óbvia de assimetria de poder, os demais países resistem à relativização do princípio da não intervenção. Mas, após o genocídio de 1994 em Ruanda, os africanos acabaram forjando o "princípio da não indiferença".
Ele já foi citado pelo governo Lula para justificar tanto a presença no Haiti como a mediação da crise institucional na Bolívia, em 2008, e a cooperação com países pobres em áreas como agricultura e remédios.
"O Brasil tem como mostrar que há maneiras de promover a governança em países falidos ou que passaram por tragédias sem seguir a lógica do neocolonialismo", afirma Spektor.
Ele ressalta, porém, continuidades na política externa. A intervenção para evitar golpe no Paraguai e a adoção da cláusula democrática do Mercosul, no governo FHC, foram passos, diz, da mudança "lenta" de "uma posição apenas soberanista para outra mais flexível".
Embora seja a primeira vez que comanda uma força de paz, o Brasil participa dessas operações desde os anos 1950, quando mandou tropas ao Oriente Médio após o ataque franco-britânico-israelense ao Egito, que havia nacionalizado o canal de Suez.
A maior contribuição brasileira até agora fora para as missões em Angola, ao fim da guerra civil. O Brasil quis liderar a força enviada a Timor Leste após a independência, em 1999, mas foi atropelado por restrição orçamentária depois da crise asiática.
A maioria dessas operações foi de "manutenção da paz", e não de "imposição da ordem", como foram, por exemplo, as na Somália em 1992 e no Haiti no final de 2003.
FSM e Boaventura de Sousa Santos
Folha de São Paulo 25 de janeiro de 2010
O grande balanço
BOAVENTURA DE SOUSA SANTOS
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Nos últimos tempos, surgiram dúvidas sobre o real impacto do Fórum Social Mundial e sobre a sua sustentabilidade futura
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REÚNEM-SE em Porto Alegre milhares de ativistas e líderes de movimentos sociais e ONGs para fazer o balanço dos dez anos do Fórum Social Mundial, um processo que nasceu no Brasil no início da década que seria também a da afirmação internacional do país. Nos últimos tempos, surgiram dúvidas sobre o real impacto do FSM e sobre a sua sustentabilidade futura.
O impacto do movimento do FSM foi muito superior ao que se imagina.
A ascensão ao poder dos presidentes progressistas da América Latina não se pode entender sem o fermento de consciência continental por parte dos movimentos sociais gerado no FSM ou potenciado por ele.
O bispo Fernando Lugo, hoje presidente do Paraguai, veio ao primeiro FSM de ônibus. A luta travada com êxito contra a Alca e os tratados de livre-comércio foi gerada no FSM.
Foi no primeiro FSM que se discutiu a importância de os países de desenvolvimento intermédio e com grandes populações -como Brasil, Índia, África do Sul- se unirem como condição para que as regras do jogo do capitalismo mundial fossem alteradas. Um dos participantes nas discussões viria a ser logo depois um dos articuladores da política externa brasileira. E os Brics e o G20 aí estão.
O FSM teve uma importância decisiva em denunciar a hipocrisia e a injustiça da ortodoxia financeira e econômica do Banco Mundial, do FMI e da OMC, abrindo espaço político para comportamentos heterodoxos de que se beneficiaram sobretudo os países ditos emergentes. Foi também sob a pressão das organizações do FSM especializadas na dívida externa dos países empobrecidos que o Banco Mundial veio a aceitar a possibilidade de perdão dessas dívidas.
O FSM deu visibilidade às lutas dos povos indígenas e fortaleceu-lhes a dimensão continental e global das suas estratégias. Deu igualmente visibilidade às lutas das castas inferiores da Índia (os dalits), particularmente a partir do FSM realizado em Mumbai.
Acima de tudo, o FSM deu credibilidade à ideia de que a democracia pode ser apropriada pelas classes populares e que os seus movimentos e organizações são tão legítimos quanto os partidos na luta pelo aprofundamento da democracia. A resposta à dúvida sobre a sustentabilidade do FSM deve centrar-se num balanço do futuro. Primeiro, o FSM tem de mundializar-se. O FSM da última década foi sobretudo latino-americano. Foi nesse continente que a ideia do FSM cativou verdadeiramente a imaginação dos movimentos sociais e se transformou numa fonte autônoma de energia contra a opressão. Essa fertilização do inconformismo teve repercussões nos processos políticos que tiveram lugar em muitos países do continente.
Está a emergir uma consciência continental que, embora difusa, tem como ideias centrais a recusa militante da concepção imperial da América Latina como quintal dos EUA e a reivindicação de formas de cooperação econômica e política que se pautam por princípios de solidariedade e reciprocidade, alternativos aos que subjazem aos tratados de livre-comércio.
Para ser sustentável, o FSM tem de fazer um esforço enorme no sentido de densificar a sua presença nos outros continentes.
Segundo, o FSM vai ter de produzir pensamento solidamente crítico e propositivo. O FSM não será sustentável se a sua voz, mesmo que plural, não se ouvir sobre os problemas que afligem o mundo. Não se compreende que o FSM, enquanto tal, não tenha tido voz (ou um conjunto de vozes estruturadas) sobre a reforma da ONU, sobre a mudança climática ou sobre a guerra infinita contra o terrorismo.
Terceiro, o FSM vai ter de apoiar ações coletivas e novas internacionais. O capitalismo tem uma capacidade enorme de regeneração. Os mais furiosos adeptos do neoliberalismo nem sequer pestanejaram para aceitar a mão do Estado na resolução da crise, o que por vezes envolveu nacionalizações, a palavra maldita dos últimos 30 anos. Por isso, o ativismo global do FSM vai aprofundar as suas agendas tendo em mente esse realismo, na base do qual podem construir novas lutas pela justiça social.
Têm vindo a surgir várias propostas no sentido de tornar o movimento da globalização alternativa mais afirmativo e vinculativo em termos de iniciativas mundiais. É o caso da proposta recentemente feita pelo vice-presidente da Bolívia de criar a Internacional dos Movimentos Sociais ou da proposta do presidente da Venezuela de criar a Quinta Internacional, congregando os partidos de esquerda em nível mundial. A primeira proposta é inspirada no FSM, e a segunda, talvez numa crítica ao FSM. Para ambas o fórum é relevante.
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BOAVENTURA DE SOUSA SANTOS, 69, sociólogo português, é professor catedrático da Faculdade de Economia da Universidade de Coimbra (Portugal). É autor, entre outros livros, de "Para uma Revolução Democrática da Justiça" (Cortez, 2007).
O grande balanço
BOAVENTURA DE SOUSA SANTOS
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Nos últimos tempos, surgiram dúvidas sobre o real impacto do Fórum Social Mundial e sobre a sua sustentabilidade futura
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REÚNEM-SE em Porto Alegre milhares de ativistas e líderes de movimentos sociais e ONGs para fazer o balanço dos dez anos do Fórum Social Mundial, um processo que nasceu no Brasil no início da década que seria também a da afirmação internacional do país. Nos últimos tempos, surgiram dúvidas sobre o real impacto do FSM e sobre a sua sustentabilidade futura.
O impacto do movimento do FSM foi muito superior ao que se imagina.
A ascensão ao poder dos presidentes progressistas da América Latina não se pode entender sem o fermento de consciência continental por parte dos movimentos sociais gerado no FSM ou potenciado por ele.
O bispo Fernando Lugo, hoje presidente do Paraguai, veio ao primeiro FSM de ônibus. A luta travada com êxito contra a Alca e os tratados de livre-comércio foi gerada no FSM.
Foi no primeiro FSM que se discutiu a importância de os países de desenvolvimento intermédio e com grandes populações -como Brasil, Índia, África do Sul- se unirem como condição para que as regras do jogo do capitalismo mundial fossem alteradas. Um dos participantes nas discussões viria a ser logo depois um dos articuladores da política externa brasileira. E os Brics e o G20 aí estão.
O FSM teve uma importância decisiva em denunciar a hipocrisia e a injustiça da ortodoxia financeira e econômica do Banco Mundial, do FMI e da OMC, abrindo espaço político para comportamentos heterodoxos de que se beneficiaram sobretudo os países ditos emergentes. Foi também sob a pressão das organizações do FSM especializadas na dívida externa dos países empobrecidos que o Banco Mundial veio a aceitar a possibilidade de perdão dessas dívidas.
O FSM deu visibilidade às lutas dos povos indígenas e fortaleceu-lhes a dimensão continental e global das suas estratégias. Deu igualmente visibilidade às lutas das castas inferiores da Índia (os dalits), particularmente a partir do FSM realizado em Mumbai.
Acima de tudo, o FSM deu credibilidade à ideia de que a democracia pode ser apropriada pelas classes populares e que os seus movimentos e organizações são tão legítimos quanto os partidos na luta pelo aprofundamento da democracia. A resposta à dúvida sobre a sustentabilidade do FSM deve centrar-se num balanço do futuro. Primeiro, o FSM tem de mundializar-se. O FSM da última década foi sobretudo latino-americano. Foi nesse continente que a ideia do FSM cativou verdadeiramente a imaginação dos movimentos sociais e se transformou numa fonte autônoma de energia contra a opressão. Essa fertilização do inconformismo teve repercussões nos processos políticos que tiveram lugar em muitos países do continente.
Está a emergir uma consciência continental que, embora difusa, tem como ideias centrais a recusa militante da concepção imperial da América Latina como quintal dos EUA e a reivindicação de formas de cooperação econômica e política que se pautam por princípios de solidariedade e reciprocidade, alternativos aos que subjazem aos tratados de livre-comércio.
Para ser sustentável, o FSM tem de fazer um esforço enorme no sentido de densificar a sua presença nos outros continentes.
Segundo, o FSM vai ter de produzir pensamento solidamente crítico e propositivo. O FSM não será sustentável se a sua voz, mesmo que plural, não se ouvir sobre os problemas que afligem o mundo. Não se compreende que o FSM, enquanto tal, não tenha tido voz (ou um conjunto de vozes estruturadas) sobre a reforma da ONU, sobre a mudança climática ou sobre a guerra infinita contra o terrorismo.
Terceiro, o FSM vai ter de apoiar ações coletivas e novas internacionais. O capitalismo tem uma capacidade enorme de regeneração. Os mais furiosos adeptos do neoliberalismo nem sequer pestanejaram para aceitar a mão do Estado na resolução da crise, o que por vezes envolveu nacionalizações, a palavra maldita dos últimos 30 anos. Por isso, o ativismo global do FSM vai aprofundar as suas agendas tendo em mente esse realismo, na base do qual podem construir novas lutas pela justiça social.
Têm vindo a surgir várias propostas no sentido de tornar o movimento da globalização alternativa mais afirmativo e vinculativo em termos de iniciativas mundiais. É o caso da proposta recentemente feita pelo vice-presidente da Bolívia de criar a Internacional dos Movimentos Sociais ou da proposta do presidente da Venezuela de criar a Quinta Internacional, congregando os partidos de esquerda em nível mundial. A primeira proposta é inspirada no FSM, e a segunda, talvez numa crítica ao FSM. Para ambas o fórum é relevante.
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BOAVENTURA DE SOUSA SANTOS, 69, sociólogo português, é professor catedrático da Faculdade de Economia da Universidade de Coimbra (Portugal). É autor, entre outros livros, de "Para uma Revolução Democrática da Justiça" (Cortez, 2007).
Operação Condor e o Ministério Público Federal
Folha de São Paulo, segunda-feira, 25 de janeiro de 2010
Ministério Público investiga dois desaparecimentos na fronteira
DA ENVIADA A URUGUAIANA (RS)
Com base em uma ação da Justiça italiana que responsabiliza militares sul-americanos pelo desaparecimento de militantes de esquerda de origem italiana durante as ditaduras militares, o Ministério Público Federal investiga o sumiço de duas pessoas em Uruguaiana.
No único inquérito aberto no país para apurar criminalmente ações do regime militar, o procurador da República da cidade, Ivan Cláudio Marx, solicitou à Polícia Federal a investigação do desaparecimento do ítalo-argentino Lorenzo Ismael Viñas e do padre argentino Jorge Oscar Adur.
Os dois sumiram no mesmo dia, em ônibus diferentes, quando cruzavam a fronteira entre Paso de Los Libres (Argentina) e Uruguaiana.
Os crimes ocorreram por conta da Operação Condor. O caso de Viñas, por ser de origem italiana, faz parte do processo do país europeu. A Justiça da Itália indiciou 13 militares brasileiros. Em 2007, o país pediu ajuda ao Brasil para que os acusados ainda vivos fossem julgados. Entre eles, responsáveis à época pelo SNI (Serviço Nacional de Informações) e um ex-secretário de Segurança do Rio Grande do Sul.
Tanto o caso de Viñas quanto o de Adur foram reconhecidos pelo governo brasileiro, que pagou indenização às famílias.
Ministério Público investiga dois desaparecimentos na fronteira
DA ENVIADA A URUGUAIANA (RS)
Com base em uma ação da Justiça italiana que responsabiliza militares sul-americanos pelo desaparecimento de militantes de esquerda de origem italiana durante as ditaduras militares, o Ministério Público Federal investiga o sumiço de duas pessoas em Uruguaiana.
No único inquérito aberto no país para apurar criminalmente ações do regime militar, o procurador da República da cidade, Ivan Cláudio Marx, solicitou à Polícia Federal a investigação do desaparecimento do ítalo-argentino Lorenzo Ismael Viñas e do padre argentino Jorge Oscar Adur.
Os dois sumiram no mesmo dia, em ônibus diferentes, quando cruzavam a fronteira entre Paso de Los Libres (Argentina) e Uruguaiana.
Os crimes ocorreram por conta da Operação Condor. O caso de Viñas, por ser de origem italiana, faz parte do processo do país europeu. A Justiça da Itália indiciou 13 militares brasileiros. Em 2007, o país pediu ajuda ao Brasil para que os acusados ainda vivos fossem julgados. Entre eles, responsáveis à época pelo SNI (Serviço Nacional de Informações) e um ex-secretário de Segurança do Rio Grande do Sul.
Tanto o caso de Viñas quanto o de Adur foram reconhecidos pelo governo brasileiro, que pagou indenização às famílias.
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